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Trabajadoras rurales Trabajadoras rurales sudamericanas: 75 horas de trabajo a la semana y cuadernos que cambian vidas

Programas como el 'Atlas de mujeres rurales en el Ecuador' o la Cartilla Agroecológica brasileña avanzan en el estudio de un sector aún muy desconocido en Sudamérica.

Datos de la FAO señalan que el porcentaje de mujeres que poseen títulos de propiedad de la tierra en América Latina y Caribe ronda el 18%. EDU LEÓN/ PROYECTO ATLAS, FUNDACIÓN ALDEA. 2019.
Una trabajadora rural. EDU LEÓN/ PROYECTO ATLAS, FUNDACIÓN ALDEA. 2019.

La tierra casi nunca les pertenece, pero en realidad es toda suya. Las trabajadoras rurales de América del Sur, el verdadero alma de esta región, igual trabajan en la costa o en la montaña, que en las llanuras secas o en plena selva. En cualquiera de las coordenadas la sucesión de agravios que les salpican marcan las semanas, los meses y los años, que al final no computan como deberían para reunir una jubilación digna.

Conquistan su espacio por su cuenta, lejos de la órbita del Poder Público, que gira en torno, sobre todo, a los grandes núcleos urbanos. Se cuidan entre ellas allá donde no llega la sanidad pública; esquivan la violencia machista en rincones donde ni la policía ni la Justicia están sensibilizados con semejante lacra, y superan su falta de escolaridad, y la de sus hijos.

Estaban pensando precisamente en el informe sobre violencia contra las mujeres que tendrá que presentar Ecuador en la próxima sesión del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de Naciones Unidas cuando la activista e investigadora Geraldina Guerra y su equipo de la Fundación Aldea decidieron actualizar viejos estudios sobre el sector de las trabajadoras rurales en su país. Los resultados de su "Atlas de las mujeres rurales en el Ecuador" estarán listos a mediados de este mes, pero Guerra adelanta para Público alguno de los datos más llamativos: jornadas de trabajo de más de 75 horas semanales y el absoluto desconocimiento de la palabra ocio. Las trabajadoras rurales –sucede en Ecuador, pero es reflejo de todo Sudamérica– no se imaginan la vida de otra manera que no sea trabajando.

"Hay una brecha gigante en el sector rural para implementar la ley de erradicación de violencia contra las mujeres en Ecuador", explica la activista Geraldina Guerra

Su punto de partida, la violencia machista, ya era un mal presagio. "Hace dos años se hizo oficial en Ecuador la nueva ley de erradicación de violencia contra las mujeres", explica Geraldina Guerra a este periódico, "y en este transcurso nos hemos dado cuenta de que hay una brecha gigante en el sector rural para implementar la ley". Los municipios, según la activista, no brindan los recursos mínimos necesarios: "No funcionan las rutas de protección, no hay suficiente personal de las instituciones".

Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalan que el porcentaje de mujeres que poseen títulos de propiedad de la tierra en América Latina y Caribe ronda el 18%, sin embargo, en las entrevistas que la Fundación Aldea ha mantenido en Ecuador con cientos de trabajadoras rurales esa cruda realidad se mira desde otro ángulo. "La percepción es que esa tierra les pertenece". Y en esa tierra, no hay separación entre trabajo productivo y reproductivo. "Es todo al mismo tiempo", indica Geraldina Guerra. "Las mujeres se levantan a las cinco para ordeñar a los chivos. Esa leche es para el desayuno de la familia, pero al mismo tiempo es para salir a venderla". Es lo que la investigadora llama "estar todo el tiempo sosteniendo la vida".

El placer del tiempo libre, y su aprovechamiento, como forma de crecimiento y enriquecimiento personal, esa utopía del ocio, queda reflejado en los testimonios que escucharon las investigadoras de la Fundación Aldea. Recuerda Geraldina Guerra cómo una de las mujeres la explicaba que no podía darse el lujo de ir al río a caminar solo porque le gustara caminar. "Todo tiene que ser trabajo", se justificaba la mujer. "Me cuesta mucho todos los días generar el ingreso".

Datos de la FAO señalan que el porcentaje de mujeres que poseen títulos de propiedad de la tierra en América Latina y Caribe ronda el 18%. EDU LEÓN/ PROYECTO ATLAS, FUNDACIÓN ALDEA. 2019.

Comercialización de productos autóctonos 

La diversidad de trabajadoras rurales en Sudamérica es inmensa, y aun así, más allá de las diferentes velocidades, las situaciones parecen calcadas en cada país. En Argentina, la ingeniera agrónoma andina Magda Choque Vilca ayuda a las productoras de la provincia de Jujuy a comercializar de manera más eficaz su producción. Ella es célebre por dedicar su carrera profesional a la preservación de cultivos nativos como la papa andina. Ha cerrado el círculo creando además una escuela de cocina regional, para revalorizar los productos autóctonos.

En Colombia, más de medio centenar de organizaciones escarbaban hasta la raíz el año pasado y solicitaban a la CEDAW que recomendara al Estado colombiano la creación del "Sistema de Información de Mujer Rural", adoptando e implementando "indicadores de género en los sistemas estadísticos, como el de asignaciones de tierras para mujeres rurales a través del Fondo de Tierras de Distribución Gratuita".

Una trabajadora rural. EDU LEÓN/ PROYECTO ATLAS, FUNDACIÓN ALDEA. 2019.

La Cartilla Agroecológica, fundamentos básicos financieros

En la raíz han rebuscado salidas también las trabajadoras rurales en Brasil, decididas a ganar autoconfianza en las páginas de un cuaderno. En eso se basa la Cartilla Agroecológica, una de las pequeñas grandes revoluciones del poder femenino en el campo brasileño durante la última década. Creada por el Centro de Tecnologías Alternativas de la Zona da Mata, en el estado de Minas Gerais, ya se ha expandido por todo Brasil. Consiste en ir rellenando diariamente unas columnas muy básicas con la producción destinada al consumo familiar, a las donaciones, a los intercambios –muy común en la región– y a la venta.

Una de las primeras agricultoras que usó la Cartilla Agroecológica fue María Caetano, del Movimiento de Mujeres de la Zona da Mata. El cuaderno se ha hecho un hueco en su rutina para recordarle quién es y a qué se dedica. Después de anotar durante unas cuantas semanas todo lo que había producido, y todo lo que se había ahorrado de comprar en el mercado, comprendió que llevaba varias décadas trabajando, y muy duramente.

La cartilla permite a las trabajadoras rurales de Brasil comprobar ante el INSS su condición de agricultoras para lograr acceder a derechos como la jubilación o la maternidad

"La principal línea de trabajo con nuestros grupos de mujeres es la financiera", explica Rita Teixeira, coordinadora de la organización brasileña Movimento de Mulheres do Nordeste Paraense (MMNEPA) en una reportaje para Brazil Foundation. Su asociación es una de las que ha adoptado la Cartilla Agroecológica. Según sus diagnósticos, en las zonas amazónicas en las que están desplegadas "la mujer que consigue generar renta, que tiene economía financiera, no acepta ser golpeada, no acepta ser explotada, no acepta una serie de cosas".

Teixeira ejemplifica su teoría con la historia de Doña Nega, agricultora de la Amazonia, que no dudó en comenzar a anotar todo lo que generaba, a organizarse mejor y a reflexionar sobre su esfuerzo: "Tiene 49 años y una vida nueva, conquistada con la punta del lápiz, con el papel del cuaderno y con la azada. Se descubrió́ a sí misma como una mujer fuerte y que accedió́ al conocimiento a través de sus experiencias. El resultado fue la emancipación".

Esta libreta, que comenzó como una gota de agua en un océano de obstáculos, ahora mismo permite a las trabajadoras rurales de Brasil comprobar ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) su condición de agricultoras para lograr acceder a derechos como la jubilación o la baja por maternidad, u obtener su Declaración de Aptitud en el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF) del Banco Nacional de Desarrollo.

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