Publicado: 09.11.2016 23:58 |Actualizado: 10.11.2016 14:57

EEUU espera una transición pacífica del poder tras el 'shock' de Trump

Obama se reúne con el republicano para cederle el testigo tras unas elecciones que no se han caracterizado por la normalidad. Los meses que ha durado la carrera presidencial dejan una sociedad dividida y sumida en una profunda crisis de valores. Pero tras conocer el resultado, todas las partes se han mostrado dispuestas a colaborar para reconstruirla.

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Protesta contra de la elección de Donald Trump frente a la embajada estadounidense en Londres. / EFE

Protesta contra de la elección de Donald Trump frente a la embajada estadounidense en Londres. / EFE

WASHINGTON.- Tras el shock que supuso anoche la victoria del candidato republicano Donald Trump, Estados Unidos empieza a pensar en el futuro. El presidente electo debe hacer frente a la tarea de intentar unir a todos los ciudadanos en torno a su figura. Se dice que si algo caracteriza a este país es que tras unas elecciones, gane quien gane, todos (políticos y sociedad civil) reman en la misma dirección. Lo que ocurre es que ni esta campaña ni estas elecciones se han caracterizado por la normalidad. Los meses que ha durado la carrera presidencial dejan una sociedad dividida y sumida en una profunda crisis de valores. Horas después de conocer el resultado, todas las partes se han mostrado dispuestas a colaborar para reconstruirla.

La aspirante demócrata, Hillary Clinton, ha reaparecido tras dejar plantados ayer a los miles de seguidores que se reunieron en Nueva York para hacer el seguimiento de la noche electoral. La ex secretaria de Estado ha pedido perdón por no haber ganado las elecciones. Ha reconocido la derrota y el dolor que le causa. “Durará mucho tiempo”, ha dicho quien anoche veía como el sueño de convertirse en la primera mujer que lograba el poder de la Casa Blanca no se hacía realidad. La exsenadora, que ha dedicado su vida a preparar este momento, ha pedido a su rival que sea el presidente de todos los estadounidenses. Un presidente inclusivo “porque en el sueño americano caben todos”. Clinton se ofrecía incluso a trabajar con él.

Por su parte, el presidente de la Cámara de los Representantes, el republicano Paul Ryan también ha querido mandar este miércoles un mensaje de tranquilidad. Tras felicitar a Trump por su victoria, aseguraba que éste “va a liderar un gobierno unificado”. “Estamos ansiosos por trabajar mano a mano con la nueva administración para mejorar la vida de los ciudadanos y unificar al país”. El portavoz que durante algunos momentos de la campaña ha mostrado sus discrepancias con el presidente electo, sobre todo por sus declaraciones insultantes sobre las mujeres, aseguraba que aunque hay diferentes tipos de conservadores en el seno de su partido lo importante ahora es empezar a coser.



El traspaso de poderes de la administración Obama a Trump no será efectivo hasta enero del próximo año pero el presidente saliente ya ha invitado al futuro inquilino de la Casa Blanca a iniciar el proceso. Este jueves ambos mandatarios se reunirán en Washington para iniciar lo que llamó “una transición pacífica”. “Le vamos a demostrar al mundo”, decía, “cómo funciona la democracia”. “Estamos todos en el mismo barco, ante todo somos estadounidenses, patriotas. Queremos lo mejor para nuestro país. Eso es lo que escuché subrayar a Trump anoche. Y eso es lo que le escuché cuando hablé directamente con él, lo que me tranquiliza”, ha zanjado.

La victoria de Trump deja muchas incógnitas que el presidente electo debe empezar a despejar. Este miércoles después de las elecciones es un día normal en Estados Unidos, pero sin embargo en el ambiente se respira incertidumbre, sobre todo la de aquellos grupos sociales que han sido atacados con más virulencia durante la campaña. Latinos, afroamericanos e inmigrantes en los que el candidato republicano ha sembrado miedo. Sus principales promesas electorales les afectaban de lleno. El ahora presidente, que ayer aseguró que lo sería de todos los norteamericanos, amenazó durante los últimos meses con endurecer la política sobre inmigración.

Un ejemplo de ese miedo se vivió en la fiesta republicana en el hotel Hilton de Nueva York. Casi todas las trabajadoras que cuidaban de los detalles del evento eran mujeres latinas. Camareras, limpiadoras… También era hispana la encargada del guardarropa que recogía y repartía abrigos y bolsos de los seguidores del presidente, la mayoría de piel blanca. Al final de la noche, cuando ya se sabia quien iba a ganar, sentada al final de una de las barras, la mujer permanecía con la cabeza gacha y sin querer creer lo que estaba ocurriendo. Cada vez que escuchaba los aplausos que anunciaban un nuevo estado para el vencedor, ella se encogía, como de dolor. Cuando terminó el discurso de Trump, ella volvió a devolver los bolsos y las chaquetas al personal. Estaba tan triste que era incapaz de mirar a sus clientes a la cara. Había pasado la noche viéndolos gritar lemas a favor de la construcción del muro o explicando a los periodistas por qué era una buena medida la deportación de los once millones de inmigrantes sin papeles que viven en el país.