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PENSADORES DEL 21

José Luis Cuerda: “Sería un hijo de perra si defendiera al sistema”

Es un “pensador ocioso”, o un hacedor de “inteletos”. El cineasta, que presenta estos días ‘Me noto muy cambiá’, libro de reflexiones en 140 caracteres, afirma que “ser antisistema estos días es algo noble y necesario, una cuestión de decencia”.

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El director de cine José Luis Cuerda.- EFE

“La tierra se rompe y arruga durante millones de años. Y en el resultado final de tanta bulla, plantamos -ahí mismo puede verse- tomates”.

J.L. Cuerda. ‘Me noto muy cambiá’

Está mucho más delgado. Él dice que ha crecido y que le ha salido un lunar. Contingencias de un cineasta necesario que niega: “Algunos me considerarán necesario; otros creen que lo necesario es que desaparezca, como director de cine por ejemplo”, y avanza en la intro su cabreo con el panorama audiovisual patrio el padre de Amanece que no es poco y reciente creador de un nuevo género para la filosofía: el “pensamiento ocioso”… o “inteleto”, que dicen en su tierra.

“El inteleto son ocurrencias que encierran cierto riesgo; como el crío que mete los dedos en el enchufe o como el que mea a contraviento”, explica el albaceteño en la promoción de Me noto muy cambiá, un librito de achuchar antes de dormir, ilustrado con los garabatos del temperamento de La Mancha ventosa, el irreverente surrealista -¡a veces huracanado!- José Luis Cuerda (Albacete, 1947).

Marcado por labradores y tratantes de mulas de Masegoso –Julián, Irene, Eloy y Filomena, los abuelos- el pronto del artista también tiene que ver con el seminario en el que ingresó –o le ingresaron- cuando era niño. Asegura Cuerda que lo único que aprendió de las sotanas es “que las braguetas pueden ser infinitas”. Y su verdad se manifiesta en el gamberro que está a punto de cumplir 70. O el antisistema, como prefiere definirse: “Porque es algo muy noble y necesario; una cuestión de decencia. No se puede ser de un sistema en el que el 1% tiene lo mismo que el resto de la población. La palabra antisistema es sagrada. Lo que no se puede es ser del sistema. Sería un hijo de perra si defendiera al sistema”.

"La palabra antisistema es sagrada. Lo que no se puede es ser del sistema"

“Debo a Masegoso el conocimiento de un paisaje calmo, fresco, recoleto y de unas personas tan llenas de originalidad, de contrastes y de atractivos, que hubiera podido fundar allí mi imaginario más provechoso”, confiesa en la página web de su penúltimo y más mimado retoño: un exquisito vino de Ribeiro con nombre de santo plebeyo: Clodio.

Emigró a Madriz (con z) gracias al Círculo de Bellas Artes. No al que hoy presenta sus libros. Sino al de las timbas de póker en las que su padre ganó un piso en el madrileño Paseo de La Habana. Un Madrid en el que estuvo a punto de convertirse en picapleitos –menos mal que no consiguió terminar la carrera de Derecho- el comunista de breve militancia pero eterno corazón rojo…un indignado con el mundo.

“Con un mundo entero que ha caído en manos de las finanzas y los financieros y en el que los políticos se han convertido es escuderos que van por delante aguantando lanzadas”, dice quien tiene la definición más fácil de liberalismo: “El sistema en el que el pez gordo es muy libre de comerse al chico”.

Cuando habla de sus inquietudes atribuye a Napoleón Bonaparte la frase “tengo un problema que se me ha puesto aquí, en esta zona”. Y esconde las manos bajo las axilas cuándo se le pregunta por el 26J, por el dolor de la repetición de elecciones: “un problema entre las ingles y los sobacos”. Es a un presunto Jorge Manrique a quien recuerda para aventurar lo que vendrá el día después: “A este paso ni cenamos ni se muere padre”.

Dice tener miedo a que no salga nada concluyente de las elecciones: “Y eso sería para encerrar en un corral a la clase dirigente, incluidos los financieros, y que el 27J saliesen con un papelito firmado que diga: ‘haremos lo que hay que hacer, que no es lo que estamos haciendo”. No cree –o prefiere no creer- que ese papelito pueda firmarlo la derecha: “A la derecha no le salen los números”. Y si se le retuerce el argumento con la posibilidad de una abstención socialista responde: “Si no es descartable eso, entonces lo descartable es el PSOE…¡que desaparezca!”.

Le sale el huracán que lleva dentro -el que molía la harina del pan que comía el Quijote y hoy provee de electricidad a su tierra- si se le insiste: “Pues yo me pillaría un cabreo, qué quieres que te diga. Y quizás vuelva a mi juventud. Veo si tengo bienes de fortuna como para irme a París una temporada mu larga (sin i griega multiplicada por tres) mu larga, mu larga, donde la gente es mu seria (sin y, otra vez). Allí se llenan las calles de protestones. Aquí callamos y no protesta ni dios” (en minúscula….por lo de la “bragueta infinita”).


Y no salva a nadie Mr. String: “A los partidos políticos sólo les daría un consejo. Que no olviden de que, tres pasos más allá de donde están ellos, estamos nosotros, está la ciudadanía. Y que es en la ciudadanía en quien repercute lo que hagan. Es decir: que no se puede ir por el mundo pensando que todo lo que hay que hacer es lo que es mejor para el partido; que el partido ya tiene lo de ser parte en su propio nomntr; pero que la mayoría no son los partidos sino lo que está fuera de ellos, aquellos para quienes deben programar”.

Después de abandonar la carrera de Derecho –¡menos mal!- el joven José Luis trabajó en RTVE como técnico de radiodifusión y televisión. Hizo documentales, reportajes,... más de 500 entre 1969 y 1974. Muerto Franco, fue profesor en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Y en 1982, el año del Mundial y del Naranjito, nació el icono del cine español –“un haz de luz en la oscuridad”, describe el arte- con el largometraje Pares y Nones.

“La democracia malvive en la cojonocracia, que incluye la descojonocracia y la amimelapelacracia”

Después vendría el surrealismo rural del Bosque Animado o la sublime Amanece que no es poco. Y joyas, de las que ponen los pelos como escarpias, como La Lengua de las mariposas o Los girasoles ciegos. Ahora –a la vejez del niño sin viruelas- los libros de ‘inteletos’ excelsos como este: “La democracia malvive en la cojonocracia, que incluye la descojonocracia y la amimelapelacracia”.

“Porque se están descojonando de nosotros, están acojonándonos y, como resultado de eso, se la pela, claro”, afirma el teórico de los tuites –así los llama él- que habla de la Europa de la cojonocracia como la Europa de la Merkel, su amiga, “que no se libra de los cojones de los financieros que son los que le dicen lo que hay que hacer a través del BCE y a través de no sé cuántas instituciones más”.

Habla Cuerda del TTIP y del resto de tratados de libre comercio como de una antinomia: “Porque, de entrada, el comercio no es libre; sino algo que pretende tener esclavos de sus productos y hacer necesario lo que no lo es. Y que si no cubres esas necesidades ficticias no te sientas un ser humano del siglo XXI. Que no nos hagan sentir tontos. Tonto es alguien como Mario Conde -o como Cebrián- que teniendo el capital que tiene –o una empresa tan buena tan buena- lo manda a hacer puñetas. ¡Yo tonto no soy, coño!”, exclama cabreado.

O libre. Porque dice el filósofo del cine y los 140 caracteres –el pensamiento ocioso- que “solo desde la absoluta ignorancia se opina desde la absoluta libertad”. Él, que no es ignorante, quizás disimule muy bien su libertad. Una rebeldía de gamberro antisistema frente a los alcornoques del bosque desanimado e inerte en que se ha convertido la producción audiovisual. Cuerda está emperrado en regalarnos el epílogo de Amanece que no es poco. Su presente dependerá de que cambien “las pésimas manos y las pésimas leyes en las que está el cine”, asegura. Y concluye: “O cambian, o el cine desaparecerá”.

“A quienes copulan al son de clarines conviene decirles que también es una buena idea desnudarse antes”

José Luis Cuerda. ‘Me noto muy cambiá’