Publicado: 23.10.2015 19:51 |Actualizado: 24.10.2015 08:00

"Los jóvenes palestinos cogen los cuchillos porque no quieren morir en silencio"

Son apenas varias decenas de jóvenes que han optado por luchar contra la ocupación militar con cuchillos, aun a sabiendas de que su vida terminará por los disparos de los soldados israelíes o los colonos. Sin embargo, no están dispuestos a morir silenciosamente, como corderos llevados al matadero.

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Un atacante palestino, vestido de periodista, apuñala a ua soldado israelí antes de caer fulminado por los disparos del Ejército hebreo cerca de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania.- REUTERS

Un atacante palestino, vestido de periodista, apuñala a ua soldado israelí antes de caer fulminado por los disparos del Ejército hebreo cerca de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania.- REUTERS

JERUSALÉN.- “Son jóvenes que han nacido después de la Conferencia de Madrid de 1991, que no albergan expectativas, ni para ellos ni para sus familias, que solamente han conocido la ocupación y que nunca han salido de Cisjordania. Muchos de ellos ni siquiera han visitado Jerusalén”, explica Fayez Saqqa, un alto funcionario de la Autoridad Palestina. “Son ataques fruto de la desesperación”, concluye.

Los jóvenes que están dispuestos a sacrificar sus vidas apuñalando generalmente a un soldado o a un colono comparten el perfil de que quien se ha criado en condiciones muy adversas. Antes de tomar el cuchillo saben que las posibilidades de sobrevivir son escasas, porque tanto los colonos como los soldados están armados y no dudarán en disparar a matar tan pronto como se sientan amenazados.



“En general son muchachos de entre 14 y 25 años que se han criado en campos de refugiados o en las localidades de Cisjordania, muchos de ellos sin empleo, con estudios o sin estudios, que no ven ningún horizonte delante de ellos, que carecen de expectativas, que están rodeados de un colonialismo cada día más fuerte y que desconfían totalmente de la comunidad internacional”, dice Saqqa para explicar el móvil de esos jóvenes.

“Cuando han tomado una decisión no piensan en sus familias, ni piensan en que el ejército después demolerá sus casas familiares. Solo piensan en acabar con la ocupación. Saben perfectamente que morirán acribillados y con un tiro de gracia en la cabeza. Es lo que suele ocurrir en estos casos”, continúa Saqqa.

Los palestinos llaman a lo ocurrido en las últimas semanas habba, que significa ‘levantamiento’, para distinguirlo de las dos intifadas anteriores. “Una habba es un levantamiento espontáneo que no sabemos si terminará en intifada. La intifada, por su parte, es un fenómeno más amplio y generalizado, con unos fines políticos claros y específicos”, explica Saqqa.

El título principal de la portada del fin de semana del Yediot Ahronot, el diario hebreo de mayor circulación, decía: “Abu Mazen pide a los diputados árabes (israelíes) que no suban al monte del Templo”, es decir a la Explanada de las Mezquitas. “El titular responde a la verdad”, confirma un funcionario palestino.

La petición de Mahmud Abás ilustra perfectamente la posición del presidente palestino, que sigue empeñado en calmar la situación antes de que se le escape de las manos. Abás está en contra de la resistencia incluso en los términos más suaves, lo que explica su siempre creciente impopularidad en Cisjordania, que algunos justifican por la fuerte represión que sufre la población palestina que no está de acuerdo con sus politicas.

Un reciente sondeo del Centro Palestino para la Investigación Política y de Opinión muestra que las dos terceras partes de la población quiere que Abás dimita inmediatamente, y que el 42 por ciento está convencido de que tan solo mediante la lucha armada se conseguirá que Israel salga de los territorios ocupados.

En las manifestaciones de las últimas semanas se ha identificado a un gran número de agentes de la policía vestidos de paisano que vigilan a los jóvenes que protestan contra el ejército, verificando que no vayan armados y que solamente arrojen piedras. Esta circunstancia corrobora que la mayor preocupación de Abás es evitar a toda costa un conflicto con Israel.

“No creo que pueda hablarse de un perfil común de los jóvenes que recurren a los cuchillos. En cualquier caso, no responden al perfil de desesperados. Muchos son estudiantes que están dispuestos a morir para que sus familias vivan en libertad. Los apuñalamientos son trágicos, pero esos jóvenes desean enviar al mundo un mensaje claro acerca de cuáles son sus deseos y aspiraciones”, comenta la líder palestina Hanan Ashrawi.

“Hay que entender que se encuentran en una situación en la que no pueden vivir, que sufren constantemente ataques del ejército. Naturalmente, saben que cuando cogen un cuchillo lo más probable es que mueran, pero no quieren morir silenciosamente como la mayor parte de su pueblo. Hay que señalar que, aunque la mayoría de las protestas son pacíficas, hay jóvenes que quieren responder a la violencia con la violencia. Saben perfectamente que los soldados tienen chalecos protectores y que sin ninguna duda les dispararán y los matarán”, explica Ashrawi.

La habba se explica por la persistencia de la ocupación y por la constante expansión colonial israelí, así como por la presión de radicales judíos sobre la mezquita Al Aqsa al amparo del gobierno de Benjamín Netanyahu. La habba ha suscitado algunas reacciones de la comunidad internacional, pero todas esas iniciativas están dirigidas a acabar con la violencia y no con las causas de la violencia.

Es difícil saber si esta habba terminará en una intifada. El presidente Abás es el principal enemigo de la lucha contra la ocupación, pero ya cuenta con 80 años y no podrá mantenerse mucho más tiempo en el cargo. Su gran temor es que alguien vaya más allá de los cuchillos y cometa un atentado suicida que cause muchas bajas en Israel, pues esto podría conducir a una situación de violencia todavía mayor y más descontrolada.