El animal que "no quiere crecer": por qué el ajolote es el Peter Pan de la naturaleza
El ajolote mexicano es una especie fascinante, aunque lamentablemente su existencia se encuentra en peligro crítico.

Zaragoza--Actualizado a
Quizá ya has visto su foto y no sepas muy bien lo que es. Quizá no has oído hablar nunca de él. El ajolote es uno de los animales más fascinantes de la naturaleza. Una criatura única, que probablemente merecería una mayor consideración como icono pop. Sin embargo, apenas tiene presencia en productos culturales de masas, pese a que cuenta con algunas características prácticamente únicas en el mundo animal.
Por ejemplo, el ajolote posee una capacidad casi única para regenerar varias partes de su cuerpo, entre ellas sus extremidades, órganos internos e, incluso, su médula espinal. Una habilidad que ha puesto a soñar a la comunidad científica, que busca maneras de aplicar esa habilidad casi mágica al ser humano. De hecho, se sabe que la clave está en una enzima concreta del ácido retinoico, una proteína especializada que también poseen los humanos. Sin duda, algo tremendamente intrigante cuanto menos.
No obstante, nada de esto tiene que ver con la característica por la que al ajolote se le conoce como el Peter Pan de la naturaleza. Una negativa a crecer que ya es tremendamente interesante de por sí.
Por qué el ajolote es el Peter Pan de los animales
El ajolote es un tipo de anfibio. Concretamente está considerado un anfibio caducado, que es como se denomina comúnmente a aquellas especies que han experimentado una metamorfosis o mutación incompleta. Por decirlo de alguna manera, es como si alcanzaran una adolescencia infinita, motivo que les ha granjeado el sobrenombre de Peter Pan.
Técnicamente, la condición que lleva al ajolote a mantener características larvarias durante su fase adulta se llama neotenia. La metamorfosis en los anfibios es fundamental en su desarrollo ya que es el proceso por el que pasan de ser un animal acuático a uno terrestre. Para ello deben absorber sus branquias, al mismo tiempo que desarrollan sus pulmones y patas. Sin embargo, el ajolote suele quedarse en un punto intermedio, y aunque por ejemplo sí que le crecen las patas, pasan toda su vida bajo el agua.
El motivo por el que el ajolote no termina de desarrollarse es hormonal. Este anfibio mexicano posee unos niveles muy bajos de tiroxina, la sustancia clave en el desarrollo de otros anfibios similares a él. Es por ello que, aunque el proceso de la metamorfósis sí se inicia, y de hecho el ajolote alcanza una madurez sexual y se puede reproducir, no termina de completarse. De hecho, en algunos experimentos se les ha administrado dicha hormona de manera artificial, produciéndose una metamorfosis en un animal muy parecido a la salamandra. Sin embargo, no se considera que esta sea una práctica recomendable.
Razones evolutivas
Sobre todo porque esta peculiaridad es parte de su evolución como especie. El ajolote residía naturalmente en las aguas frías de los lagos situados en el centro de México. Allí alcanzaba unos 30 cm de longitud y se alimentaba de especies como larvas, gusanos y pequeños peces. El permanecer dentro del agua en su etapa adulta le permitía dominar la zona, por lo que no tenía una necesidad real de salir al exterior.
Lamentablemente, la acción humana ha ido destruyendo paulatinamente los hábitats naturales en los que residía el ajolote. De hecho, actualmente está considerada una especie en peligro crítico y apenas se puede encontrar salvaje en los canales de Xochimilco. Debido a su valía genética y cultural, existen varios esfuerzos por evitar que esta especie desaparezca.
La importancia cultural del ajolote en México
El nombre de ajolote significa monstruo acuático. De hecho, en la mitología mexica se trata de la advocación acuática de la deidad Xólotl, dios del fuego y el relámpago. Concretamente, la leyenda dice que cuando los dioses crearon el Quinto Sol, necesitaron hacer un sacrificio para que este tuviese energía. Todos aceptaron a dar su vida excepto Xólotil, quien tenía miedo de morir y decidió huir.
Para escapar utilizó su poder de cambiar de forma. Así, adquirió el semblante de una planta de maíz de dos tallos, pero fue descubierto. Después se transformó en maguey, pero volvieron a pillarle. Finalmente, desesperado, se lanzó al agua, donde tomó la forma de un pez con rostro humano: el ajolote. Aunque eventualmente fue descubierto y sacrificado, y así el sol tuvo energía para funcionar, el anfibio quedó como recuerdo de un dios que intentó no morir.

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