'Speed-watching', la peligrosa forma de consumir a toda prisa contenido en una sociedad que no sabe aburrirse
La práctica de aumentar la velocidad de los vídeos o audios para consumirlos más rápido refleja la necesidad de estar siempre conectado ante el miedo a perderse algo.

Madrid-
No nos damos tiempo para aburrirnos. Siempre hay algo que mirar en el móvil: historias que desaparecen en 24 horas, vídeos que prometen entretenimiento inmediato, notificaciones que nos empujan a revisar una y otra vez. Incluso cuando reproducimos un contenido, tendemos a acelerarlo, como si cada segundo fuera demasiado valioso para perderlo.
Las redes sociales nos han acostumbrado a la inmediatez, a un flujo constante de estímulos que compiten por nuestra atención. En ese contexto ha surgido el speed-watching, la práctica de aumentar la velocidad de los vídeos o audios para consumirlos más rápido, un hábito casi automático entre muchos jóvenes que refleja la necesidad de estar siempre conectados y actualizados de forma veloz.
Rosana Pereira Dávila, directora de Haztúa Psicología Positiva, explica a Público que este comportamiento está directamente relacionado con la saturación de información digital: "Hace unas décadas recibíamos unos 500 impactos publicitarios diarios. Hoy esa cifra supera los 5.000 estímulos diarios. Es imposible prestarle atención a todo, y los algoritmos de las redes sociales lo saben. No buscan tanto nuestra atención plena sino que pasemos el mayor el tiempo en sus plataformas".
El speed-watching no es solo cuestión de ahorrar tiempo, también está estrechamente ligado al FOMO, el miedo a perderse algo. Es decir, la ansiedad que aparece cuando sentimos que otros disfrutan experiencias que nosotros no vivimos o cuando creemos que no estamos al día de lo que ocurre en el mundo (digital).
Ya es posible ver una serie o película al doble de su velocidad, lo que nos permite consumir más contenido en menos tiempo, seguir las tendencias y aprovechar cada minuto al máximo. Sí, parece un capítulo de Black Mirror, pero ya hemos normalizado escuchar audios de WhatsApp a velocidad acelerada o ver un vídeo de cuatro minutos en TikTok en solo dos. Por lo que también las plataformas de streaming se han sumado, permitiendo ajustar la reproducción de 1x hasta 2x, como si devorar contenido fuera más importante que disfrutarlo.
Según Google y Alphabet, los usuarios de YouTube ahorraron, en conjunto, el equivalente a más de 900 años de tiempo al día al ver vídeos a velocidades más rápidas. La necesidad de inmediatez es tal que para algunos usuarios incluso se queda corta. "Para algunos la velocidad todavía no es lo suficientemente alta, hemos recibido solicitudes para agregar rapidez de reproducción de 3x, 3.5x y 4x", señalaba Neal Mohan, director de producto de YouTube, en 2022. Por suerte, estas peticiones no han sido atendidas, al menos de momento.
Según el III Informe anual del Observatorio Ivoox sobre el consumo de podcasts en español en 2023, alrededor del 10,5% de los oyentes reproducen los audios a una velocidad superior a la normal, y esta práctica parece estar en aumento. El estudio también revela que casi dos tercios de los usuarios (65,7%) escucha los podcasts mientras realizan otras actividades, lo que evidencia una tendencia a la multitarea y a no dedicar atención exclusiva a una sola acción.
"Queremos hacerlo todo, pero queremos hacerlo todo al mismo tiempo. Desde la psicología sabemos que este tipo de comportamiento afecta la capacidad de estar presentes y también al procesamiento profundo de la información que recibimos. Cuando todo pasa tan deprisa, al cerebro no le da tiempo a integrar ni reflexionar sobre esos contenidos", señala Pereira.
Dificultad para concentrarse y regular emociones
El problema es que, cuando nos acostumbramos a este ritmo frenético, cualquier situación que requiera pausa o espera se vuelve cada vez más incómoda. Vivimos con la sensación constante de que nos estamos perdiendo algo, lo que activa nuestro sistema de alerta y puede convertir esta ansiedad en algo habitual. Además, ese exceso de estímulos rápidos y fragmentados entrena al cerebro para mantenerse siempre en estado de vigilancia y dificulta concentrarse en tareas más largas o complejas. La psicóloga lo compara con la alimentación: "Es como si comiéramos pero sin darnos tiempo a digerir los alimentos que hemos comido, es decir, consumimos pero no digerimos lo consumido".
El impacto del speed-watching es más evidente en adolescentes y jóvenes, cuyos cerebros todavía se están desarrollando. La exposición continua a contenidos rápidos activa la dopamina, neurotransmisor asociado al placer inmediato, generando la necesidad de buscar estimulación constante. "Cada notificación, cada vídeo que nos gusta o cuando pasamos de uno a otro activa la dopamina. Mucha gente utiliza las redes sociales para desconectar del malestar que puede estar sintiendo, del aburrimiento o incluso también de esa sensación de vacío emocional", apunta Pereira.
Mucha gente utiliza las redes sociales para desconectar de la sensación de vacío emocional
Aunque no todas las personas reaccionan igual, este tipo de hábito puede derivar en dependencia o consumo compulsivo de redes sociales. Desde la pandemia, la psicóloga ha observado un aumento de jóvenes con dificultades para mantener la atención y regular sus emociones. "No podemos afirmar que el uso de pantallas sea la causa directa, pero sí puede ser un factor agravante en un entorno que ya es hiperestimulante".
Para evitar esta problemática, la experta recomienda establecer límites en el tiempo de uso del móvil y priorizar la calidad por encima de la cantidad, "siguiendo en redes sociales a cuentas que aporten inspiración y silenciando aquellas que generen malestar o ruido mental". Además, invita a practicar un consumo más consciente, preguntándonos antes de coger el móvil dónde queremos entrar. Esa pequeña pausa hace que cuando nos conectemos lo hagamos "con una determinada intención" y no de forma automática, apunta.
Si bien, la parte más importante para la psicóloga es buscar momentos sin pantallas. "Debemos ser capaces de sacar durante el día 15 minutos para estar a solas con nosotros mismos para hacer introspección. El cerebro necesita pausas y no tener esa hiperestimulación con la que lo sobrecargamos", remarca.
Sociedad acelerada
La necesidad de inmediatez y rapidez no se limita al ámbito digital, sino que es el reflejo de una sociedad que sigue un ritmo frenético. Vivimos entre prisas, agendas apretadas y la sensación permanente de no llegar a nada si no hacemos mil cosas a la vez.
Según los resultados del Índice de la Prisa, los españoles lo sitúan en un 6,4 sobre 10, lo que revela que más de la mitad sienten que su ritmo de vida es más acelerado de lo que les gustaría, impidiéndoles disfrutar el momento presente. De hecho, casi un 60% de los encuestados consideran que la mayoría de la gente no es capaz de valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana.
La necesidad de inmediatez influye en la forma en que "afrontamos la vida, las relaciones, el trabajo o los estudios"
Esa carrera constante tiene un precio: estrés, ansiedad y una desconexión con la realidad que vivimos. Según la experta, influye en la forma en que "afrontamos la vida, las relaciones, el trabajo o los estudios. Queremos todo rápido, fácil, entretenido y si algo tarda, pasamos página".
La psicóloga pone en valor la capacidad de aburrirse, considera que sin ella no hay creatividad, desaparece la reflexión y el verdadero bienestar. "Apenas tenemos momentos de calma, más allá del momento en que estamos en la cama durmiendo y todo eso influye directamente en la forma en que aprendemos a relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos", añade.


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