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El daño psicológico de ser refugiado en Europa

Investigadores de Human Rights Watch han documentado en Lesbos repetidos incidentes de auto-lesión, intentos de suicidio, agresiones, ansiedad y depresión entre los migrantes, que consideran consecuencia de la política de "contención" griega

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Una familia de refugiados descansa tras llegar a la isla de Lesbos tras cruzar el mar desde Turquía en el puerto de Mytilene (Grecia) en 9 de marzo de 2016. EFE/Kay Nietfeld

La esperanza de los miles de refugiados atrapados en la isla griega de Lesbos de alcanzar un lugar del que no necesiten huir se desvanece un poco cada día. Con ella, se va deteriorando la salud mental de quienes llevan más de un año en un limbo migratorio del que no encuentran salida.

La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch ha revelado los resultados de una investigación sobre las condiciones psicológicas de los solicitantes de asilo establecidos en la isla, realizada entre mayo y junio de 2017. Los investigadores han documentado repetidos incidentes de auto-lesión, intentos de suicidio, agresiones, ansiedad y depresión entre los migrantes, que consideran consecuencia de la política de "contención" griega.

Human Rights Watch denuncia que las autoridades griegas hacinan a los solicitantes de asilo, muchas veces en condiciones miserables, para tratar de acelerar el procesamiento de sus peticiones y poder enviarlos de vuelta a Turquía.

La aprobación del pacto migratorio entre la Unión Europea y Turquía, en marzo de 2016, marca para Human Rights Watch el inicio de la interminable espera de miles de demandantes de asilo, que permanecen en las islas griegas desde entonces. Con el acuerdo, Turquía se compromete a admitir el retorno de los refugiados a su territorio, a cambio de millones de euros en ayudas económicas, facilidades en la obtención de visas de la UE para los ciudadanos turcos y la reapertura de las negociaciones para su entrada en la Unión.

Faten (i), procedente de Siria, se sienta a la orilla del mar junto a su nuera, cerca de su tienda en el campo de refugiados de Souda, en la isla de Chios. "Está tardando demasiado. Esta lentitud para traer a toda la familia me asusta", dice Faten. "No tenemos nada que hacer en todo el día, sólo sentarnos al lado de la tienda que comparto con mi nuera, mi hija, y una amiga." /REUTERS/Zohra Bensemra

"No habíamos vivido en una cárcel hasta llegar a Grecia"

El trauma de la guerra puede provocar daños psicológicos que perviven mucho tiempo después de abandonar las fronteras del conflicto.No obstante, el personal médico que trata a los migrantes en las islas de Samos y Lesbos ha asegurado a Human Rights Watch que la sensación de inseguridad y desamparo y la deplorable calidad de vida de los campos han tenido un grave impacto en la salud mental de los refugiados.

"Mi esperanza ha muerto desde que estoy aquí", ha expresado desmoralizada Rabiha Hadji, refugiada kurda detenida en el centro de identificación de Moria, en Lesbos. "Hemos vivido terribles miserias [en Siria], pero nunca hemos vivido en una cárcel [hasta llegar a Grecia]", ha contado a Human Rights Watch.

La incertidumbre acompaña a los refugiados desde su llegada a Grecia. Human Rights Watch explica que, desde la entrada en vigor del acuerdo con Turquía, la calidad del proceso de asilo se ha visto en entredicho, con casos en los que no había intérpretes o asistencia legal para los solicitantes, falta de información sobre los trámites, prórrogas indefinidas de las entrevistas y el constante riesgo de ser detenido o deportado a Turquía.

Representantes de Médicos sin Fronteras han explicado a los investigadores que la dureza de la vida en los campos exacerba los problemas psicológicos que tengan los migrantes y crea otros nuevos. Los oficiales de la organización médico-humanitaria han dicho que la depresión, la ansiedad y la psicosis predominan entre la población refugiada de la zona y han visto un aumento de la auto-lesión y los intentos de suicidio, más agudo desde enero de 2017.

"Voy a un psicólogo y a un psiquiatra cada semana, desde hace un mes. Pero cuando vives en Moria no ayuda", ha dicho a Human Rights Watch un joven afgano que reside en el centro de identificación de Moria, en Lesbos. "Los campos son lugares donde se crea vulnerabilidad", ha apuntado un oficial de la Organización Internacional para las Migraciones.

Políticas inhumanas

La organización defensora de los derechos humanos denuncia que el Plan de Acción urdido entre la Comisión Europea y Grecia en diciembre de 2016 ha hecho que la política migratoria de las autoridades griegas se base en parámetros poco humanos. La Comisión sugirió al Gobierno griego dejar de eximir a los grupos vulnerables de permanecer en las islas durante su solicitud de asilo, limitar los derechos de recurrir la decisión para acelerar la tramitación de las solicitudes y tratar de detenerlos en las islas.

Human Rights Watch alertó en mayo de 2017 de que la UE estaba presionando a Grecia para reducir el número de refugiados a los que identificaba como "vulnerables". Esta categoría se aplica a víctimas de tortura y de trata, personas con discapacidades, menores, mujeres embarazadas y otros grupos más desvalidos y les da derecho a protección especial.

La organización también llama la atención sobre la decisión de devolver a la mayoría de los demandantes de asilo a Turquía, país que no reconoce los derechos recogidos en la legislación internacional sobre asilo a ningún refugiado no europeo. Estas medidas, carentes de compasión, intensifican la sensación de indefensión de los migrantes. 

"Han luchado durante meses y nada ha ocurrido", ha resaltado un representante de Médicos Sin Fronteras a los investigadores. Resume así la frustración de los refugiados retenidos en Lesbos:  "Es el sentimiento de no ser capaces de cambiar nada, de no tener nada que hacer, el sentimiento de desesperación e inutilidad".