Publicado: 18.11.2016 23:25 |Actualizado: 21.11.2016 09:56

La lucha contra el cambio climático aparca su ambición y se centra en aislar a Trump

La cumbre de clima de Marrakech se cierra sin grandes consensos, salvo el de avisar al próximo presidente de EEUU de que el Acuerdo de París es "irreversible".

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Una protesta de Greenpeace frente a la Cumbre del Clima que se celebró en Marrakech. REUTERS

Una protesta de Greenpeace frente a la Cumbre del Clima que se celebró en Marrakech. REUTERS

MARRAKECH.- Había sido bautizada como “la conferencia de la acción”, pero la cumbre del clima de la ONU que se ha cerrado este viernes en Marrakech ha terminado por convertirse más en un gran encuentro internacional para aislar a Donald Trump y su negacionismo frente al cambio climático, que en una clausura de avances significativos en la lucha contra el calentamiento global.

Si ha habido algún consenso de peso entre los cerca de 200 países reunidos desde el 7 de noviembre en la ciudad marroquí ha sido ese: el de avisar al próximo presidente de EEUU de que los pactos adoptados en materia de cambio climático hace un año en París siguen adelante y son “irreversibles”. En ese sentido se han expresado durante esta última semana el todavía secretario de Estado norteamericano, John Kerry, la ministra de Medio Ambiente francesa, Ségolène Royal, o el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, durante sus intervenciones en la cumbre. Y así también lo evidenciaron en una declaración política los 195 países (más la UE) que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático en un texto de apoyo al Acuerdo de París publicado a última hora del jueves.



La victoria de Donald Trump pocos días después de que comenzara la cumbre cayó como un jarro de agua fría entre los equipos negociadores reunidos en Marrakech. El magnate estadounidense, que ha llegado a calificar el calentamiento global como un “cuento chino”, amenazó en campaña con sacar a EEUU del Acuerdo de París y retirar la financiación de 3.000 millones de dólares anuales comprometida por la administración de Barak Obama.

El desafío tiene su importancia: EEUU es el segundo país más contaminante del mundo y su posible salida del acuerdo ha puesto en jaque la viabilidad de los avances aprobados hace un año y levantado los temores sobre una estampida de otros socios, como ya pasó con el Protocolo de Kioto, que EEUU nunca llegó a ratificar. La buena noticia -coinciden en señalar delegados, políticos y activistas- es que lejos de ello, China parece decidida a asumir el nuevo liderazgo. "Ningún movimiento del Gobierno de los Estados Unidos va a detener la transición de China hacia una economía baja en carbono", dijo un miembro de la delegación de ese país en Marruecos un día después de la elección de Trump.

“Marrakech ha enviado un mensaje político claro: diga lo que diga Trump, haga lo que haga, no hay marcha atrás en la lucha contra el cambio climático”, señala a Público el eurodiputado de Equo, Florent Marcellesi, que reconoce que esperaban más “ambición y liderazgo” de la Unión Europea.

Y mientras el torbellino Trump sacudía la agenda de Marrakech, poco o muy poco se ha conseguido avanzar en las negociaciones. La cumbre de este año, la COP22, tenía que decidir cuáles iban a ser los mecanismos para cumplir con los objetivos marcados en el Acuerdo de París (evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados centígrados a finales de este siglo y a ser posible que no suba más de 1,5), pero, más allá de algunas cuestiones técnicas, la mayor parte de los asuntos a zanjar se han postergado a las siguientes cumbres a falta de un acuerdo. El mayor escollo ha estado, aún así, en la financiación, donde los países menos desarrollados y más vulnerables al cambio climático, piden un mayor grado de compromiso y una repartición de los fondos más acorde a sus circunstancias.

La parte que sale más dañada de este encuentro, no obstante, es la de la ambición en la lucha contra el calentamiento global. Las organizaciones ecologistas, en la línea de las advertencias científicas, habían reclamado que de Marrakech se saliera con un compromiso para que los objetivos de reducción de emisiones presentados por los países pudieran ser revisados al alza en 2018.

Más de una veintena de países se han comprometido con estrategias para 2050

Con los compromisos que hay sobre la mesa ahora mismo no se lograría contener el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2 grados centígrados, así que es necesario revisarlos para hacerlos más ambiciosos. El Acuerdo de París fijó 2023 como el primer año para hacerlo, una fecha que los científicos consideran que puede ser demasiado tarde. Sin embargo, “ningún país se ha mostrado dispuesto a modificarla”, asegura Marcellesi, por lo que el asunto ni siquiera ha sido abordado en las negociaciones.

“La realidad es que en la COPP22 los gobiernos se han demostrado incapaces de acordar medidas de calado que sirvan para responder a la urgencia del cambio climático. Posponer la acción climática y el aumento de compromisos de reducción de emisiones y de la financiación más allá de 2018 supone un enorme riesgo”, señala Javier Andaluz, de Ecolgistas en Acción.

Pero no todo han sido decepciones. De Marrakech se sale también con algunos compromisos que vale la pena reseñar. Más de una veintena de países, entre ellos Costa Rica, Canadá, Perú, Noruega, Reino Unido, Suecia, Etiopía, Francia o México se han comprometido con estrategias para 2050; y EEUU y Alemania han presentado ya sus objetivos de reducción de emisiones para esa fecha. Además, 47 países del Foro de Vulnerabilidad Climática –cuyas emisiones son equivalentes a las de Rusia- se han comprometido a ser cuanto antes 100% renovables y a aumentar sus compromisos de reducción de emisiones antes de 2020.

“Los países desarrollados, grandes emisores, deberían seguir este ejemplo. Sin duda, esa debería ser la senda de la Unión Europea y, desde luego, de España, cuya agenda climática parece ir al rebufo de lo que marca Bruselas, cuando debe ser más ambiciosa, como corresponde al país europeo más vulnerable”, afirma el responsable de Políticas Ambientales de SEO BirdLife, David Howell.