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El geriátrico de Olot se exculpa de los 11 crímenes

La dirección del centro afirma que nunca tuvo sospechas

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La dirección del geriátrico La Caritat de Olot (Girona) aseguró ayer que durante el año y dos meses que el celador Joan Vila asesinó a 11 internos no detectó ningún indicio que les hiciera sospechar que algo estaba pasando. Y eso que 12 de los 15 ancianos muertos en 2010 en el centro murieron durante el turno del cuidador y dos de ellos antes de destaparse el caso perdieron la vida después de darles un líquido corrosivo.

El director del centro, Joan Sala, también afirmó que nadie había detectado que Vila consumiera alcohol durante su jornada laboral. Tampoco supo aclarar cómo un auxiliar de enfermería tenía acceso a los medicamentos barbitúricos e insulina con los que mató a las ocho primeras víctimas. 'Quien los prepara es la enfermera, el auxiliar se ocupa de que los internos los tomen. Es difícil que una persona que trabaja en un centro abierto no tenga en un momento acceso a los medicamentos', dijo.

Aunque Sala y el abogado del centro, Joan Cañada, insistieron en que se han seguido los protocolos al pie de la letra, acabaron admitiendo que están revisando los controles internos para evitar que vuelvan a suceder casos de estas características. También defendieron la actuación de la doctora del geriátrico y de los otros médicos que certificaron la muerte de cuatro de las víctimas. 'Una cosa es que el cuerpo no demuestre signos externos de violencia y la otra que la autopsia detecte que hay una substancia que esta persona no se ha tomado', puntualizó Sala.

Aún así, el director afirmó que el centro asumirá la responsabilidad civil del caso y que indemnizará a las familias de las víctimas: 'Tenemos un seguro, sino es suficiente encontraremos los recursos necesarios'.

Los psiquiatras descartan que Vila sufra un trastorno de personalidad. 'Es un asesino en serie que se merece la máxima de pena posible', asegura el psiquiatra Jaume Cañellas. Según este experto una persona que tiene un discurso coherente, que se acuerda de detalles, como qué medicamentos mezcló para matar a las víctimas, no sufre ni esquizofrenia ni trastorno bipolar. 'Es un hombre frío, falso, 'seductor' y con una personalidad perversa muy camuflada'.

Para Cañellas, aplicar un tratamiento psiquiátrico a este perfil de persona es 'inútil porque no cambiará su personalidad'. Una opinión similar tiene la psiquiatra Anna Ferrés que asegura que, aparentemente, Vila no parece una persona con trastorno de personalidad. El hecho que cambiara el sistema para matar a los internos, de pastillas a líquidos corrosivos, explica Ferrés, deja claro que no es un enfermo sino 'una persona sin escrúpulos'.

También los abogados de las familias de las víctimas insisten que Vila era muy consciente de los hechos, mientras que los familiares prefieren no hacer declaraciones hasta que se cierre la investigación.

Además, el presidente del Colegio de Médicos de Girona, Benjamí Pallarès, se reunirá próximamente con responsables de la Audiencia de Girona, la fiscalía y el Instituto de Medicina legal de Girona para esclarecer cómo ha podido suceder un caso de esta magnitud sin que nadie detectara nada y buscar mecanismos de control para evitar que vuelva a repetirse.