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Otro hombre que no amaba a las mujeres

La joven de EEUU que estuvo 18 años en cautiverio ayudaba a su secuestrador en la empresa familiar . La Policía estuvo dos veces en la casa y no hizo nada

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Cuando la puerta de una casa se cierra, es muy difícil saber qué ocurre detrás de ella. Tanto que, a veces, se puede encerrar a una persona durante 18 años, violarla y hasta tener dos hijas con ella. Lo sabía Stieg Larsson cuando escribió la primera novela de su trilogía Millennium, Los hombres que no amaban a las mujeres, y lo sabía Phillip Garrido, el hombre acusado de secuestrar en California (Estados Unidos) a Jaycee Dugard cuando tenía 11 años de edad.

Desde que el jueves pasado trascendiera la noticia de que la Policía había encontrado a Jaycee Dugard, la niña secuestrada una mañana del 10 de junio de 1991 cuando iba camino del autobús escolar, los investigadores intentan conocer todos los detalles de lo que ocurrió durante esos 18 años de cautiverio.

Cuando la chica se encontró con su madre, mostró cierta culpabilidad

Con ella, además, el secuestrador tuvo dos hijas que ahora tienen 15 y 11 años y que jamás han ido al colegio. La mujer de Garrido, Nancy, también ha sido detenida. Su descripción coincide con la de la persona que conducía el coche con el que fue secuestradaJaycee. Ni Garrido ni su mujer, arrestados bajo una fianza de un millón de dólares, han querido hacer declaraciones.

Muchos de los detalles del cautiverio que han salido a la luz son sorprendentes. Por ejemplo, que la joven no estuvo oculta en todo momento y mantuvo contacto con, al menos, una persona. Según el diario The New York Times, hace un año Ben Daughdrill fue a la casa de Philip Garrido en Antioch para hablar con él de un trabajo de imprenta que le había encargado. Cuando entró en la casa, se encontró con una chica rubia muy educada que le fue presentada como Allissa, hija de Garrido.

Jaycee y sus dos hijas estaban recluidas en una especie de camping

'Ella era la persona que había hecho el diseño del encargo que yo había pedido; la que hizo el trabajo artístico; un genio', afirmó Daughdrill en declaraciones al periódico neoyorquino. Este hombre también reveló que, tras ese primer encuentro, mantuvo una correspondencia regular a través del correo electrónico con Jaycee. Pero ella no le relevó jamás su verdadera identidad ni que permanecía secuestrada con sus dos hijas en la parte trasera del chalet.

¿Por qué Jaycee no dijo nada a este cliente o no intentó escapar? Pudo ser por miedo, algún tipo de síndrome de Estocolmo, vergüenza. De momento, sí ha trascendido que cuando tras la liberación Jaycee se reunió con su madre, Terry Probyn, 'expresó cierto arrepentimiento, como si se sintiera culpable por no haber escapado. Se siente culpable por tener un vínculo con ese tipo', según declaró el padrastro de la joven, Carl Probyn.Este hombre, que vio hace 18 años el secuestro de la menor desde la ventana de su casa en South Lake Tahoe (California) sin poder hacer nada, ha vivido durante años bajo la sospecha de ser el culpable de ladesaparición.

«La mujer de Garrido hace todo lo que le pide él», dice un familiar

Otro detalle sorprendente es que, en los últimos tres años, la policía estadounidense estuviera en un par de ocasiones en la casa de Philip Garrido y no descubriera nada sospechoso. Es sorprendente porque Garrido estaba en libertad condicional desde el año 1988 tras haber sido condenado a 50 años de prisión en la década de los setenta, por secuestro y violación.

Además, en una de las ocasiones los agentes acudieron después de que una vecina llamase para denunciar 'que en el jardín trasero de la casa había tiendas de campaña y gente viviendo en ellas, incluida una mujer joven'.

'Perdimos una oportunidad de intervenir antes y nos estamos mortificando por ello', afirmó Warren Rupf, uno de los sheriff encargados del caso. Según las declaraciones del agente recogidas por The New York Times, en noviembre de 2006 una mujer llamó al teléfono de emergencias para alertar de que Garrido 'tenía una tienda en el jardín donde vivía gente y niños pequeños'.

La Policía justifica su error en que es difícil saber qué hay tras una puerta

La llamada anónima añadía también que el secuestrador era un 'psicótico' con adicciones sexuales. Cuando un agente acudió finalmente al rancho para investigar la llamada, habló con Garrido, 'pero no entró ni pidió rastrear el jardín', señaló Rupf.

No obstante, la Policía estadounidense justificó su error por el hecho de que era muy difícil ver lo que ocurría precisamente detrás de la puerta; en el jardín, tapado por la casa, una valla de madera y árboles frondosos.

Lo que ocurría en el jardín era que Jaycee vivía con sus dos hijas, fruto de las violaciones de Garrido, en una especie de camping construido con tiendas de campaña y barracas de madera, una de ellas insonorizada. Según la Policía, las tres permanecían allí 'aisladas' y las pequeñas nunca fueron a la escuela.

Lo que también ha sorprendido a los investigadores es la actitud de la esposa de Garrido, Nancy, testigo y cómplice de lo ocurrido todos estos años en el chalet familiar. ¿Víctima? ¿Cómplice? 'Es un robot. Haría cualquier cosa que él le pidiera hacer', explicó Ron Garrido, hermano de Phillip. 'No es diferente de Manson y esas chicas. Ella estaba totalmente bajo su control', señaló en relación a Charles Manson, el autor e instigador de los asesinatos de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas en 1969. De momento, Nancy Garrido está encarcelada acusada de secuestro.

También se van conociendo detalles de la personalidad de Garrido. Para su padre, Manuel Garrido, que no habla con él desde hace 20 años, su hijo 'está mal de la cabeza' desde que de adolescente consumió LSD. 'Sé que está loco. Tiene que pagar por lo que ha hecho... pero debe de estar en un hospital psiquiátrico', declaró el hombre al diario New York Post.

Desde hace un tiempo, Garrido intentaba fundar un movimiento religioso y eso fue lo que le delató. El martes pasado, fue a la Universidad de Berkeley para repartir propaganda religiosa, ya que creía que había sido elegido por 'el Creador'. Una agente sospechó de él cuando vio que una de las hijas de Jaycee se comportaba de forma extraña.

Tras comprobar su identidad y ver que era un convicto de violación, la agente se puso en contacto con los policías encargados de su libertad condicional, que lo citaron el jueves en comisaría. Ese día, sin saberse aún por qué, Garrido apareció con su mujer Nancy, con Jaycee, a la que presentó como su hija Allissa, y con las dos niñas. Al agente encargado de la libertad condicional le extrañó toda aquella nueva familia que no había visto en sus visitas a la casa y empezó a interrogarlas, hasta que se descubrió la verdadera identidad de Jaycee.

Pocos días antes, Garrido había dicho a una vecina: 'Me verás pronto en televisión'. Después de su arresto, desde la celda, afirmó en una entrevista a una televisión que cuando se conozcan todos los detalles saldrá a la luz 'la historia más alentadora que jamás se haya escuchado' y que tenía una relación 'positiva' con la víctima.

Garrido, al igual que su esposa, se ha declarado a través de sus abogados no culpable de los 29 cargos que pesan contra los dos por secuestro y violación.