Quién es Ballerina Farm, icono de las 'tradwife' en EEUU
Detrás de la idealización de la mujer que se queda en casa hay una industria que hace negocio con ello.

Zaragoza-
Las tradwifes ya no quieren ser tradwifes. Muchos de los grandes nombres asociados a esta tendencia se han ido desmarcando de la misma de manera paulatina. Quizá, a medida que la máscara era más y más insostenible. En España, el gran rostro de este movimiento es RoRo, quien, por cierto, siempre se ha resistido a utilizar la etiqueta de manera abierta. Aún así, es incontestable que la mayor parte de su éxito en redes proviene de emerger en el momento en el que la tendencia se encontraba en su punto álgido.
Por si alguien lo desconoce, tradwife es la abreviatura de traditional wife (esposa tradicional), una corriente nacida en las redes sociales y que abogaba por una regresión en el papel de la mujer en la sociedad. Por medio de publicaciones con una estética muy cuidada, generalmente deudora de los años 50 y 60, se suelen mostrar en la cocina, cuidado de la prole y, en líneas generales, como amas de casa siempre dispuestas para su marido. Esa era, en esencia, la base del contenido de RoRo cuando saltó a la fama por cocinar para su pareja, Pablo. De manera calculada o no, la derecha mediática la utilizó como ejemplo de un supuesto anhelo de la juventud por regresar a valores pretéritos y ella, en esencia, lo aprovechó para instalarse en el candelero en el que todavía permanece.
En realidad, la historia de RoRo no se entiende sin la de Ballerina Farm, principal impulsora del trend y con la que comparte varios paralelismos (muy probablemente buscados). Ballerina cuenta con 10,4 millones de seguidores en TikTok, 9 millones de seguidores en Instagram y 1,6 millones en YouTube: cifras que no bajan y que respaldan un tipo de contenido muy concreto. Una historia que merece la pena conocer, al menos para entender un poco mejor el Internet contemporáneo.
Quién es Ballerina Farm
Ballerina Farm es el alias en redes sociales de Hannah Neeleman, una antigua bailarina profesional de ballet que decidió dejar su carrera en el mundo de las artes escénicas para mudarse junto a su marido, Daniel Neeleman, a una granja situada en el estado de Utah. Allí comenzó a crear contenido que, sobre el papel, documentaba su día a día en el agro. Se la podía ver amasar pan, ordeñar vacas, preparar comidas desde cero o criar a su vasta prole (actualmente, nueve hijos). Todo ello con una estética retro perfectamente cuidada, que otorga a cada publicación cierto halo bucólico y lleno de calma que para muchas personas se convirtió en algo aspiracional.
La historia, en realidad, es mucho más prosaica si se tienen en cuenta los detalles. Si bien es cierto que todo lo anteriormente descrito es real, también es relevante tener en cuenta que Daniel Neeleman es hijo de David Neeleman, un multimillonario empresario que se dedica a la aviación. Además, tanto Hannah como su marido son miembros practicantes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos popularmente como mormones. Una fe conocida por sus férreas normas internas, así como por poseer una cosmovisión muy conservadora.
Mujeres caseras y obedientes
Pero, además, Neelman compaginó su carrera como influencer en redes sociales con varias participaciones en concursos de belleza. De hecho, en 2023 llegó a ganar Mrs Americana 2023, un concurso pensado para participantes que están casadas. Aquello le permitió competir en Mrs. Mundo 2024, donde quedó en un meritorio puesto al alcanzar el top 17. Hay que tener en cuenta que el certamen se celebró semanas después de que diese a luz a su octava hija, a la que se vio amamantando durante las pausas de maquillaje.
Porque este es un punto clave en todo el movimiento tradwife: la estética. En todo momento, lo que se ofrece es una imagen idealizada de la ama de casa, casi como lo que busca reflejar el sistema de la serie El cuento de la criada. Aquella que no solo cumple con las tareas del hogar, sino que lo hace con una sonrisa en la cara y vestida de punta en blanco. Siempre perfecta e impoluta, como si el día a día fuese equiparable a una sesión de fotos de Vogue.
La verdad detrás de las 'tradwifes'
Sin embargo, cualquiera que haya llevado una casa sabe que la rutina no es aesthetic. En el caso de Ballerina Farm, la liebre saltó a raíz de un perfil publicado por The Sunday Times en 2024. La periodista Megan Agnew se desplazó hasta la granja y lo que allí presenció nada tenía que ver con la imagen idílica ofrecida hasta la fecha. Según contó la reportera, Daniel se mostró muy controlador durante toda su estancia, interviniendo en casi cada pregunta que esta le realizó a Hannah. Además, la historia romántica entre ambos cobró una nueva dimensión, pues descubrió que el dejar la prestigiosa academia de bellas artes Juilliard no fue tanto una elección de la influencer, sino el resultado de su primer embarazo tras ceder a las presiones de su marido para casarse lo antes posible (ella quería haber esperado un año más para desarrollar su carrera como bailarina).
Especialmente comentado fue el episodio del delantal, un vídeo en el que Hannah abría un regalo de cumpleaños esperando encontrar un billete de avión a Grecia y se topaba con dicha prenda de ropa, pensada para poder recolectar huevos. Aquello, sumado al anhelo truncado de la exbailarina por poder montar un estudio de danza en uno de los graneros, hizo que muchas personas se compadecieran de ella. Pero, sobre todo, le quitó lustre a aquella imagen idealizada de la mujer que se queda en casa por iniciativa propia.
La caída de la etiqueta, pero no del concepto
De hecho, el reportaje hizo que la etiqueta tradwife cayese sensiblemente en su uso en redes sociales. La propia Hannah fue la primera en desecharla públicamente cuando, en un vídeo de respuesta al reportaje de The Sunday Times, aseguró que ella no es una mujer anclada en los 50, sino que se trata de una empresaria, copropietaria de Ballerina Farm y se situó a la misma altura que su marido tanto familiar como empresarialmente. Se produjo así una ironía mayúscula, ya que para blindar su imagen pública, la máxima exponente de la esposa tradicional tuvo que emplear un discurso similar al del fenómeno girlboss de los 2010, precisamente el arquetipo contra el que su narrativa supuestamente reaccionaba.
Casi paralelamente, RoRo, cuyo perfil acababa de explotar, también se desligó del hashtag, que nunca llegó a emplear. “Aunque a mi me gusten cosas tradicionalmente femeninas como la cocina y la costura, no me considero ni una mujer tradicional ni una tradwife. Primero, porque no estoy casada, y segundo, porque yo tengo mis estudios y mi trabajo, cosa que una tradwife jamás tendría”, dijo en una entrevista con El Mundo concedida en julio de 2024. Una postura que, con algún matiz, ha mantenido desde entonces.
¿Significa eso que ya no existen las tradwifes en redes sociales? Lo cierto es que no. El contenido que abandera Ballerina Farm sigue teniendo mucha presencia y gran audiencia en redes (RoRo ha mutado su perfil al de influencer de lifestyle genérica). Solo que ahora se engloba bajo etiquetas más fáciles de comercializar ante las grandes marcas, como slow living, un elogio a un ritmo de vida pausado y ajeno a las prisas modernas; cottagecore, la romantización estética de la vida campestre y bucólica; mom life, centrada exclusivamente en la maternidad y la crianza; o from scratch, la elaboración culinaria artesanal desde cero (y muchas otras, más específicas para cada tipo de contenido concreto). Todas ellas plantean una confrontación con la sociedad acelerada contemporánea, pero no apelan directamente a la anulación de la mujer dentro de la misma.
Al final, el declive de la etiqueta no responde a una súbita revelación ideológica, sino a una pura cuestión de supervivencia comercial. Para monetizar a escala global no se puede defender la sumisión explícita, pero sí se puede vender una hogaza de masa madre o un vestido de lino. La gran ironía de este fenómeno radica en su propia contradicción de origen: para proyectar la fantasía de una mujer desvinculada del mercado laboral y consagrada al silencio del hogar, hace falta trabajar jornadas enteras como productora, actriz, editora y estratega de redes sociales. Las figuras más visibles del movimiento nunca fueron esposas tradicionales; siempre fueron empresarias vendiendo la nostalgia de un pasado que jamás existió.



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