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El Madrid se desune

Frente a un Sevilla imperial, el equipo de Mourinho se queda a ocho puntos del Barça y no soluciona la tristeza de Cristiano (1-0)

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Sevilla no fue jauja esta vez para el Madrid. Las últimas temporadas se emborracharon con goleadas que ya parecían para toda la vida. Pero esta vez salió de Sevilla calentito e infeliz con un resultado que desune y le deja a siete puntos del Barça. Jugó sin pasión ante un equipo apasionado como el Sevilla con corazón, cerebro y estómago. Su oferta no fue el talento, sino el compromiso, una responsabilidad terrible con una noche destinada a capturar al Madrid en el Sánchez Pizjuán. Convirtió el partido en la pesadilla que insinuaba su alineación. Míchel sacó a Maduro y Medel, dos exigentes mediocentros capaces de llenar el campo de alfileres. Hay partidos en los que no son peores que nadie sin necesidad de usar apenas el balón. El tercer mosquetero fue Trochowski que tampoco es una obra de arte con la pelota. Pero no pasó nada esta vez. No era el partido que necesitaba el Sevilla para sacar de quicio al Madrid. Su victoria estaba en las uñas, no en la pelota.

Frente a un ejército de ese tipo, el Madrid se enfrentó a una dura noche. Las malas noticias llegaron a los dos minutos. Entonces Trochowski encontró máxima libertad en el área. Nadie le incomodó en la fusilada a Casillas. Los defensas esperaban a Negredo y apareció Trochowski, un futbolista que no se automargina en ninguna parte. El gol presentó un partido soberano para el Sevilla, que logró lo más difícil casi sin proponérselo. Quedaba un mundo, es verdad, pero el Madrid tardó una hora en aparecer. No lo hizo hasta la segunda parte cuando salió Modric sin la resignación de los demás. Jugó sin fronteras. Tiró a gol en voz alta e imaginó unas posibilidades desconocidas para el Madrid en la primera parte, que quedó en un cargo de conciencia. No tuvo más oportunidad que un disparo de Higuain a los 21 minutos. Incordiado por Spasic, tiró a todas partes menos a portería. Fue el reflejo de un Madrid, que necesitaba entrar rápido en el quirófano. Por eso salió Modric, que tal vez pueda ser un fichaje más importante de lo que parece.

La segunda parte fue otra cosa. El Madrid despejó la cabeza. Mourinho sacó a Di María y Özil, a los que no se pudo poner ni cara ni ojos ni nombre y apellidos. Vivieron en otro mundo y ni siquiera tuvieron la actitud de Cristiano que, al menos, casi siempre lo intenta. Otra cosa es que en un Madrid así fuese un hombre feliz, algo difícil, incluso en la segunda parte cuando la responsabilidad de la remontada se colgó en los hombros de Modric. No fue una mala elección. En medio de las prisas, descubrió que la pausa existe. Jugó sin miedo y hasta tiró una vez a la madera de Palop, en el que hizo más daño que Higuain en tres o cuatro intentos. No fue Higuain, en cualquier caso. Jugó con dolor de muelas y se alocó al disparar a gol. No lo hizo él, sino el diablo que lleva dentro. Así que no hubo manera de levantar a un Sevilla sacrificadísimo y ordenadísimo en el que menos mal que, de vez en cuando, aparecieron Navas y Ravkitic para recordar viejos valores con la pelota.

No fue fácil de reconocer el Madrid. Hasta Pepe hizo gestos pidiendo cabeza a sus compañeros en el último cuarto de hora. Pero entonces ya quedaba poca gente docente. La noche era del Sevilla, que se sentía en el paraíso con todo el motivo. Se sentía protegido por Medel y Maduro, esas cumbres borrascosas que anularon totalmente la paciencia de Xabi Alonso. No fue el Madrid oficial, en realidad. Jugó, para empezar, con un uniforme extraño pero, eso sí, prometedor con el color verde esmeralda. La publicidad, sin embargo, fue falsa. La única publicidad es el pesimismo. La sensación que se saca del Pizjuán es que la tristeza de Ronaldo no es accidental. No salió nunca de un uno contra uno. No se enfadó siquiera. Cicincho, un lateral estupendo, fue siempre más fuerte que él. Y todo eso procuró un futbolista a la deriva, que no llamó a nadie al orden en la segunda parte, no tiró desde ninguna parte y, por supuesto, no anuló la imbatibilidad de Palop. No pasó nada más que es la segunda derrota del Madrid en cinco partidos.

La nómina de oportunidades fue respetable en la segunda parte. Podía haber sido, incluso, suficiente. Pero los goles hay que meterlos. Aún más frente a un Sevilla, que no fue de carne y hueso, sino de acero, en una noche en la que se comportó como si fuese un ciudadano alemán. Jugó al milímetro, llegó a tiempo a todos lados y descubrió que un equipo, con dos mediocentros como Medel y Maduro, también puede ganar al Madrid. La duda era alta, incluso en la grada del Sánchez Pizjuán, donde la reputación de Míchel casi siempre se ha puesto bajo sospecha. Pero una noche como ésta une para toda la vida. Quizá tanto como puede desunir en un Madrid en el que Cristiano buscó en el descuento lo que no pasó en el tiempo reglamentario. El destino no le hizo caso. Su golpe franco volvió a irse al cielo. Parecía que había disparado otra vez Higuain que, a diferencia de los demás, lo intenta hasta en un pozo sin fondo. Pero no. Era Cristiano el que lo intentaba desesperadamente....

Sevilla: Palop; Cicinho, Botia, Spasic, Fernando Navarro; Maduro, Medel, Rakitic (Del Moral m. 61), Trochowski (Kongdobia m. 85) ; Navas y Negredo (Luna m. 70).

Real Madrid: Casillas; Arbeloa (Callejón m. 64), Pepe, Ramos, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso; Di María (Benzema m. 46), Özil (Modric m. 46), Cristiano; Higuain.

Goles: 1-0 M. 3. Trochowski fusila a Casillas tras un corner.

Árbitro: Undiano Malluenco. Amonestó a Higuain, Fernando Navarro, Di María, Pepe, Ravkitic,

Estadio: Sánchez Pizjuán.