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Abraham Lincoln y otros personajes desubicados

La adaptación al cine de la novela ‘Abraham Lincoln, cazador de vampiros’ reinventa la biografía del decimosexto presidente de los EEUU

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En pleno auge de los biopics, con Alfred Hitchcock, Marilyn Monroe y Abraham Lincoln sumergidos en uno o varios procesos de resucitación cinematográfica, llega a las pantallas una desviación de la historia estadounidense que convierte al decimosexto presidente de los EEUU en un cazavampiros de armas tomar. Abraham Lincoln, cazador de vampiros coge la biografía del político estadounidense, la pone de vuelta y media y la reescribe convirtiéndolo en un hombre que lucha por erradicar la esclavitud, sí, pero de los chupasangre que pueblan los estados sureños. Y no es el único estreno que pondrá del revés la historia estos días. El próximo viernes José Luis Garcí estrena Holmes & Watson. Madrid Days, su historia sobre cómo los dos personajes creados por Conan Doyle viajan a la capital española siguiendo la pista de Jack el Destripador, que sí existió.

Alto, enjuto y con su característica barba y sombrero, Abraham Lincoln fue el presidente que logró abolir la esclavitud en Estados Unidos y que gobernó el país durante su sangrienta Guerra Civil (1861 y 1865). La película dirigida por Timur Bekmambetov se mantiene fiel a algunos de los hechos que recogen las múltiples biografías existentes de Lincoln, pero se lleva todo al terreno de los ‘no muertos'. Lincoln es un hombre hecho a sí mismo, que empezó desde abajo, se casó con Mary Todd, acabó con la esclavitud y murió asesinado de un disparo en un teatro en 1865. Todo eso es cierto según las crónicas de entonces, pero en Abraham Lincoln, cazador de vampiros descubren que el personaje interpretado por un convincente Benjamin Walker lidera una nación que no sabe que en la Guerra Civil que les desangra no luchan solo humanos.

El cerebro responsable de todo este embrollo histórico es Seth Grahame-Smith, autor de la novela en la que se basa la película producida por Tim Burton y cuya pluma también es responsable de Orgullo y prejuicio y zombis. 'Se celebraba el bicentenario del nacimiento de Lincoln, y muchas de las librerías de mi gira promocional tenían dos tipos de expositores: uno contenía libros sobre la vida de Lincoln; el otro, relatos de vampiros, como Crepúsculo y la colección de libros de Sookie Stackhouse. Este hecho me condujo a pensar en combinar ambos temas'. Es la respuesta a cómo se le ocurrió una idea tan rocambolesca y descabellada.

Abraham Lincoln, cazador de vampiros se ha convertido en una de esas películas con argumento de serie B y realización de blockbuster. Una especie de biopic ficticio, si es que esto puede llegar a existir. Una rara avis que convive con otras películas que han tomado a un personaje real y lo han utilizado a su antojo con mayor o menor acierto y siempre en el terreno de la ficción.

Argumento de serie B y realización de 'blockbuster'Las figuras políticas son recurrentes. JFK no murió ese día de 1963. En realidad llegó a viejo y acabó en una residencia de ancianos junto a un desmejorado Elvis. Ese era el argumento de Bubba ho-tep (2002). Otro político para el que se reinventó la Historia fue Nixon, que en Watchmen (2009) lograba un tercer mandato. El germen era un cómic de Alan Moore. Al excéntrico guionista le gusta eso de coger personajes reales y ponerlos a su servicio. Lo hizo con Watchmen y antes con V de Vendetta (2005), novela gráfica que también fue llevada al cine. Esta última tiene poco que ver con la realidad, pero el punto de partida para crear al personaje V es Guy Fawkes, un conspirador que vivió a finales del siglo XVII y principios del XVII y que intentó volar el parlamento británico. En él se inspira el V de V de vendetta, pero la historia transcurre en los noventa.

Hace no mucho se pudo ver en el cine la teoría de que Edgar Allan Poe dedicó los últimos días antes de su misteriosa desaparición y muerte a colaborar con la policía para cazar a un asesino en serie que mataba inspirado en sus historias. En El enigma del cuervo (2012) se respetaba la época y someramente la biografía de Poe, pero se le inventaban los últimos días de vida para construir un thriller policíaco de época. Ficticia era también la historia que se narraba en Vidocq (2001), aunque él sí existió. Fue el primer director de la Seguridad Nacional francesa y vivió en el país galo entre 1775 y 1857.

Un maestro en esto de coger a personajes reales y ponerles al servicio de la trama es Woody Allen, que hizo precisamente eso con gran parte de los ídolos culturales de muchos en Midnight in Paris (2010). Ver esta película era una especie de juego de agudeza visual en busca del artista que aparece en plano. En su bohemia y soñadora historia estaban Picasso, Buñuel, Dalí, Fitzgerald, Hemingway, Gauguin, Degas... Otro ejemplo más y en una comedia romántica es el de Leonardo da Vinci en Por siempre jamás (1998). ¿Qué pintaba este genio del Renacimiento en una versión de la Cenicienta? Inventaba y dibujaba para Drew Barrymore. Como también Nikola Tesla ponía su ‘magia' al servicio de uno de los protagonistas de El truco final (2006).