¿Más turistas equivale a más empleo? Un estudio de dos universidades catalanas lo desmiente
Según un texto, el aumento de visitantes no beneficia los salarios ni los puestos de trabajo. Los expertos abogan por reorientar la tipología de visitante que se quiere recibir.

Barcelona--Actualizado a
A menudo, los defensores más convencidos de las bondades del turismo argumentan su impacto en la creación de empleo, así como sus efectos indirectos en la generación de riqueza en los territorios que reciben el flujo de visitantes. Ahora, el estudio Do More Tourists Promote Local Employment? (¿Contribuyen los turistas al empleo local?), elaborado por las profesoras de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Libertad González, y de la Universitat de Barcelona (UB) Tetyana Surovtseva, desmonta parcialmente algunos de estos mitos. En su análisis, centrado en el impacto de los flujos turísticos sobre los mercados laborales locales, concluyen que el incremento del turismo en Catalunya crea puestos de trabajo en el mismo sector, pero los destruye en ámbitos más productivos.
De la misma forma, las autoras plantean que "la llegada de más turistas acaba reduciendo el empleo y los salarios". De hecho, su tesis acepta que el crecimiento de la actividad turística deriva en más puestos de trabajo en el mismo sector, pero sostiene que los destruye en ámbitos económicos más productivos. En el resumen del estudio, en el cual ponen el foco en el impacto del turismo en los mercados laborales locales, las expertas detallan que utilizan una estrategia innovadora, basada en "el uso de perturbaciones temporales en destinos internacionales alternativos como instrumento para medir los flujos turísticos en las regiones".
Como conclusión, afirman que una mayor afluencia de turistas hace aumentar el empleo en la industria vinculada y otros sectores, sin incrementar su peso en el mercado laboral ni en las economías de la zona. En sentido contrario, este crecimiento presenta una caída del empleo, especialmente en la actividad manufacturera.
Estos datos vuelven a poner sobre la mesa el debate sobre el excesivo peso de las profesiones vinculadas al turismo en la estructura laboral de Catalunya, además de la necesidad de regular la llegada de visitantes a lugares como Barcelona. Actualmente, según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), más de 530.000 catalanes están empleados en el sector del turismo. Junto con la industria —eso sí, con sueldos situados en los antípodas dentro de la pirámide salarial— representan casi una tercera parte de los nuevos puestos de trabajo creados.
Regulación y estacionalidad
En algunos lugares, como la Costa Brava o la Costa Daurada, el final de la campaña de verano genera un grupo de trabajadores que pasarán a las listas del paro, lo que provoca una inestabilidad en sus condiciones laborales y vitales. Aunque algunos expertos aseguran que la marca Barcelona aún tiene recorrido, defienden la importancia de desarrollarse de forma ordenada. Es el caso del director de la cátedra de Escenarios de Futuro del Retail, Turismo y Servicios de la UPF Barcelona School of Management, Josep-Francesc Valls.
Valls matiza los resultados del estudio de las profesoras universitarias, asegurando que la precarización del empleo y el desplazamiento hacia el sector turístico desde otros ámbitos se produce exclusivamente en los destinos de sol y playa. "El efecto perverso se da en los destinos con una estacionalidad alta, ya que en ciudades como Barcelona el turismo genera un impacto positivo en cuanto a la creación de puestos de trabajo, tanto en el sector turístico como en otros ámbitos productivos", comenta.
Así, Valls considera que el turismo en las grandes ciudades ya no es un negocio estacional, sino que supone un factor de crecimiento, atrayendo talento de alto valor añadido industrial y mano de obra a través de la inmigración: "Después de la fuga de talento que se inició con la Covid-19, en la que se marcharon directivos y startups de la nueva economía, estamos recuperando la interrelación entre el turismo y la tecnología". Por este motivo, el especialista insta a que el sector adquiera el papel de líder en la gestión del ocio.
Como receta para espacios como Barcelona, Josep-Francesc Valls recomienda seleccionar el público que la ciudad quiere recibir y cómo organizar las infraestructuras y la forma de acogerlo. "Debemos ser capaces de crear una propuesta de valor, de calidad, en la cual limitemos la llegada de turistas de sol y playa, apostando por un público de congresos, reuniones, el ámbito tecnológico o la cultura", añade. Si se mantiene la tendencia, se constituye un círculo vicioso: la estacionalidad genera un turismo de bajo coste, que no ofrece empleo de valor y estanca el mercado laboral y el crecimiento económico de las zonas turísticas. La actividad abandona su carácter de motor del cambio, planteando graves problemas de equilibrio territorial en las zonas con ocupaciones extensivas del espacio en momentos concretos del año.
La fortaleza del turismo en Catalunya, donde en el año 2024 llegaron unos 20 millones de personas —casi tres veces más que la población autóctona—, plantea la necesidad de abordar sus externalidades negativas, entre las cuales se encuentran el impacto medioambiental, la saturación de los espacios públicos, las molestias a los residentes, el impacto sobre la oferta de vivienda o la presión sobre los servicios públicos (transportes, centros de salud, limpieza, seguridad). Además, la calidad del empleo suele situarse en una franja baja, según los observatorios laborales.
En un informe reciente, la Cambra de Comerç de Barcelona alerta de efectos a más largo plazo del monocultivo turístico. En este caso, la entidad habla de un desincentivo a invertir en otros sectores con un retorno económico más lejano, que requieren inversiones más importantes (en tecnología, maquinaria, I+D...). De esta forma, la redistribución del flujo turístico no debe ser solo una herramienta para descongestionar el espacio público, sino también para reorientar el modelo laboral y económico.

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