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¿Brexit del duro o del blando?

Con un Parlamento sin mayorías, las negociaciones sobre la salida de los británicos de la Unión Europea se complican por la falta de un liderazgo “fuerte y estable”

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La bandera de la UE ondea cerca del Parlamento británico y el Big Ben, en una marcha a favor de la UE en Londres. REUTERS/Peter Nicholls

Los británicos han rechazado en las urnas el planteamiento de los conservadores de liderar las negociaciones sobre el Brexit con mano dura. “Es mejor no tener acuerdo a tener uno malo”, ha repetido hasta la saciedad la líder de los tories, Theresa May, que ha perdido su mayoría absoluta y se ve obligada a pactar con un partido conservador minoritario que no apoya su visión sobre un hipotético “brexit duro”.

Las negociaciones deberían comenzar el próximo 19 de junio, según lo acordado con la UE, mientras que organizaciones por los derechos de los ciudadanos europeos, como The 3 Million, se muestran “más optimistas que nunca”.

May ya ha comunicado que habrá acuerdo con los unionistas de Irlanda de Norte, el DUP, para conseguir una mayoría en la Cámara de los Comunes y conservar así su puesto en el número 10 de Downing Street. El DUP, tildado por muchos como un partido homófobo, muy conservador y a favor de una salida “suave” de la UE, ha conseguido 10 de los 18 escaños en esta zona del país, donde la opción del Brexit perdió por mayoría en el referéndum de junio del año pasado.

Las conversaciones entre la UE y Londrese deberían comenzar el 19 de junio, si todo sigue según lo pactado

Sin embargo, el sistema de votación electoral basado en el first past the post, en el que las proporciones del voto se pervierten hasta límites insospechados, ha hecho que este partido conserve una posición privilegiada tanto en el parlamento de Irlanda de Norte como en el británico, siendo la clave del nuevo Gobierno de May.

Implicaciones de los resultados en el Brexit

A pesar de que su campaña se centró en remarcar su “fuerte y estable liderazgo por el interés nacional”, Theresa May ha conseguido el efecto contrario en estas elecciones. Una de sus principales bazas, que pudo ser eclipsada por la campaña del laborista Jeremy Corbyn, fue convencer a los británicos de que ella era la mejor opción para conseguir un buen acuerdo ante la Unión Europea. Pero las urnas le han despertado de su dulce sueño.

“Sigue existiendo una incertidumbre absoluta”, explica para este diario el profesor de derecho de la Universidad de Bristol, Albert Sánchez-Graells, quien ha promovido por la ciudad diferentes talleres para discutir cómo el Brexit va a afectar a los ciudadanos europeos. “Hay que ver en qué términos va a pactar el DUP con los tories. ¿Van a formar coalición? ¿Les van a apoyar solo para la investidura?”, continúa. En términos de derechos de los ciudadanos europeos, “la situación no ha cambiado mucho con estos resultados, falta todavía un alto grade de concreción”, sentencia Sánchez-Graells. Aún así, el hecho de que los unionistas quieran una salida de la UE tranquila hace que los ánimos entre la ciudadanía europea sea más optimistas.
Es el caso del portavoz de The3Million, Nicolas Hatton, quien se muestra mucho más positivo. “Estamos un paso más cerca de conservar todos nuestros derechos” como ciudadanos de la Unión Europa, comenta. "Es el mejor resultado realista con el que nos podíamos despertar esta mañana”, afirma. Su organización, que ha hecho numerosas campañas a lo largo del país para visibilizar la contribución de los más de tres millones de ciudadanos europeos en el Reino Unido, como el apoyo de One Day Without Us o la visita masiva al Parlamento británico para presionar a los diputados de cada territorio, se muestra “más optimista que nunca”. “Theresa May ya no está en condiciones de cruzar nuestras líneas rojas”, no al menos, apunta, “con los ciudadanos europeos que a día de hoy viven ya en Reino Unido o los británicos fuera”.

Y entre los líderes europeos que se han pronunciado al respecto, está el presidente de Suecia, Carl Bildt, que quien ha dicho en la red social Twitter: “Será un año complicado para el Reino Unido en los próximos años. Un lío corre el riesgo de seguir a otro. Es el precio a pagar por falta de un verdadero liderazgo”.

Un retraso en las negociaciones

El calendario de las negociaciones podría verse afectado a juicio del profesor Sánchez-Graells. “Aunque el inicio de las conversaciones están previstas para el 19 o 20 de junio, la UE no tendría problemas en retrasarlas si así lo pide el nuevo Gobierno británico”, señala para este diario. Y aunque May ya ha dicho que seguirá adelante con la agenda establecida, Bruselas también puede posponer la negociación si no ve un claro liderazgo.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Reino Unido aún no ha dicho nada sobre las dos cuestiones fundamentales que la Unión Europea ha puesto ya encima de la mesa y sobre la que quieren llegar a acuerdos antes de hilar más fino: la primera, sobre el coste de salida, o lo que se ha denominado “la factura del divorcio”; la segunda, la consolidación de los derechos de los ciudadanos de la UE.
Y con este panorama, el presidente del Consejo de Europa, Donald Tusk, ya ha dicho que el artículo 50 del Tratado de Lisboa ya se ha activado y que, aunque no sabe cuándo van a empezar las negociaciones, sí sabe cuándo deben terminar, para marzo de 2019.

Posibles opciones para la salida de la UE

Los posibles escenarios a partir de aquí, son múltiples, aunque unos más probables que otros. El primero, continuar con el hard Brexit; podría ocurrir que los conservadores capitalizaran el apoyo de los unionistas para llegar a Europa mostrando una mayoría absoluta, algo que no parece muy descabellado pero tampoco muy probable después de su batacazo en las urnas y no sería creíble para la UE.

Una segunda opción, la más razonable si se interpretan bien los resultados electorales, es llevar a cabo a softer Brexit, unas negociaciones más suaves, con apoyos de los laboristas; atendiendo a los datos, orbyn ha ganado con amplia mayoría en los territorios que fueron de los conservadores en las últimas elecciones de 2015 pero donde ganó la opción de la permanencia en el referéndum del año pasado.

Un tercer escenario, podría ser el de acogerse al EFTA, la Asociación Europea de Libre Comercio, como Noruega o Suiza; aunque es poco probable, podría ser una forma de transicionar hacia un acuerdo más grande si no hay consenso al principio. Otro de los planteamientos es convocar un segundo referéndum al final de las negociaciones, para comprobar que la sociedad británica aprueba los términos del mismo. Y en última estancia, arrepentirse y dar marcha atrás, algo que está prácticamente descartado pues el Parlamento británico ya votó a favor de la salida.

Está claro que estás elecciones se han jugado sobre el tablero de los resultados del referéndum sobre la permanencia o no del país en la UE. Y ahora, las consecuencias se palpan. La ciudadanía británica ha mostrado en las urnas su rechazo a la interpretación de la extrema derecha y gran parte de los tories de que el Brexit significaba más fronteras y menos inmigración. Las posiciones han cambiado, y ahora los ciudadanos europeos pueden estar un poco más tranquilos, aunque queda mucho por delante. La encrucijada siga estando servida.