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Disculpa simbólica a la generación robada

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'No tienen madre. Aquí nadie tiene madre', dice una cuidadora del albergue gubernamental Moon River a la adolescente aborigen Molly Craig. En 1931, Molly fue separada de su familia con catorce años en Jigalong, en Australia Occidental. Una historia similar a la de casi 100.000 niños australianos mestizos, robados a sus padres entre 1910 y 1970 para ser asimilados por la sociedad blanca de origen europeo.

La vida de Molly, quien escapó de Moon River y recorrió casi 1.500 kilómetros a pie para volver con su madre, fue puesta por escrito por su hija en 1996 en el libro Following the rabbit-proof fence y llevada al cine por el director Phillip Noyce. El éxito de la película dio a conocer internacionalmente uno de los episodios más vergonzosos de la historia australiana del siglo XX, bautizado como la generación robada.

Violación de derechos humanos

El informe nacional Devolvámoslos a casa reconoció en 1997 que la separación forzosa de decenas de miles de niños aborígenes fue una grave violación de los derechos humanos. En los centros de acogida se les decía que eran huérfanos y se les ocultaba la identidad real de sus padres. La mayoría recibió una educación mínima y fueron empleados en explotaciones agrícolas o como servicio doméstico.

El informe encargado por el Gobierno laborista incluía 54 recomendaciones, entre las que destacaba la compensación de las familias afectadas, la reagrupación familiar y una declaración de perdón por parte del Ejecutivo de Canberra.

La disculpa ha llegado once años más tarde. Es simbólica porque no va acompañada de una compensación económica. Pero deja la puerta abierta a ésta y es un paso más en la voluntad gubernamental de reparar los pisoteados derechos de la población indígena.

Los aborígenes, habitantes de la isla desde hace 25.000 años, fueron perseguidos, explotados laboralmente, expulsados de sus tierras y confinados a reservas por los colonizadores ingleses. Las enfermedades y la introducción del alcohol contribuyeron a diezmar la población.

De los entre 350.000 y 700.000 aborígenes que se estima que vivían en Australia cuando el Capitán JamesCook llegó a la isla en 1770, hay en la actualidad poco más de 200.000 y constituyen sólo el 2,4% de la población total. Pese a las recientes leyes antidiscriminación, pocos escapan de la marginación social y laboral.