Por qué un sándwich cuesta 16,50 euros en el aeropuerto: el negocio de los pasajeros cautivos
Un bocadillo por 8,30 euros. Una botella de agua por casi cuatro. Los precios en aeropuertos están por las nubes. Hubo intentos en el pasado por regularlos pero fracasaron. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Te acercas a una cafetería del aeropuerto pensando en comer algo rápido antes de tu vuelo. Miras las opciones que hay detrás de la vitrina: un sándwich por 16,50 euros, un bocadillo por 8,30 o una botella de agua por casi cuatro euros. Tu cartera tiembla antes de que ni siquiera hayas empezado tus vacaciones.
¿Los motivos detrás de estos precios desorbitados? Según explica la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU), las empresas suelen justificarlo por los elevados costes del alquiler de estos locales en las instalaciones. La última Guía de Precios de Aena de 2025 recoge que los locales comerciales en grandes aeropuertos como Madrid‑Barajas o Barcelona‑El Prat pagan entre 19 y 28 euros por metro cuadrado al mes, mientras que en aeropuertos medianos como Vigo o Asturias los alquileres oscilan entre 17 y 21 euros/m²/mes.
No obstante, desde CECU subrayan que estos costes no explican por sí solos que los precios lleguen a triplicarse respecto a los del centro de las ciudades. La clave, señalan, está en que los aeropuertos son "un entorno donde las personas consumidoras tienen pocas alternativas y una demanda prácticamente garantizada, lo que permite aplicar precios muy superiores a los habituales sin que ello disuada el consumo".
En este caso, los pasajeros se convierten en lo que en términos económicos se conoce como "público cautivo" -grupo de consumidores que no puede elegir libremente entre distintas alternativas de oferta-, ya que una vez pasado el control de seguridad, las opciones son limitadas al no haber mercados alternativos ni restaurantes cercanos accesibles antes de embarcar. Lo mismo ocurre en algunas estaciones de tren o áreas de servicio en autopistas de pago. Los economistas describen esta situación como una baja elasticidad de la demanda porque los viajeros seguirán comprando aunque los precios suban, porque la necesidad es inmediata.
Para la Asociación Española de Consumidores estos precios, que llegan a triplicar el precio medio que se paga por el mismo producto fuera de dichas instalaciones, suponen "una especie de nuevo impuesto" para quienes utilizan estas infraestructuras por motivos laborales, familiares o personales, y critica que se esté tratando al usuario como "viajero de lujo", pese a que muchos se ven obligados a usar estos medios de transporte por necesidad y no por placer.
La organización asegura haber recibido quejas constantes de viajeros que consideran abusivos los precios de los bares y cafeterías, pero también han registrado numerosas reclamaciones relacionadas con las tiendas de souvenirs, productos artesanales o artículos típicos de la zona.
¿Sería posible regular estos precios?
El margen de actuación para poder topar estos precios es muy limitado, reconocen desde CECU, aunque ya se intentó en el pasado.
En 2018, siguiendo las indicaciones del Defensor del Pueblo -que abrió una investigación tras recibir numerosas quejas relacionadas con los excesivos precios de algunos productos básicos en las instalaciones- y del Consejo Intencionalidad de Aeropuertos, Aena obligó a que todas las tiendas y máquinas expendedoras de los aeropuertos españoles ofrecieran botellas de agua de 50 cl a un máximo de un euro. Sin embargo, la medida fue anulada por el Tribunal Supremo en 2022, al considerar que vulneraba la libertad de empresa y la facultad de los operadores económicos para fijar libremente sus precios, de acuerdo con el artículo 38 de la Constitución.
"La intervención pública en los precios es excepcional y solo se admite cuando concurren razones muy justificadas de interés general, como ocurrió, por ejemplo, con la fijación de precios máximos de las mascarillas durante la pandemia. Fuera de estos supuestos extraordinarios, la regulación directa de los precios en aeropuertos resulta jurídicamente compleja", apunta el equipo jurídico de CECU a Público.
Desde entonces, Aena confirma a este periódico que "no puede establecer ni intervenir en los precios de la restauración y que los precios los fija el arrendatario", en cumplimiento de la sentencia. Como alternativa, en los últimos años ha decidido ampliar su oferta de fuentes de agua gratuitas, que actualmente superan las 200 en toda la red de aeropuertos del país.
Este medio se ha puesto en contacto con el Ministerio de Consumo, sin recibir respuesta al momento de publicarse este artículo.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.