La receta contra la invasión del pez león en el Mediterráneo: que los humanos sean su depredador
Se trata de una especia que apenas tiene depredadores naturales y que, por si fuese poco, se reproduce a gran velocidad.

Zaragoza-
Una criatura está invadiendo el Mediterráneo. Aunque no lo parezca a simple vista, bajo sus calmadas aguas se está librando una batalla desigual. Una lucha en la que las especies autóctonas están perdiendo por goleada. Se trata de la invasión del pez león, una especie venenosa que fue vista por primera vez en el Mare Nostrum hace unos 30 años. Originaria de las aguas cálidas del Pacífico Sur y del Índico, poco a poco va conquistando espacios arrasando todo lo que encuentra a su paso.
No en vano, para muchos científicos se trata de una de las especies más letales del mundo. Más en el Mediterráneo, donde apenas existen contrapesos naturales que puedan frenar su propagación. La preocupación es real debido al efecto que tiene en aquellos ecosistemas en los que se introduce. Por ejemplo, según identificó un estudio de campo, en las Bahamas su presencia hizo que la biomasa combinada de 42 de sus presas se redujese en un 65% en un lapso de apenas dos años (de 2008 a 2010). Es decir, las especies que le sirven de alimento disminuyeron de manera muy notable de manera extremadamente rápida. No solo eso, sino que de 2004 a 2010 el pez león aumentó su presencia en un 40%, demostrando lo rápido de su reproducción.
Qué es el pez león
El pez león (pterois miles) es un pez marino de la familia Scorpaenidae. Recibe su nombre debido a sus numerosas espinas alargadas y fuertes, que dentro del agua recuerdan a la melena del rey de la selva. Aunque existen varias subespecies, la más común posee un tamaño medio de unos 35 centímetros en su etapa adulta. Se trata, además, de una especie tremendamente venenosa, ya que posee púas con glándulas venenosas en sus aletas dorsales, anales y pélvicas, las cuales utiliza como mecanismo de defensa cuando se siente amenazado.
De hecho, el veneno del pez león, si bien no es necesariamente mortal para los humanos, sí que es muy doloroso. Esto se debe a que su ponzoña contiene tanto neurotoxinas como otras toxinas proteicas, que afectan la transmisión nerviosa causando un dolor agudo y punzante. Esta circunstancia hace que apenas tenga depredadores propios, por lo que se expande con rapidez en aquellos ecosistemas en los que es introducido. Como por ejemplo el Mediterráneo.
La invasión del pez león en el Mediterráneo
Por el momento se desconoce con exactitud cómo llegó el pez león al Mediterráneo, aunque la teoría más plausible dice que lo hizo a través del canal de Suez. Una enorme autopista acuática que une al Mare Nostrum con el Atlántico y que es la puerta de entrada de varias especies no autóctonas en lo que se conoce técnicamente como la migración lessepsiana. De hecho, la primera especie de pez león que se capturó en el Mediterráneo data de 1991 y sucedió en la costa de Israel. No obstante, no fue hasta 2012 que no se informó de los primeros asentamientos de la especie, en este caso en el Líbano.
Desde ahí el crecimiento ha sido imparable. Se sabe de la presencia del pez león en, al menos, los siguientes países: Líbano, Chipre, Turquía, Grecia, Túnez, Siria, Italia y Libia. Una ocupación del Mediterráneo oriental que no parece tener fin. Sobre todo debido a su rápida reproducción ya que una sola hembra puede producir hasta dos millones de huevos al año. Además, el cambio climático también juega a su favor. No en vano se trata de una especie que necesita de aguas templadas para sobrevivir, a poder ser superiores a los 15 grados. En ese sentido, el calentamiento de los océanos, y más concretamente del mar Mediterráneo, le ofrecen un hábitat propicio para su expansión.
No solo eso, sino que además tiene comida abundante y apenas amenazas. Al tratarse de una especie invasora, las especies autóctonas no poseen ningún tipo de defensa y son una presa sencilla para él. El pez león es muy voraz, por lo que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso sin que nadie le haga frente. También porque los pocos peces que se podrían alimentar de él están muy cotizados. El ejemplo perfecto de ello es el mero, que debido a que es utilizado para el consumo humano es objetivo común de los pescadores. Es decir, se podría frenar la propagación del pez león aumentando los bancos de meros, pero debido a la sobrepesca existente se trata de una solución altamente improbable en la práctica.
¿Y si nos comemos al pez león?
Por ello varias son las voces que ya han apuntado a que, precisamente, debe ser el humano quien ejerza de depredador del pez león. Pese a ser una especie venenosa, lo cierto es que se trata de un pez muy sabroso si se prepara correctamente. Es por ello que muchos restaurantes de los países más afectados por su presencia han ido introduciéndolo en su menú de manera progresiva.
Así lo recoge un reportaje publicado por el Washington Post, que muestra como poco a poco su presencia en la carta va ganando sitio. Aunque los clientes todavía deben acostumbrarse a ello. “A la gente le cuesta hacerse a la idea. La mayoría de personas que vienen aquí lo hacen en busca de los productos tradicionales como el pulpo o el calamar”, dijo el chef Chris Berdoussis, dueño de un restaurante en la isla griega de Elafónisos, al rotativo estadounidense. La pesca del pez león se antoja como la manera más eficiente de controlar su población y disminuir el daño medioambiental que este produce, aunque para ello antes es necesaria la concienciación de los humanos.



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