Cuando el ídolo no envejece, se reemplaza: la psicología explica la teoría de la sustitución de famosos
Avril Lavigne, Britney Spears, Ariana Grande... muchos son los famosos de los que se ha dicho que fueron reemplazados por un doble en una de las teorías de la conspiración más replicadas de todas.

Zaragoza-
Paul McCartney falleció en un accidente de tráfico ocurrido en 1966. Con la beatlemania funcionando a toda máquina, la sociedad británica no hubiese soportado el golpe así que el servicio secreto británico optó por situar un doble en su lugar. Así, un año más tarde, el cuarteto de Liverpool lanzó el icónico Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) y la máquina siguió girando. Esta es una de las teorías de la conspiración más antiguas y conocidas de la cultura popular.
Un relato alternativo que cogió tal fuerza que, incluso, el propio músico tuvo que tomar cartas en el asunto. En 1969, los Beatles lanzaron una nota de prensa oficial desmintiendo los rumores y, poco después, en noviembre, el asunto ocupó la portada de la revista Life con un titular: “El caso del Beatle periodo, Paul sigue con nosotros”. Pese a los esfuerzos por eliminar el bulo, y a pesar de la larguísima carrera profesional que ha tenido después, de vez en cuando la teoría vuelve a asomar por Internet. Siempre en busca de un nuevo público abierto a creer.
De hecho, como suele suceder en el terreno conspiranoico, las hipótesis nunca se olvidan sino que se suelen reciclar. Así, son muchos más los famosos de los que se ha dicho que han sido reemplazados por dobles. Sobre todo en el mundo de la música. Sin ahondar mucho en cada caso, se ha dicho cosas similares de Avril Lavigne, Miley Cirus, Britney Spears o Arianna Grande. No son las únicas, últimamente se ha establecido un relato de similares características en torno al futbolista Vinicius Jr., por ejemplo, pero sí son los casos que más recorrido han adquirido en Internet. Pero, ¿por qué sucede esto?
Cómo funcionan las teorías de la conspiración
Lo primero de todo es que la sustitución de famosos es una teoría de la conspiración y, por ende, comparte todos los patrones de estas. Por un lado están quienes les parece divertido el disparate y participan en él con cierta distancia irónica o curiosidad, pero que no necesariamente se creen el relato. Sin embargo, también son muchos los que, como mínimo, le dotan de cierta plausibilidad, cuando no entran por completo en él. Saber por qué algunas personas parecen más proclives a creer estas teorías alternativas, incluso cuando contradicen todo dato, es uno de los grandes quebraderos de la ciencia.
Un artículo publicado en 2003 por la investigadora Shana Bowens, en el que se analizaban 170 estudios diferentes en los que habían participado 158.000 participantes, llegó a la conclusión de que la gente que es más proclive a creer en estas teorías de lo hace motivada por un deseo de comprensión del mundo. De hecho, el propio estudio rechaza la caricatura que, en muchas ocasiones, les retrata como personas incultas o poco inteligentes. La tendencia a caer en estas madrigueras de conejo es más transversal de lo que, quizá, se pudiese creer.
Relaciones parasociales e hipervigilancia
Pero más concretamente, ¿cómo llega alguien a creer que su ídolo ha sido reemplazado por un doble? En ese sentido, lo primero que hay que tener en cuenta es la relación parasocial que, en muchas ocasiones, se establece entre un artista y sus fans. Los investigadores Cynthia A. Hoffner y Bradley J. Bond definieron en 2022 este tipo de vínculos como “conexiones socioemocionales no recíprocas con figuras mediáticas, como famosos o personas influyentes”. Generalmente, cuando se es fan de alguien, es habitual indagar más allá de su obra artística y quedar expuesto a partes de su vida privada. Esta circunstancia puede llegar a generar una falsa sensación de conocer a la otra persona. Algo que puede derivar en hipervigilancia respecto a cualquier cambio, ya sea físico o de comportamiento.
El cerebro humano odia el caos y la incertidumbre. Necesita explicaciones y, cuando algo sucede, las busca activamente. Por ello, si por ejemplo una cantante protagoniza un cambio físico notable o cambia su estilo de cantar sin un motivo conocido, lo habitual es tratar de llenar los huecos de información por nuestra cuenta. Este proceso lo realiza todo el mundo. Sin embargo, la mente conspiranoica se diferencia por despreciar la navaja de Ockham y busca una explicación más compleja o, a priori, inverosímil. ¿Por qué? Simplemente, por ser la que le satisface más. Es ahí cuando se cae en la conspiración, en este caso de la sustitución de famosos.
Hay que entender que estas conspiraciones ofrecen ciertas recompensas siendo la más evidente el placer que supone el descubrir algo que, a priori, es secreto o que no conoce nadie más. La curiosidad no es solo un deseo abstracto de aprender, sino que está probado científicamente que obtener información nueva está asociado con cambios en la actividad de regiones como la ínsula y la corteza orbitofrontal. Es decir, nos gusta aprender, algo que puede ser un rasgo evolutivo.
Pero, además, en 2017, un equipo de investigadores liderados por Anthony Lantian respaldó que la idea de sentirse diferente puede influir en la aceptación de creencias conspiranoicas. Es decir, no solo nos gusta rellenar huecos, sino que formar parte de un selecto club de personas que saben “la verdad” también resulta muy atractivo para alguna gente.
Todo ello con un matiz clave, el cerebro no necesita que la información sea veraz para sentirse recompensado. La curiosidad y la recompensa dependen, entre otras cosas, de las expectativas y de la percepción de haber aprendido algo. Por ello, el asimilar información falsa también puede resultar satisfactorio, lo que ayuda a la penetrabilidad de estos relatos alternativos.
Cámaras de eco y sesgo de confirmación
A todo este complicado proceso mental, hay que tener en cuenta que las teorías de la conspiración tienen un comportamiento social aunque, casi por definición, siempre sean minoritarias. Es decir, cuando una persona comienza a indagar en este mundo, lo más probable es que se encuentre con otras personas que han emprendido el mismo camino, y que a su vez aportan teóricas pruebas que confirman el relato, en este caso la sustitución de famosos. Como existe una predisposición a creer, esta actividad reafirma la creencia.
De hecho, en ese sentido, está comprobado que las redes sociales son un gran potenciador de este tipo de pensamiento. No en vano, los algoritmos tienden a proveer del contenido que mayor retención genera entre sus usuarios, sin discriminar si es veraz o no. Por ello, se generan cámaras de eco que terminan por reforzar las creencias de aquellas personas que han comprado el relato en un primer instante.

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