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Ciencia con conciencia

La cláusula de buen uso trata de impedir la utilización de investigaciones para fines militares

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'Ahora me he convertido en la muerte, destructora de mundos'. Es lo que pensó Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, tras probar con éxito la primera explosión nuclear. Los cientos de miles de muertos de Hiroshima y Nagasaki remordieron la conciencia del científico hasta el punto de rechazar el uso de la tecnología que él mismo había creado. Isidoro Albarreal no es Oppenheimer, pero tampoco se sentirá culpable por las consecuencias de sus investigaciones científicas.

Su tesis, titulada Paralelización en tiempo y espacio de la resolución numérica de algunas ecuaciones en derivadas parciales, presentada en 2004 en la Universidad de Sevilla, incluyó por primera vez una cláusula de buen uso. 'Es como el copyright de los científicos, para que nadie use nuestras investigaciones con fines militares', explica.

Desde entonces, según la Fundació per la Pau una ONG que trabaja por la instauración de una cultura de paz, once investigadores se han sumado a la iniciativa. Son la conciencia de la ciencia. O la ciencia con conciencia.

'Queda absolutamente prohibida la utilización, investigación y desarrollo, de forma directa o indirecta, de cualquiera de las aportaciones científicas propias del autor que se presentan en esta memoria, por parte de cualquier Ejército del mundo o por parte de cualquier grupo armado (...) salvo permiso por escrito de todas las personas del mundo', dice la cláusula.

Albarreal, de 42 años, creció con el ruido de aviones militares sobre su cabeza. Es de Morón de la Frontera (Sevilla), sede de una de las bases estadounidenses en España. Frente a ella se manifestó contra la guerra de Irak.

'Somos un eslabón imprescindible en la cadena de fabricación de armas y, por tanto, somos corresponsables de cada una de las muertes y mutilaciones que se produzcan con cada una de las armas que se fabriquen usando alguna de nuestras investigaciones', afirma en Por la paz: ¡No a la investigación militar! (Publidisa, 2006). Estas reflexiones llevaron a este profesor a diseñar un mecanismo legal para proteger del uso militar su trabajo.

La cláusula no tiene validez jurídica, pero, al menos, levanta ampollas. En la defensa de su tesis, Albarreal dedicó los últimos minutos a hablar de ella. 'Mi director se quedó helado', cuenta, riendo. El secretario del tribunal, que colaboraba con la Fundació per la Pau, defendió el mecanismo como una parte más de la investigación.

Mónica Sánchez Cubere tuvo menos suerte. Incluyó la cláusula en el apartado de Agradecimientos en un artículo que presentó a la revista Astronomy & Astrophysics. Los editores se negaron a publicarla: 'No es una revista de opinión () Por más que simpatice con el contenido de la cláusula, esta es innecesaria, ya que el contenido del artículo no parece muy propenso a ser utilizado por los militares. Además , es inefectiva ya que, si alguien quisiera usar militarmente parte del contenido del artículo, no dejaría de hacerlo por la inclusión de una frase'.

Según la investigadora,la cláusula introducida no es una opinión, sino una declaración legal y 'ayuda a generar un posicionamiento dentro de la comunidad científica'. El reto ahora sería poder llevar a los tribunales a quienes incumplan este tipo de cláusulas.

La Fundació per la Pau respaldó, entre otras, esta iniciativa y, desde entonces, su lucha por la desmilitarización ha surtido efecto. En primer lugar, por la transparencia: 'Antes, el Gobierno no especificaba en los Presupuestos qué partidas destinadas a investigación científica eran con fines militares. Ahora sí se publica. Se presentaban como una inversión en I+D partidas que se dedicaban a investigación militar', explica un portavoz de la ONG.

En segundo lugar, por la reducción de estas partidas: 'En el año 2000, la investigación científica militar superaba el 50% mientras que ahora está alrededor del 25%. Es decir, de cada cuatro euros destinados a investigación científica, uno se invierte en investigación militar y tres en civil', añade.

En España, según la ONG, hay más de 2.000 científicos objetores. Miquel Insausti es uno de ellos. Trabajó muchos años en Indra. Su último proyecto fue el mejoramiento de las prestaciones del GPS. 'Pero en el fondo, el propietario del GPS no deja de ser el ejército de Estados Unidos, que ve en este sistema la mejor forma de hallar su blanco', afirma Insausti.

Esta idea, unida a sus vivencias con comunidades indígenas en Guatemala amenazadas por el ejército y su participación como voluntario en la Fundació per la Pau, llevó a Insausti a dejar su trabajo. Ahora da clases en una escuela de ciclos formativos sobre energía solar.

'Mucha gente me dijo que me iba a tirar a una piscina vacía, porque mi trabajo estaba muy bien remunerado, pero me encontré con una a rebosar', asegura Insausti.