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Derribadas las chozas de los sin papeles de la fresa

El Gobierno desaloja a 56 inmigrantes de dos campamentos en Moguer (Huelva)

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Sory, de 27 años y de Guinea Conakri, dormita sobre un colchón mientras murmura cabreado: 'Mañana me voy'. A su lado, sentado con gesto resignado en una silla de plástico, su compatriota Billy, de 30, mira a través de sus gafas oscuras al lugar donde hace sólo unas horas se levantaba su choza, armada frágilmente, como todas las demás, con tubos, palos y plásticos.

'Salimos a las seis de la mañana a buscar trabajo y al volver nos encontramos todo en el suelo', protesta Billy. 'Ni siquiera han sacado mi ropa' de la choza, se lamenta Sory.

Consultada por Público, la Subdelegación del Gobierno en Huelva confirma que 56 personas fueron 'desalojadas' este lunes en dos fincas de Moguer, sin especificar cuáles, después de que el Ayuntamiento presentase una denuncia 'hace dos semanas'. La patronal Interfresa responsabilizó la pasada semana a estos asentamientos, levantados sin control al margen de la legalidad, de la mala imagen del sector.

Sory y Billy no fueron los únicos en ver cómo su choza era pasto del brazo mecánico del tractor en el asentamiento de la finca de Las Madres, en una zona fresera de Moguer, donde viven en condiciones insalubres unos 150 subsaharianos, muchos sin papeles, a la espera de una oportunidad.

Allí sólo la ayuda de Cruz Roja y Cáritas garantiza la comida. Las bolsas de basura se acumulan por centenas. El agua potable la cede el dueño de una finca vecina. Cunde la desesperación por la falta de trabajo, más ahora tras el fin del boom del ladrillo y con los contratos en origen reduciendo al mínimo sus expectativas en el campo.

'Si tuviera dinero me volvería a Costa de Marfil', resume Hamidou, un sin papeles de 19 años que ya ha pasado por un centro de internamiento en Tenerife y ha sufrido antes el paro en Burgos y Córdoba.

En ese desolador panorama irrumpió este lunes, sobre las 11.30, un tractor conducido por un empleado del Ayuntamiento de Moguer y escoltado por una quincena de guardias civiles y una patrulla de la Policía Local. Echó al suelo al menos ocho chabolas después de que sus ocupantes sacaran a toda prisa sus posesiones: colchones, algo de ropa y poco más... No hubo resistencia, ni detenciones. Alrededor de la una el tractor se averió y el derribo cesó.

Lo absurdo es que, salvo los que tienen previsto probar suerte en la campaña de la manzana de Lleida, el resto asume el derribo como parte del juego: ellos derriban, nosotros levantamos de nuevo... 'Estamos aquí para no molestar a nadie. No tenemos alternativa. En la ciudad no podríamos pagar el alquiler', dice Moussa Diarra, maliense de 27 años. 'He estado mal psicológicamente. Mi familia me llama y les tengo que decir que no puedo mandar dinero', dice Aliou Traore, maliense de 28 años. Gracias a sus papeles, Aliou ha trabajado nueve horas desde marzo, a seis euros la hora. Allí es casi un afortunado.