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Secuelas del 'Alcorconazo'

Mañana se cumple un año del terremoto que condenó a Pellegrini

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El caos genera nuevos órdenes, dicen los físicos, igual que los terremotos originan paisajes orográficos nuevos. Mañana se cumple un año del que padeció el Madrid en Alcorcón, del esperpento copero que condenó a Pellegrini y, a su vez, empezó a preparar el camino para la llegada de Mourinho. Aquel 4-0 fue un seísmo en el corazón del proyecto de Florentino Pérez en su regreso. Una hecatombe desde la que se empezó a perfilar este Madrid que ahora reside en un estado de bienestar general bajo la dirección técnica del portugués. 'En Alcorcón empezó y terminó la temporada', reconoce Albiol como resumen final del curso anterior. 'Es mejor no recordar aquello, estamos en la semana del optimismo', dicen en el club.

La debacle se produjo en las antípodas del Madrid, fue ante un club de Segunda B y de la periferia de la capital, ante una entidad que sobrevive con parámetros muy alejados del modus vivendi que identificaba el nuevo y opulento proyecto. Florentino Pérez acababa de invertir 254 millones de euros en fichajes y un equipo de parias hizo tambalear su megaproducción con las persianas del curso recién levantadas. Todo eso elevó a la enésima potencia la dimensión del bochorno. Tanto, que hasta Mourinho aún lo tiene presente. Por si acaso, el portugués ha concentrado al equipo un día antes, no como hizo Pellegrini, y advirtió el sábado, con Benzema en su punto de mira, a los no habituales que saltarán hoy en Murcia: 'Si a mí me hacen lo de Alcorcón, están muertos; les pongo la cruz'.

Desde aquel fatídico 27 de octubre, Pellegrini afrontó el resto de la temporada entre los escombros de esa derrota histórica que, a la vez, empezaron a conformar, pese a la formidable Liga firmada, ese nuevo paisaje del madridismo que tiene a Mourinho como elemento principal. Desde aquel día negro en la historia madridista, Florentino Pérez perdió la poca confianza que por entonces ya tenía en el entrenador chileno. El nombre de Mourinho empezó a sobrevolar en los despachos. 'Ojalá Mourinho tenga el apoyo que necesita un entrenador', ha dicho Pellegrini, que reapareció públicamente el domingo en una entrevista concedida a La Tercera de Chile.

En Alcorcón, el Ingeniero empezó a cavar su tumba; el Lyon acabó por enterrarlo. Pérez, que presenció el bochorno desde el palco de Santo Domingo, empezó a ejecutar un pensamiento que le rondaba la cabeza desde que volvió a ocupar la zona noble del Bernabéu: la galaxia, para un entrenador galáctico, aunque eso supusiera conceder a un técnico el poder que ningún otro tuvo antes con él. Y aunque también supusiera que Valdano, su mano derecha más visible, tuviera que dar un paso a un costado en las cuestiones técnicas que debatía frecuentemente con Pellegrini.

La desastrosa noche alcorconera también hizo estragos en el plantel. Casi la mitad del once blanco que formó en Santo Domingo ya no se cambia en Vadebebas. Metzelder, Drenthe, Van der Vaart, Raúl y Guti no están en la plantilla. Tampoco Van Nistelrooy, que entró en el segundo tiempo. El holandés fue el primero en ver la puerta al marcharse al Hamburgo en el mercado de invierno, pero los más tocados fueron Guti y Raúl, dos iconos del madridismo.

Guti le sacó un dedo desde el banquillo a varios aficionados que le increparon después de tener una acalorada discusión con Pellegrini, que le mandó tranquilizarse y le dejó en la ducha. Desde entonces, Guti entró en una espiral de lesiones sospechosas y de actitudes que le apartaron del equipo cerca de dos meses y medio, y reapareció el 10 de enero ante el Mallorca. Raúl, que había empezado la campaña de titular, tardó un par de partidos más en pagar las consecuencias del ridículo copero, pero entró a formar parte de manera definitiva del banquillo. El Alcorconazo fue tan devastador para Raúl que aceleró su transición desde la hierba hacia la suplencia. Juanito, Camacho o Santillana, por poner un ejemplo de otros símbolos, no sufrieron ese abrupto cambio.

Ese terremoto se llevó por delante dos símbolos el madridismo y un proyecto que ya nació cargado de ansiedad. Después de esa noche aciaga, se generó tanto caos en el Madrid que generó un nuevo orden. El de Mourinho.