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Miguel Ríos: "Yo tengo parte de culpa de que Bárcenas exista"

El cantante, de 68 años, publica sus memorias desde su retiro y conversión a "rockero jubilado", en las que narra una vida de amor, sexo, drogas y sobre todo, rock&roll

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'Desde luego, a ti Miguelín, que te quiten lo bailao'. La frase la pronunció la madre de Miguel Ríos en una de las peripecias que el cantante relata en sus memorias ‘Cosas que siempre quise contarte' (Editorial Planeta). Sexo, drogas y rock&roll son algunos de los ingredientes inevitables de su historia, como buen rockero. 'Keith Richards hubiera sido un simple guitarrista si no se hubiera esnifado las cenizas de su padre', explica divertido. Con su retiro llegó la calma y el tiempo necesario -ha tardado un año y cinco meses en escribir él mismo el libro- para contar su historia. Ahora Ríos es un rockero jubilado ya que decidió abandonar los escenarios cuando se percató de que se estaba convirtiendo en 'una caricatura' de sí mismo. 'Tenía la necesidad de contarme mi propia vida. Yo no sabía cosas que me habían pasado. Como que la Rolling Stone me había puesto a parir en Estados Unidos', revela.

La discreción, una de sus máximas en su vida, no ha evitado que cuente episodios ocultos y muy oscuros, como cuando fue detenido por la Brigada Especial de Estupefacientes por fumarse un canuto. 'Fue lo más jodido que he vivido nunca. Perdí mi dignidad, mi personalidad. No importaba que media España estuviera pendiente de ti. Te trataban como si no fueras nadie'. Pasó varias semanas en un calabozo infame presionado por las autoridades para buscar nombres y una confesión. Ríos, finalmente, forzado por las circunstancias, se rindió y ‘cantó', delatando a dos de sus compañeros. 'Nunca logré dejar atrás del todo el amargo sabor de la delación forzada ni la insufrible vergüenza del momento en que firmé una declaración sin mirar lo que firmaba. ¿Cómo habría sido yo si no me hubieran doblegado?', se pregunta en el libro el andaluz. 'Pasar por la cárcel es una putada, pero pasar sin gloria es una condena a perpetuidad', explica, tratando de expiar su pecados. A día de hoy, al recordar el episodio, aún se confiesa 'acojonado'.

Su estancia en la cárcel fue el momento más 'jodido' de su vidaRíos fue la envidia de los futbolistas por su éxito con la mujeres. 'Recuerdo la envidia con que me miraban algunos de mis amigos exfutbolistas cuando llevaba a alguna novieta o ligue ocasional para que tomara el sol mientras jugábamos al fútbol en la Ciudad Deportiva del Real Madrid. La lubricidad de sus miradas cuando preguntaban: ‘Te estás hinchando, ¿no?''. Un día su madre le visitó por sorpresa cuando aún era un adolescente que se buscaba la vida en Madrid. Sonó el timbre y Ríos se quedó petrificado al saber que era su madre: 'Me quedé acojonado porque habíamos ligado con unas chicas de Guinea y estaban sobadas en nuestras camas. Pegué un bote que casi se rompió la cama'. ‘Si llega a entrar en mi habitación y ve el panorama, le da algo y se muere'', recuerda. 'Recuerdo la envidia con que me miraban  mis amigos exfutbolistas cuando llevaba a alguna novieta o ligue ocasional'

Atrás quedaron los multitudinarios conciertos, las giras internacionales, los partidos de fútbol con Di Stéfano, las noches de desenfreno y las drogas, como la cocaína o el LSD. 'Siempre fui respetuoso con las drogas duras. Mi cortapisa fue que las drogas no me jodieran la garganta. Quien se mete mucha canta como el culo. La heroína no iba conmigo, era una droga frustrante y nada creativa', explica. Su cima artística la sitúa en la época de la gira de ‘Rock en el Ruedo'. Pese al fracaso económico que supuso aquella aventura, el artista recuerda los conciertos en grandes recintos como 'momentos que parecen más grandes que la vida'. Sin embargo, no se muestra para nada nostálgico: 'La nostalgia no tiene valor, es una pérdida tiempo. Es como hacerse una paja sabiendo que no te puedes correr'.


En el libro tampoco pasa por alto uno de los episodios más amargos que tuvo que vivir por su implicación política, su apoyo a Zapatero en el conocido como ‘Clan de la ceja'. 'Zapatero fue el tipo que mejor me ha caído después de Felipe. Era muy creíble, muy emocionante ver su fragilidad, pero no tuvo cojones de decir ‘elecciones generales''. 'La nostalgia no tiene valor, es una pérdida tiempo'Ahora dice que a su 'corazón de izquierdas' le duele ver 'la desfachatez del poder y la escalada de la desigualdad'. 'Nadie ha votado para que sean gobernados por los mercados', lamenta. El cantante recrimina también el letargo de una sociedad que permanece callada ante los abusos del poder y se limita a 'tímidos escarceos'. 'Yo tengo parte de culpa de que Bárcenas exista, porque no lo he impedido', alerta, entonando el mea culpa en primera persona del plural. 'Zapatero fue el tipo que mejor me ha caído después de Felipe'

La crisis económica que vivimos en la actualidad complicaría mucho que la historia del chico que huye de Granada para buscarse la vida en la música se volviera a repetir . 'Hay gente que canta igual o mejor que Alejandro Sanz que nunca podrá hacer un disco', lamenta. 'Ahora mismo hay mucha más información, la gente se sigue metiendo en la música. Yo me metería seguro, lo único que habrían poquísimos elementos que me dijeran que yo podría vivir de la música en este momento actual. Tendría que ser algo como un hobby, o un segundo trabajo'. Una crisis que puede truncar sueños. De nuestra mano está, según explica, el cambio. 'No nos escaqueemos de nuestras responsabilidades', zanja.