Las enfermedades más comunes en perros y cómo prevenirlas
Los perros nos dan todo su amor y a cambio nos fían sus necesidades más básicas, entre las que se encuentra la salud.

Madrid-
Los perros son nuestros mejores amigos, de eso no hay duda alguna. Se trata, no obstante, de una relación bidireccional, en la que las dos partes salimos beneficiadas. Ellos nos entregan todo su amor, lealtad y compañía. A cambio, eso sí, fían en nosotros el cuidado de sus necesidades más básicas. Entre ellas, la salud. Es nuestra responsabilidad que el perro con el convivamos esté sano y feliz. Algo para lo que requiere una serie de cuidados diarios, así como un control veterinario periódico que le permita prolongar su estancia con nosotros el mayor tiempo posible.
Porque, como todo lo relacionado con la salud, la clave está en la prevención. Es decir, asumir una serie de hábitos que impidan que el animal desarrolle aquellas afecciones que son evitables si se lleva una vida saludable. Para ello resulta muy útil conocer cuáles son las principales enfermedades que pueden afectar a un perro, pues en dicha información también se incluye el cómo evitarlas.
Enfermedades infecciosas
Entre las afecciones más preocupantes en el mundo canino se encuentran las enfermedades infecciosas, las cuales se transmiten con facilidad mediante contacto con secreciones, heces, orina o superficies contaminadas. Por ello, si tu cachorro o tu perro no cuenta con su esquema completo de vacunación, posee un riesgo mayor de contagio.
Patologías como el parvovirus, el moquillo, la hepatitis infecciosa y la leptospirosis pueden causar desde vómitos y diarreas intensas hasta complicaciones neurológicas, hepáticas o renales potencialmente graves. Además, se debe tener en cuenta que la llamada tos de las perreras (o complejo respiratorio infeccioso) es frecuente en lugares con alta concentración de perros, como guarderías, parques y estéticas caninas.
La prevención empieza con un calendario de vacunación adaptado a la edad, estilo de vida y entorno de tu perro, incluyendo los refuerzos indicados por el veterinario. En cachorros, es clave no saltarse ninguna dosis ya que la inmunidad se desarrolla de forma progresiva y, si interrumpes el esquema, pueden quedar periodos en los que esté especialmente vulnerable. Si el perro conviviese a menudo con otros canes es interesante también investigar si pudiera necesitar alguna dosis adicional según su nivel de exposición.
Parásitos internos y externos
Las pulgas, garrapatas y ácaros no solo causan picazón: pueden desencadenar problemas más complejos. Las infestaciones persistentes favorecen dermatitis alérgica, lesiones por rascado e infecciones cutáneas secundarias. Además, algunos parásitos actúan como vectores de enfermedades que pueden afectar órganos y sangre.
Para prevenir parásitos externos, se recomienda un control continuo con antiparasitarios adecuados a su peso y edad, siempre con orientación profesional. Además, lavar camas y mantas con regularidad y aspirar sus zonas de descanso ayuda a eliminar huevos y larvas, especialmente en temporadas cálidas
Por su parte, los parásitos internos (como lombrices intestinales y giardias) pueden pasar desapercibidos durante semanas o meses. Cuando dan señales, puedes notar diarrea intermitente, pérdida de peso, gases, abdomen distendido o un pelaje opaco.
La prevención se basa en mantener la desparasitación interna al día según la pauta de tu veterinario, asegurar higiene adecuada en patios y áreas donde tu perro permanece, y recoger las heces de forma constante. Y durante los paseos, evita que beba agua de charcos o que ingiera basura.
Problemas crónicos comunes
Muchas enfermedades no aparecen de golpe, sino que se desarrollan lentamente con el paso del tiempo. La enfermedad periodontal es un ejemplo frecuente. La acumulación de sarro y la inflamación de encías pueden causar dolor, mal aliento persistente, sangrado e incluso pérdida de dientes. Además, las bacterias de la boca pueden pasar al torrente sanguíneo y asociarse con alteraciones en órganos como corazón, hígado o riñones. La prevención más eficaz combina cepillado dental regular en casa, productos específicos para perros y revisiones veterinarias periódicas.
Por otro lado, la obesidad aumenta la carga sobre las articulaciones, reduce la tolerancia al ejercicio y eleva el riesgo de trastornos metabólicos. Para prevenirla, mide correctamente las raciones de tu mascota, realiza paseos diarios y observa cambios en su silueta o nivel de energía.
Al final, todo se reduce en mantener unas rutinas consistentes y una atención diaria. Solo con ello se puede marcar la diferencia en la salud de tu mascota a largo plazo. Muchos padecimientos frecuentes pueden prevenirse o identificarse en etapas tempranas, mejorando de forma significativa la calidad y la esperanza de vida de tu perro.

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