Publicado: 10.11.2016 13:52 |Actualizado: 11.11.2016 07:00

La precariedad laboral aboca a la Seguridad Social a otra debacle

Hasta finales de septiembre sólo se había cubierto un 65% del presupuesto anual de recaudación por cotizaciones, el porcentaje más bajo registrado ese mes desde el inicio de la crisis.

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Una oficina de la Tesorería de la Seguridad Social

Una oficina de la Tesorería de la Seguridad Social

MADRID.- Las maltrechas cuentas de la Seguridad Social tienen muchas papeletas para darse un nuevo batacazo en 2016. A 30 de septiembre, sólo se había cubierto un 65,22% de la recaudación por cotizaciones prevista para todo el año. Al menos desde el inicio de la crisis, nunca el porcentaje a esa fecha había sido tan bajo.

Que se incumpliera el presupuesto de ingresos de la Seguridad Social no constituiría ninguna novedad, pues así viene ocurriendo ininterrumpidamente desde 2009. El peor año fue el pasado, en que sólo se alcanzó el 90,43%, según la liquidación provisional publicada en la página web del Ministerio de Empleo.



Distintas voces advirtieron en su momento de que la recaudación para 2016 estaba hinchada y de que, en consecuencia, el déficit sería mayor de lo anunciado. La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) se pronunció en ese sentido, con el consiguiente disgusto del Gobierno.

El tiempo, sin embargo, está dándole la razón. A tres meses del cierre del ejercicio, las cuotas habían aportado al sistema 76.467 millones de euros, menos de dos terceras partes del objetivo del año (114.242 millones). La última vez que se cumplió el presupuesto, en 2008, la cobertura a 30 de septiembre era del 77,32%.

El hecho de que los ingresos de la Seguridad Social crezcan menos de lo previsto obedece a que la generación de empleo está siendo inferior. Entre enero y septiembre de 2016, el número de afiliados aumentó en 403.621, frente a los 633.827 contabilizados en el mismo periodo del ejercicio anterior.

Además, los nuevos empleos se caracterizan, en general, por un alto grado de temporalidad y sueldos bajos, como viene ocurriendo desde el inicio de la crisis. Y ambas circunstancias, unidas a las bonificaciones de las que disfrutan los empresarios, tienen un impacto negativo directo sobre la recaudación.

La ministra de Empleo, Fátima Bañez, durante el acto de renovación al frente del departamento, al que han asistido varios de sus compañeros en el Consejo de Ministros. EFE/Zipi

La ministra de Empleo, Fátima Bañez, durante el acto de renovación al frente del departamento, al que han asistido varios de sus compañeros en el Consejo de Ministros. EFE/Zipi

La situación se complica porque el grado de ejecución de los gastos es más alto que el de los ingresos (68,97%) y está en línea con el de los últimos años. Su destino principal es el pago de las pensiones, entre las que destacan las de jubilación, que costaron 56.629 millones de euros hasta septiembre, un 4,09% más que en 2015.

El Gobierno ya reconoció implícitamente este verano que las cuentas de la Seguridad Social no iban bien, al retirar del Fondo de Reserva 9.700 millones de euros para afrontar la paga extra de julio y las retenciones a cuenta del IRPF. El año anterior, había hecho falta bastante menos dinero: 6.530 millones.

Según las últimas previsiones enviadas a Bruselas por el Gobierno, el déficit podría rondar a 31 de diciembre los 18.000 millones de euros, lo que daría la puntilla a la hucha de las pensiones, dotada con 66.800 millones cuando Mariano Rajoy llegó al poder a finales de 2011 y de la que hoy apenas queda una tercera parte.​