Publicado: 06.03.2016 12:18 |Actualizado: 06.03.2016 12:29

Cuatro meses después España solo ha acogido a 18 refugiados de los 17.000 que se comprometió

Para este año, hay aprobado un cupo de 1.500 personas vía reasentamiento de fuera de las fronteras europeas, y de 16.231 más procedentes de Italia y Grecia

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Unos refugiados esperan al norte de Grecia entrar en Macedonia.- EFE

Unos refugiados esperan al norte de Grecia entrar en Macedonia.- EFE

MADRID.- A punto de cumplirse cuatro meses desde la llegada del primer grupo de refugiados que según la UE le correspondían a España, las 18 personas que lo componen (17 eritreos y un sirio) aprenden a vivir en Logroño, Valladolid, Bilbao y Madrid, estudian español y tratan de olvidar el drama dejado atrás. España se comprometió, dentro del programa de acogida de la UE, a recibir a más de 17.000 refugiados del programa de reubicación.

De momento, para este año, hay aprobado un cupo de 1.500 personas vía reasentamiento de fuera de las fronteras europeas, y de 16.231 más procedentes de Italia y Grecia, recuerda a Efe Mónica López, responsable de acogida de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Pero sólo han llegado 18. "Si el sistema de reubicación está fallando, que se revise, pero no se pueden mantener las fronteras como se está haciendo", advierte López.

Las 18 personas acogidas en España desde el noviembre pasado conforman un grupo heterogéneo. Las cuatro mujeres eritreas reubicadas en el centro de acogida de Cruz Roja de Logroño "son tímidas y reservadas, muy introvertidas", asegura a Efe la coordinadora del centro, Isabel Manzanos. Tienen poco nivel formativo y se dedicaban a hacer tareas del hogar en su país, donde se violan todos los derechos humanos.

Gracias a la ayuda de psicólogos y trabajadores sociales, estas mujeres tratan de sobrevivir, y si pueden olvidar, algunos de los peores capítulos de su proceso de huida hasta su llegada al puerto italiano de Lampedusa.

Pasan muchos meses desde que una persona sale de Eritrea y alcanza las costas europeas y, a menudo, caen en manos de traficantes de personas y son testigos de la muerte de muchos compañeros. A las jóvenes de Logroño les gusta pasear por El Espolón, los talleres de relajación y de cocina. Una de ellas tiene claro que quiere ser peluquera.

Escapando de la atroz represión de Eritrea, lamentablemente conocido por la llegada de los refugiados y por reclutar a los jóvenes —hombres y mujeres— para las unidades militares, llegaron al mismo puerto europeo los tres jóvenes que viven en un piso de CEAR en Bilbao. También los seis que están en un centro de esta misma ONG en Getafe (Madrid) y las tres personas acogidas en Valladolid por la Asociación Comisión Católica Española de Migraciones (Accem).

Tras las primeras semanas de chequeos médicos e informes psicológicos para evaluar su nivel de vulnerabilidad, los refugiados intentar aprender rápido y se incorporan a la dinámica de los centros de acogida. Porque cuanto antes adquieran su autonomía y capacitación, antes podrán encontrar un trabajo para enviar dinero a sus familias, explica a Efe Mónica López.

Refugiados

Miles de inmigrantes están encerrados sin poder acceder a Macedonia.- EFE

Los jóvenes que viven en el centro madrileño son futboleros y les gusta el atletismo. Por eso, en su proceso de integración participan en actividades vinculadas al deporte. Los que viven en Bilbao "están superimplicados" en las visitas y talleres del Guggenheim y en cualquier otra encaminada a conocer la ciudad.

"Todas son personas solas -dos mujeres y siete hombres- y tienen entre 20 y 30 años; hablan tigriña, no tienen estudios medios ni superiores, pero no son analfabetos y en su país tenían profesiones no cualificadas", explica López.

Y añade que se trata de "gente tranquila, que se conoció en Italia y se adapta muy bien a la situación (...). Sobre todo los chicos habían oído hablar del Barcelona o el Madrid, no creo que supieran algo más de España, pero están contentos". Es verdad que cuando piensan en venir a Europa tienen en mente el norte del continente, "pero sus educadoras nos trasmiten que están muy contentos" en España, asegura López.


Cada día acuden a sus clases de castellano y participan en talleres como huerto ecológico, manualidades, junto a especialistas que les orientan sobre cuál puede ser su medio de vida en España.

Los tres eritreos que viven en Valladolid, de unos 30 años, siguen procesos similares de integración -clases de español y actividades de ocio y cultura- y viven en un piso de Accem. En la mayoría de los casos, los refugiados han sido derivados a estos centros, que reciben subvenciones para realizar estos procesos de acogida, desde la Oficina de Refugio o del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que es el que tiene las competencias de inmigración.

También existen centros de acogida de refugiados gestionados por el Gobierno. La fase de acogida en la que se encuentran dura de seis a nueve meses, dependiendo de su vulnerabilidad.

A los seis meses de solicitar el asilo reciben la autorización de trabajo, que les abriría la vía laboral, pero muchos de ellos no están todavía capacitados, sobre todo si no hablan español.

En la segunda fase, que se prolonga otros seis meses y en caso de los vulnerables hasta once (familias con niños o personas enfermas) los refugiados reciben ayudas económicas para el alquiler, manutención y gastos para garantizar el desarrollo de su vida.

Y hay una tercera fase, o etapa de autonomía, en la que ya pueden generar sus propios ingresos y reciben ayudas puntuales además de mantener el asesoramiento para los trámites de documentaciones (durante 4 ó 6 meses).

"De tal manera que una persona con un itinerario vulnerable estaría apoyada en el programa 24 meses y una no vulnerable 18 meses", aclara la responsable de la comisión de ayuda al refugiado.