Por qué la recuperación del lince ibérico es un éxito
En el año 2002 el número de linces en España no llegaba a los 100 y las perspectivas de su supervivencia no eran halagüeñas. Así se le ha dado la vuelta a la situación.

Zaragoza--Actualizado a
Según el último censo oficial, realizado en 2024 y publicado el año pasado, en España hay 2.401 ejemplares de lince ibérico, de los cuales 1.557 son adultos o subadultos y 844 cachorros. Son datos tremendamente esperanzadores, sobre todo para un animal que hasta hace no mucho corría un riesgo real de desaparecer. Actualmente, el lince ibérico está catalogado como especie vulnerable en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es decir, su situación es crítica, pero permite una mirada positiva al respecto.
Sobre todo si se echa la vista atrás. Concretamente hasta inicios de este siglo, cuando la población de linces ibéricos en España marcó su suelo histórico. Concretamente, en 2002 se censaron únicamente a 94 ejemplares, lo que le situaba al borde de la extinción. Todas las alarmas se encendieron y aquel momento crítico se convirtió en la génesis que ha permitido la posterior recuperación.
Así ha sido el regreso del lince ibérico
Estamos hablando de la Estrategia Nacional para la Conservación del lince ibérico. Un plan que se había iniciado en 1999, precisamente con la configuración del primer censo moderno del lince ibérico y que dio su principal paso en 2003 con el llamado Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico. La idea era simple pero efectiva: criar linces en cautividad con la misión de conservar la especie. Era un medio para un fin, crear una reserva genética que ayudase a recuperar al animal en su hábitat natural.
El primer gran triunfo de esta iniciativa llegó poco después. Concretamente en 2005, cuando nacieron los primeros cachorros de lince en el centro de cría en cautividad de El Acebuche, en Huelva. Concretamente fueron tres especímenes, que fueron bautizados como Brezo, Brecina y Brisa. Aquel hecho fue visto como un primer paso hacia la consolidación de una población viable en territorio español. De hecho, de 2005 a 2025 nacieron en cautividad un total de 291 ejemplares de lince ibérico, de las cuáles muchas de ellas fueron puestas en libertad en zonas de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal.
El 'Pacto Ibérico'
De hecho, el país luso entró en escena poco después del nacimiento de Brezo, Brecina y Brisa. En 2007 se firmó lo que se conoció como el Pacto Ibérico por el lince. Un acuerdo rubricado por los Gobiernos nacionales de los dos países vecinos, así como por las comunidades autónomas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Un paso muy importante en este regreso del felino, pues al fin y al cabo su hábitat natural no entiende de fronteras humanas.
El país luso también estaba actuando por su cuenta a fin de preservar la especie. Por ejemplo, en 1981 había creado la Reserva natural de la Sierra de la Malcata, situada en la frontera con Cáceres. Sin embargo, entonces se desconocía si había alguna población de linces viviendo en aquellos parajes o no. De hecho, la colaboración entre ambos países permitió realizar un mapeado más exhaustivo para descubrir dónde estaban las principales colonias asentadas. Sobre todo para llevar los especímenes criados en cautividad a aquellos ecosistemas en los que pudieran sobrevivir mejor, sin importar el país al que perteneciesen.
O lo que es lo mismo, la mejor muestra de lo importante que ha sido la cooperación entre entes y organizaciones de todo tipo en busca del bien común. Desde instituciones autonómicas, pasando por estatales o europeas (el llamado programa LIFE). También de ONGs como WWF o la Fundación CBD-Hábitat.
Recuperación de ecosistemas
Porque el regreso del lince ha supuesto una estrategia en la que la cría en cautividad solo era una de las patas. De hecho, el núcleo se podría decir que ha consistido en recuperar y conservar los hábitats de matorral y bosque mediterráneo en los que habita el animal.
Las medidas aplicadas para ello son muchas y variadas, aunque destaca una idea de fondo que quizá no sea tan obvia: preservar al conejo europeo. Al fin y al cabo, se trata de la principal presa del lince; la base de su alimentación. Sin conejo no hay lince, tan simple como eso. Por ello se deben realizar políticas que vayan a favor de su existencia como regular la caza, realizar un control sanitario para evitar enfermedades o vigilar su población de manera actualizada.
Junto a la presencia del conejo, evidentemente, va todo lo demás. Una tarea ardua, pues muchos de los montes en los que habita el lince son en realidad de titularidad privada. Por ello es preciso llegar acuerdos para poder restaurar el matorral y el bosque mediterráneo en mosaico, crear corredores verdes para que los animales transiten de forma segura o evitar al máximo el impacto humano de las zonas.
¿Cuál es el futuro del lince?
Es posible que lo más difícil se haya conseguido, pero el trabajo no está hecho ni mucho menos. Aunque técnicamente no esté en peligro de extinción, el felino sigue siendo una especie vulnerable y en poco tiempo se podría desandar el camino avanzado.
La UICN identifica varios retos a superar de cara la supervivencia del animal, como por ejemplo: la fluctuación en las poblaciones de los conejos debido a las enfermedades y los cambios en el uso del suelo, la fragmentación del hábitat debido al impacto humano, la mortalidad derivada de las malas praxis de las personas (envenenamiento, caza furtiva, atropellos…) o las enfermedades que pueden contraer los linces. Es decir, relajarse sería un error.
Por su parte, el Proyecto 20Lince40, impulsado por WWF y que cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, un organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, tiene como objetivo alcanzar un Estado de Conservación Favorable para el lince ibérico en el año 2040. Esto se traduce, entre otras cosas, alcanzando una población con al menos 750 hembras reproductoras, lo cual sería un hito decisivo para garantizar la viabilidad del felino a largo plazo.
No solo eso. La idea es poder llevar un control más exhaustivo de todos los linces ibéricos que viven en la Península, lo que permitiría una actuación casi instantánea en caso de que alguna de las amenazas antes listadas pudiera dañar seriamente la población. Es importante tener en cuenta que el Proyecto 20Lince40 no es un sustitutivo de los Programas LIFE de la UE, sino que la idea es realizar una actuación complementaria que garantice la supervivencia de estos felinos. Al fin y al cabo, la unión de todos es lo que ha obrado que las perspectivas sean positivas por primera vez en mucho tiempo.



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