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Cuba da voz a sus ciudadanos

Los cubanos se preparan para el mayor debate de su historia. La irrupción de una nueva fuerza política y la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas son las principales polémicas de un foro que busca lograr consensos y una mayor prosperidad económica sin perder los logros sociales alcanzados en estos 50 años.

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Vista del Malecón de La Habana./ EFE

LA HABANA.- Los cubanos se preparan para el mayor debate de su historia, donde deberán decidir el futuro de la nación. Las diferencias de criterio han comenzado antes de que se inicien las asambleas y se centran en quienes tienen derecho a participar y quiénes no. Después vendrán otros temas delicados como el de la pequeña y mediana empresa privada, que despierta fuertes polémicas.

El periódico Granma, controlado por el sector más ortodoxo del Partido Comunista, plantea que sólo deben participar en los debates quienes apoyen el socialismo. Además descarta a todo el que reciba dinero desde el extranjero: “No nos entenderemos con quien venga financiado, respaldado, apoyado, por el dinero anticubano terrorista de Miami o de cualquier otra nación, incluidas las de la vieja Europa”.

Sale al paso una periodista de la provincia de Guantánamo, Lilibeth Alfonso, que cree en "la superioridad del socialismo como sistema social y como forma de justicia social” pero considera que el debate debe incluir a todos los cubanos y tocar todos los temas. “La apuesta por el socialismo debe volver a pasar por el consenso de todos los cubanos”, escribió en su blog.

Las diferencias no radican en la participación de los disidentes tradicionales, que no tienen ninguna influencia social sino en una nueva fuerza política surgida durante los últimos años, Cuba Posible. Esta formación nace bajo el paraguas de la Iglesia Católica pero se desprende de ella y se nutre con intelectuales de todos los sectores, incluso algunos destacados marxistas.

Antes del debate, los blogs más extremistas iniciaron una campaña contra Cuba Posible porque su director expresó su “opinión personal a favor de una Cuba pluripartidista”. A partir de esa declaración los acusan del peor de los delitos, de sumarse a los planes del enemigo: “¿Tienen algo que decirnos desde Cuba Posible sobre esta exacta coincidencia con el objetivo de la política de EEUU hacia Cuba?”, preguntan con suspicacia.

El trasfondo

Los ortodoxos quieren cambiar nada menos que 600 puntos de la propuesta de modelo realizada por el gobierno. Para lograrlo intentaron limitar el debate al reciente Congreso del Partido donde contaban con más fuerza. Sin embargo, la protesta surgió desde la misma militancia comunista, el periodista Francisco Rodríguez de Trabajadores escribió una carta abierta donde expresa que “las transformaciones en marcha y por venir para la sociedad cubana necesitan de mucha más discusión, de una participación masiva y ejemplar”.

Finalmente, se acordó llevar el debate a toda la nación, igual que ocurrió en 2007, cuando Raúl Castro consultó a la población sobre la necesidad de hacer cambios en el modelo económico del país. Entonces realizaron asambleas en barrios, fábricas y centros educativos, en las que participaron más de cinco millones de cubanos y fueron el puntapié inicial que puso en marcha las reformas económicas.

Lo interesante del próximo debate es que, más allá de lo que piensen los intelectuales de uno y otro lado, la gente común podrá defender sus puntos de vista. Para ellos, las ideologías y todos sus “ismos” dicen menos que las urgencias del día a día, por lo que la búsqueda de soluciones a los problemas concretos se pondrá por encima del debate teórico. Igual que en 2007, seguramente los temas que más preocupan al cubano de a pie sean los salarios, la dualidad monetaria, los precios de los alimentos, la vivienda, el transporte y los espacios de diversión.

El tema candente

Entre los temas más candentes está la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas, las que hoy existen camufladas bajo el manto legal de las cooperativas y trabajadores autónomos. La constitución cubana las prohíbe expresamente cuando veta la “explotación del hombre por el hombre”. Para los ortodoxos se trata de abrir la puerta al capitalismo, consideran que en el socialismo todas las empresas deben estar en manos del Estado.

Raúl Castro y su equipo de gobierno, por el contrario, creen que es necesario “librarse” del lastre de las pequeñas y medianas empresas parar poder dedicar los esfuerzos estatales a administrar eficientemente los sectores estratégicos de la nación, como el turismo, el tabaco, la minería, las comunicaciones, la electricidad, la educación, la salud, etc., los cuales tendrán el mayor peso en la economía y seguirán siendo de propiedad pública.

Paradójicamente, Obama lleva agua al molino de los ortodoxos, redirigiendo su política, abandona a los disidentes y corteja a los nuevos empresarios, autónomos y cooperativistas, esperanzado en que se conviertan en un Caballo de Troya del capitalismo en Cuba. Ya Washington les ofreció créditos por valor de 800.000 dólares, instrumenta cursos de formación y les permite importar y exportar a EEUU, cosa que no pueden hacer las empresas estatales.

Puede parecer que la presión bajo la que debatirán los cubanos el futuro del país es enorme pero medio siglo de enfrentamiento con la mayor potencia del mundo los tiene muy entrenados en soportar situaciones de crisis. Para la gente común, el centro del debate radica en cómo lograr una mayor prosperidad económica individual sin perder los logros sociales alcanzados en estos 50 años.