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Gabriela Wiener: "La cuarentena debe de ser cosa de la Iglesia, para quitar del calendario unos días de polvos"

La periodista y escritora peruana presenta su nueva novela, "Nueve lunas", inspirada en su propia experiencia

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'Tu vida cultural se suspende. Dejas de ir al cine o de salir. Pero no de trabajar. Y te dices: 'La has cagado por un momento de enternecimiento'. Yo, que había llegado a estar harta de borracheras y de resacas... ¡Cuánto las añoro ahora!' ¿Se puede saber qué le ha pasado a Gabriela Wiener (Lima, 1975)? Ha tenido una hija y ha reflejado en su libro Nueve Lunas (Mondadori) todas las sensaciones que la han torturado durante la gestación, desde sus abortos de adolescente hasta el miedo a la muerte.

Ha querido reflejar otra maternidad, 'la de las oscuridades de las que no nos gusta hablar', dejando para otros la manida, tópica y dulce condición de madre buena, tierna y simpática, 'aquélla a la que le cedemos el asiento en el autobús aunque, después, pueda ser una hija de puta, lo más lejano a la mamá ceropecaminosa'. Sin embargo, Gabriela reconoce que de la maternidad se cumplen los peores pronósticos, pero también los mejores. A pesar de sus intenciones, la autora de Sexografías no puede esconder todas esas emociones que ahora le brinda su hija Lena, de tres años: 'Es el puto amor hacia una criatura que te da lecciones de cada día, te absorbe a fuerza de ternura. Y te cuida: ¡mi hija se comporta como si fuera mi madre!' Pero eso es otra historia, que la cuente otra.

'La desgracia llama a la desgracia', comenta la escritora, que supo que estaba embarazada en un momento crítico de su vida: recién operada, cuando se enteró que una amiga se había suicidado y de que ella y el padre de la niña habían perdido su trabajo. 'Moraleja: nunca trabajes con tu pareja', comenta, a toro pasado, divertida. Escribe en el libro que enfrentarse a la maternidad 'es uno de esos momentos en que uno debe tomarse más en serio la vida que la literatura'. 'Es que es algo tan serio... Cuando por fin parí, pensé: '¡Dios mío! Esto es tan poderoso como tener un Rolls Royce pero lo puede hacer cualquiera. Es el colmo de lo democrático'.

La cuestión es que la gaviota tocó a las puertas de Gabriela en momentos de máxima crisis: individual y global: 'Cuanto más infortunio padecemos, más necesidad tenemos de procrear. El instinto de supervivencia nos lleva a follar sin condón', proclama.

El título del libro responde a la denominación de un género pornográfico, el que trata el sexo con embarazadas. 'Es un guiño para quien lo pueda entender', explica Wiener, una experta en temas de sexo. 'Las mujeres no sólo viven en pareja, también se masturban y usan vibradores. El porno es ver tu propio reflejo y hay mucho morbo con las embarazadas'. El libro está salpicado de anécdotas que describen esa fragilidad y ese erotismo: 'Te sientes erotizada por tu cuerpo en continua transformación y tienes un apetito sexual bestial. Con la lactancia te erotizas y te excitas todavía más'. ¿La cuarentena?, se sorprende Gabriela ante la pregunta: 'Eso debe de ser cosa de la Iglesia, para quitar del calendario unos días de polvos'.

Lo que la escritora rechaza de frente la etiqueta de literatura erótica. 'Más bien es un texto transgresor a través de una experiencia testimonial. El estilo es una mezcla de confesión, memoria, crónica y ensayo'. Los géneros que más ha tocado ella como periodista y como escritora. 'No tiene nada de erótico, no pretende excitar a nadie, pasa por el sexo pero con otros matices'.