¿Cuándo se considera viejo a un gato?
El ciclo vital de un gato es diferente al de las personas y comprenderlo es indispensable para ofrecerles un cuidado acorde a sus necesidades.

Zaragoza-
La convivencia con un gato no se nutre únicamente de buenas intenciones. Tan importante como quererle mucho es quererle bien; y eso implica comprender sus necesidades y comportamientos. Algo que en muchas ocasiones va ligado al momento vital. Igual que sucede con las personas, los felinos también pasan por un proceso de maduración progresivo que determina sus circunstancias personales. Por ello, acompañarle en él es preciso para que tenga una vida plena y feliz.
La esperanza de vida de un gato doméstico se sitúa entre los 13 y los 17 años, si bien existen ejemplares que pueden llegar a cumplir las dos décadas. Es decir, viven sensiblemente menos que las personas. Por ello, su curva de envejecimiento es muy diferente a la nuestra, algo a tener en cuenta para comprender mejor su actitud.
¿A partir de qué edad un gato es anciano?
En líneas generales, se considera que un gato es anciano a partir de los 10 años de vida. Se trata de un consenso más o menos establecido, respaldado por ejemplo por asociaciones de veterinarios como la AAHA (siglas en inglés de Asociación Americana de Hospitales Veterinarios). No obstante, pueden existir pequeñas variaciones según el individuo y, sobre todo, el tipo de vida que haya llevado. Al fin y al cabo, no es lo mismo un gato casero que apenas ha salido a la calle que otro más acostumbrado a vagar por ahí; la alimentación, las revisiones veterinarias o un ejercicio regular son factores que también pueden retrasar el envejecimiento en los mininos.
Etapas de la vida de un gato según su edad
De 0 a 1 año: cachorro
De 1 a 6 años: joven adulto
De 6 a 10 años: adulto maduro
Más de 10 años: vejez
Signos de vejez en los gatos: cómo identificarlos
Igual que sucede en las personas, la vejez posee una serie de síntomas que, si bien son silenciosos, permiten identificar esta etapa vital en el animal. Por norma general, lo más sencillo de detectar son los cambios físicos por los que pasa su cuerpo, que en ocasiones llevan aparejados cambios de comportamiento sensibles. Por ejemplo, es habitual que un gato senior reduzca sensiblemente sus movimientos y espíritu aventurero, pues tienden a perder masa muscular y sus articulaciones son objeto de dolor.
Una consecuencia muy visual de la vejez es la pérdida de color del pelaje. De hecho, es habitual que aparezcan pelos blancos donde antes no los había a modo de canas, igual que sucede con las personas. Además es probable que reduzcan la frecuencia de su aseo, fundamentalmente porque ya no llegan bien a lavarse con las patitas ya sea por una pérdida de movilidad o, simplemente, por dolor.
Además de los cambios físicos, los gatos senior también experimentan modificaciones en su comportamiento, como la pérdida de apetito, una mayor somnolencia, alteraciones en sus rutinas, con tendencia a volverse más nocturnos, o una menor disposición al juego. En muchos casos, aunque no siempre, estos cambios pueden deberse a la aparición de enfermedades o dolencias, a la pérdida de sentidos fundamentales para ellos como la vista o el olfato, o incluso al desarrollo de disfunción cognitiva felina, una afección similar a la demencia.
Cuidados específicos de un gato senior
Identificar el proceso de envejecimiento de nuestro gato es fundamental para darle una atención correcta en esta etapa de su vida. Hay que comprender que hacerse viejo no es una enfermedad per se, sino un proceso natural, pero sí que puede estar acompañado de dolencias específicas que precisan de unos cuidados especiales para que pase su última etapa vital de la manera más placentera posible.
La AAFP (siglas de Asociación Americana de Veterinarios Felinos) ha redactado una serie de pautas y cuidados especiales a tener en cuenta cuando un gato entra en su etapa de vejez. El más importante de todos es el realizar revisiones frecuentes en el veterinario, pues se trata de una fase vital en el que las enfermedades se vuelven más frecuentes. Por ello es importante realizar análisis recurrentes, que permitan detectar posibles afecciones para así adelantarnos lo máximo posible y que el tratamiento sea lo más efectivo posible.
Además, la vejez es un momento clave para adaptar su alimentación, ya que las necesidades nutricionales del gato cambian respecto a las de un adulto joven. En esta etapa suelen moverse menos, lo que puede traducirse tanto en una pérdida de peso, asociada a la disminución de masa muscular, como en un aumento de peso debido a un estilo de vida más sedentario. Por otra parte, también es importante prestar especial atención al cuidado de la dentadura y las uñas, ya que son elementos esenciales en su día a día y tienden a deteriorarse con la edad.
Finalmente, una buena práctica es adaptar el entorno a las necesidades de los gatos viejos. Sobre todo aquellos que presentan problemas de movilidad. Así, es el momento de valorar el áreas zonas cómodas y fácilmente accesibles, instalar rampas si fuese necesario o colocar la bandeja de arena en un lugar al que pueda llegar de manera sencilla.

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