Los chimpancés tienen la respuesta a nuestra fascinación ancestral por los cristales
Los homininos, antepasados directos del ser humano, ya coleccionaban cristales sin que estos tuviesen un uso determinado.

Los cristales nos atraen. Es una fascinación difícil de explicar desde un punto evolutivo. Sin embargo, la evidencia está ahí. Las pruebas apuntan a que los homininos, nuestros antepasados más directos, aquellos homínidos caracterizados por su postura erguida y la locomoción bípeda, ya recopilaban estos elementos hace, al menos, 780.000 años. No en vano, se han encontrado en numerosos yacimientos arqueológicos junto a restos humanos.
Sabemos que no se utilizaban como arma ni tampoco como herramienta. He ahí donde radica el misterio que ahora un grupo de investigadores españoles, pertenecientes al Donostia International Physics Center (DIPC) de San Sebastián, trata de desenmarañar. Para ello han decidido utilizar chimpancés, por ser la especie actual más próxima genéticamente a los humanos modernos y, por ende, a nuestros antepasados homininos. Un estudio que ha sido publicado en la revista Frontiers in Psychology.
Así fue el experimento
Los humanos modernos se separaron de los chimpancés hace unos seis o siete millones de años. No obstante, todavía compartimos importantes similitudes genéticas, también de comportamiento. Por ello, los investigadores decidieron ofrecerle unos cristales a dos grupos de estos primates provenientes de la Fundación Chimpatía, dedicada al rescate, rehabilitación y cuidado de monos en España.
En el primer experimento se colocó un cristal grande de cuarzo, de 3,3 kilos de peso, sobre una plataforma, junto con una roca común de tamaño similar en presencia de los chimpancés. Aunque al principio ambos objetos llamaron la atención de estos primates, pronto se decantaron por el cristal y dejaron de lado la roca. Tras retirarlo de la plataforma, todos los chimpancés inspeccionaron el cristal, girándolo e inclinándolo para poder observarlo desde ángulos específicos.
A continuación, uno de ellos cogió el cristal y lo llevó con determinación a los dormitorios. Los investigadores observaron entonces que el interés era mayor inmediatamente después de la exposición, y que disminuía muy gradualmente con el paso del tiempo. Un patrón que también es propio de los seres humanos a medida que desaparece la novedad de un objeto. Cuando los cuidadores de los chimpancés intentaron recuperar el cristal, tuvieron que cambiarlo por sus aperitivos favoritos: plátanos y yogur.
El segundo experimento consistió en mezclar cristales pequeños de cuarzo con 20 guijarros normales. En cuestión de segundos, los chimpancés demostraron poder identificar y seleccionar los cristales, sobre los que volvieron a mostrar comportamientos curiosos. De hecho, tras añadir cristales de pirita y calcita, los primates volvieron a identificar el cuarzo de nuevo, el cual volvieron a examinar concienzudamente.
Probada la atracción por los cristales
Con estos experimentos "demostramos que los chimpancés endoculturados (no salvajes) pueden distinguir los cristales de otras piedras", sostiene Juan Manuel García-Ruiz, profesor investigador en el DIPC y autor principal del estudio. "Fue una grata sorpresa descubrir lo fuerte y aparentemente natural que era la atracción de los chimpancés por los cristales, lo que sugiere que la sensibilidad hacia este tipo de objetos puede tener profundas raíces evolutivas", recalca.
La investigación no analizó si algunos chimpancés estaban más interesados en los cristales que otros o si algunos pretendían apoderarse de ellos más que otros. Por ello, el equipo sugiere que los futuros estudios deberían tener en cuenta la personalidad de cada uno de estos primates y llevarse a cabo con ejemplares salvajes, no acostumbrados al contacto humano.
Por qué es importante este hallazgo
Las observaciones combinadas de los experimentos concluyeron que tanto la transparencia como la forma constituyen propiedades atractivas en sí mismas y que "puede que fueran estas mismas cualidades las que despertaban el interés de los primeros humanos por estas rocas". Es decir, la atracción por los cristales no es funcional. Los chimpancés no los quieren para utilizarlos como herramientas o armas, sino que están atraídos por ellos per se.
Algo que probablemente también les ocurriera a nuestros antepasados. A ese respecto, el DPIC recuerda que la mayoría de elementos presentes en la naturaleza se destacan por su curvatura y ramificación: las nubes, los árboles, las montañas, los animales y los ríos… Por ello, los pocos elementos que presentaban líneas rectas y superficies planas eran los cristales. “Son los únicos poliedros naturales. Cuando los primeros seres humanos intentaban comprender su entorno, sus procesos cognitivos podrían haberse visto atraídos por patrones como estos, que eran diferentes a lo que conocían", dice el estudio.
Estas conclusiones son importantes porque podrían explicar el origen de prácticas simbólicas humanas como coleccionar, decorar o crear arte. Es decir, puede ser la raíz que llevó a los humanos a perseguir y crear el arte. El hecho de que esta característica se comparta con los primates, además, nos dice que nuestra capacidad de apreciar la belleza, la simetría y objetos especiales está escrita en nuestra biología, no solo en la historia cultural.

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