Publicado: 22.06.2014 08:00 |Actualizado: 09.09.2016 17:08

Irak, 11 años en guerra

La invasión de EEUU en 2003 dejó un país roto y un conflicto sectario, del que la Casa Blanca ha sacado rédito, y sirvió de caldo de cultivo para el avance integrista

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Desfile de combatientes del Ejército de Al-Mahdi del clérigo chií y líder de facto de la Ciudad Sadr en Bagdad, Muqtada al-Sadr.

"Misión cumplida". Habían pasado apenas seis semanas desde que EEUU iniciara la invasión de Irak y George W. Bush ya declaraba victoria. Era el 1 de mayo de 2003. La imagen del entonces presidente estadounidense en el portaviones Abraham Lincoln fue la continuación de aquella Cumbre de las Azores que marcó el inicio del ultimátum a Sadam Husein y el principio de una guerra que 11 años después sigue viva.

Bush apenas tardó seis semanas en lanzar un mensaje de victoria tras el inicio de la invasión

Tanto las imágenes de los soldados estadounidenses derribando una estatua del tirano en el corazón de Bagdad como las actuales, con los yihadistas del Estado Islámico en Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) en primera plana, tienen su origen en la misma mentira: las armas de destrucción masiva con las que supuestamente el régimen iraquí amenazaba al mundo.

En 2004, los periódicos The New York Times y The Washington Post se disculparon públicamente por no haber cuestionado los postulados que salían de la Casa Blanca. En julio del mismo año, el propio Comité de Inteligencia del Senado estadounidense reconoció que la CIA sobrevaloró el peligro que representaba Irak. Por entonces, las imágenes de presos iraquíes maltratados en Abu Ghraib ya circulaban por medio mundo.Violencia estructural

El foco mediático ha vuelto a ponerse sobre Irak y, a pesar de todos los años transcurridos, el avance de los integristas suníes a través de un país donde la violencia se ha convertido en algo estrutural tiene sus raíces en la invasión de 2003.

La liquidación de Sadam creó un vacío de poder
que desenterró
las históricas
tensiones sectarias

EEUU y sus aliados dejaron a su paso un Irak completamente roto. La liquidación ─literal─ de Sadam creó un vacío de poder que desenterró las históricas tensiones sectarias, alentadas por las políticas de exclusión del Gobierno del primer ministro chií Nuri Al Maliki, y que poco a poco fue derivando en el baño de sangre que todavía perdura. Hoy por hoy, Irak es uno de los países más violentos del planeta: en 2013 se registraron 2.495 atentados, por delante de los 1.920 de Pakistán y de los 1.144 de Afganistán. 

Curiosamente, ha sido la Guerra contra el terror de Bush la que ha llevado a Al Qaeda a las puertas de Bagdad y la que ha provocado que los extremistas entren en una parte del mundo árabe donde nunca habían estado presentes. Tras la pérdida de Mosul ─segunda ciudad del país─ y de Tikrit ─cuna de Sadam─ a manos del ISIS, y de la ciudad petrolera de Kirkuk, que ha pasado a control kurdo, el Ejército iraquí trata de contener el avance de los integristas hacia la capital. Políticas sectarias y de exclusión

Los efectos de la invasión también quedaron reflejados en la aniquilación de las instituciones iraquíes. "Cuando los estadounidenses llegaron en 2003, destruyeron el Estado iraquí, su ejército, su administración, su policía y todo lo que permite a un país mantenerse en pie", describió el periodista Dexter Filkins en The New Yorker. "Lo que construimos se está derrumbando. Esa es la verdadera herencia de la guerra estadounidense en Irak", añadió.

Asimismo, la analista política Nazanín Armanian señala otra consecuencia de la invasión y, a la postre, caldo de cultivo para la situación actual: la instalación de un Gobierno sectario religioso. "El Ejecutivo que salió tras la caída de Sadam rompió la larga tradición laica del país. Luego Maliki se ha encargado de excluir a los kurdos y a los suníes y de perseguir a cualquier voz crítica", resume la también experta en Oriente Próximo.

Los efectos de la invasión también quedaron reflejados en la aniquilación de las instituciones iraquíes

Aparte de las numerosas minorías étnicas y confesionales que existen, Irak se divide a grandes rasgos entre los suníes árabes, que ocupan el centro y el oeste del país; los chiíes árabes, mayoría en el sur; y los kurdos, que establecieron la región autónoma del Kurdistán con amplios poderes en el noreste. A tenor de, según recuerda Armanian, el sentimiento de exclusión de una gran parte del país, no resulta extraño el apoyo que los clanes tribales suníes han dado a los yihadistas "para liberar Irak del régimen actual y sus milicias".

Una de los resultados de las políticas sectarias ha sido el desmoronamiento del ejército iraquí. La analista hace hincapié en que uno de los objetivos de la política exterior de EEUU es "destruir los ejércitos de los países árabes musulmanes" para aumentar su nivel de influencia en la región. En Irak eso se traduce en cuerpos militares sectarios.

La caída de Mosul no se explica si no es por la descomposición en general del país y en particular de las Fuerzas de Seguridad iraquíes, que aunque superan en número y equipamiento a los integristas sólo se encuentran cómodas en zonas de afinidad étnica. Además, el vacío dejado por EEUU lo ha empezado a ocupar Irán, la mayor potencia chií del mundo, que ha enviado miembros de sus fuerzas especiales a apoyar a sus aliados iraquíes, lo que puede consolidar el carácter sectario y trasnacional del enfrentamiento entre suníes y chiís en Oriente Próximo.

Objetivo: proteger a Israel

Armanian no duda en calificar de "desastre" el plan estadounidense. Los 4.500 soldados estadounidenses muertos y los 1,7 billones de dólares gastados sirvieron a Obama para justificar sus críticas a la "estúpida" y "temararia" invasión y dirigir su política exterior hacia una estrategia de retirada, que en teoría se hizo oficial en 2011. Nada más lejos de la realidad. EEUU sigue presente en Irak y ahora, mientras se discute la forma de intervenir nuevamente en el país para frenar a los yihadistas, ya ha empezado a mandar nuevas divisiones militares.

EEUU ya ha empezado a mandar nuevas unidades militares para frenar el avance yihadista

Sin embargo, y a pesar de las cifras de muertos, del dinero gastado, la analista concede que la guerra en la república mesopotámica no ha resultado tan calamitosa para la Casa Blanca. Washington, a través de Irak, ha ocupado, ya sea mediante intervención directa o a través de Gobiernos afines y otros acuerdos, Oriente Próximo, donde se concentra el 60% del petróleo del planeta.

Por otro lado, la Administración estadounidense ha conseguido frenar el desarrollo de Irak y establecer en la región un statu quo que beneficia a su mayor aliado, Israel, cuyos lobbys de presión están tan presentes en la Casa Blanca. Con el conflicto palestino controlado con la ocupación israelí, Armanian pone de ejemplo la guerra en Siria y resume en una sola frase la actual situación en la región y que, quizás, revela el principal objetivo de aquel proyecto iniciado hace once años: "Que se maten entre ellos mientras Israel se salva".