Publicado: 02.07.2015 07:48 |Actualizado: 02.07.2015 07:48

ENTREVISTA | DIEGO BORJA

"Mantener la exigencia de la austeridad en Grecia es una cuestión política para escarmentar a Syriza"

El exministro de Finanzas de Ecuador y actual miembro de la del Comité de la Verdad sobre la Deuda Pública Griega defiende el referéndum del domingo y que la victoria del no permita abrir una vía de negociación con los acreedores más sensata

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Diego Borja, exministro de Finanzas de Ecuador y actual miembro de la del Comité de la Verdad sobre la Deuda Pública Griega

Diego Borja, exministro de Finanzas de Ecuador y actual miembro de la del Comité de la Verdad sobre la Deuda Griega

BARCELONA.- Ministro de Finanzas de Ecuador cuando el país suramericano llevó a cabo la reestructuración de su deuda, el economista Diego Borja (Quito, 1964) es uno de los miembros del Comité de la Verdad sobre la Deuda Pública Griega, la comisión establecida por el parlamento heleno que se ha encargado de auditar la deuda soberana del país.

De la mano de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD), Borja ha visitado Barcelona y Madrid para explicar lo que está sucediendo en Grecia y porque llegaron a la conclusión de que su deuda es insostenible y parcialmente ilegal e ilegítima. Defiende el referéndum del domingo y que la victoria del no, por la que hace campaña Alexis Tsipras -el primer ministro- permita abrir una vía de negociación más sensata.



¿Que lecciones de la reestructuración de la deuda en Ecuador sirven para Grecia?

La primera es que es posible hacerla. Todas las voces que dicen que te van a castigar, que fracasarás, que quedarás al margen de los mercados o que tendrás restricciones comerciales y de inversión buscan amedrentarte pero si hay apoyo ciudadano es posible hacerla. En el caso ecuatoriano hicimos una reestructuración de la deuda que supuso una quita del 70% de los bonos en manos privadas. Es verdad que eran condiciones distintas, porque en Grecia básicamente la deuda es con instituciones públicas, pero la lección principal es que es posible hacerla porque hay voluntad y está sustentada en la legitimidad del pueblo.

Previamente se hizo una auditoría, que sirvió para que la posición del gobierno ganara legitimidad. En Grecia el proceso ha sido similar, pero no parece que la Troika se preocupe mucho por las conclusiones de la auditoría.

En Ecuador pasó lo mismo. Era bastante improbable que la auditoria tuviera algún tipo de influencia en los acreedores, que están resguardando sus propios intereses. En Grecia la situación es más grave, porque el peso de la deuda es enorme. Además de ser gigante en cuanto a su monto, casi el doble de su PIB, ha venido acompañado de una austeridad que ha ahogado la economía y la ha vuelto insostenible. Ha significado una caída del 25% del PIB, una caída de la productividad del trabajo del 7%, entre otras consecuencias, con lo que la austeridad ha provocado que Grecia pierda capacidad de sostener su propia deuda. Las instituciones europeas desde un principio no podían aceptar una auditoría que iba a demostrar que la política aplicada supuestamente para contener la deuda ha sido errónea y ha generado justo lo contrario, ya que la ha aumentado. A pesar de ello, las instituciones europeas han continuado con sus exigencias a pesar de que se demuestran ineficaces. Coincido con otras voces, como la de los premios Nobel [Joseph] Stiglitz o [Paul] Krugman, en el sentido que hay que buscar la lógica no en el tema económico y de deuda, sino también en el plano político y de poder. Se trata de escarmentar al gobierno de Syriza.

¿Y que sirva de precedente para formaciones, como Podemos, que apoyan la posición de Syriza y se plantean, en cierta manera, emularla?

Los hechos nos permiten afirmarlo, más allá de una percepción. Frente al llamado de Tsipras y Syriza a un referéndum, que es lo más democrático, todo el establishment europeo, ya sea conservador, liberal o se llame socialista, se ha mostrado contrario y agresivo. No es una lección de política económica ni es una sugerencia de manejo fiscal o financiero. Es una acción política que intenta escarmentar a una vía democrática diferente a escala europea. Una vía contraria a la de la integración neoliberal. Y no solamente para Syriza y Grecia, sino también para lo que podría venir en otros países y, concretamente, para España. El peso español en la economía europea es mucho más importante que el griego y hay la voluntad de dar un escarmiento a la posibilidad de surgimiento de una alternativa democrática en España.

Por lo tanto, lo que suceda el domingo también tendrá una clara repercusión en España.

Sin lugar a dudas y el encargado de demostrarlo es Rajoy. Cuando Tsipras anunció la convocatoria del referéndum, Rajoy vinculó Podemos con Syriza y está claro que el establishment quiere usar el caso griego como una lección a la alternativa democrática en España. De todas formas, creo que la jugada del gobierno Tsipras cambia el tablero en Europa, porque supone consultar al pueblo para lograr legitimidad hacía una vía u otra.

El gobierno de Rajoy exige el pago íntegro de la deuda griega con el argumento que no hacerlo perjudica al contribuyente europeo. ¿Qué opina?

Es un argumento perverso. Si a alguien se le debería pedir que devuelva el dinero al contribuyente es a los bancos, básicamente franceses y alemanes, que tenían la deuda griega y que fueron rescatados con fondos públicos. Por lo tanto, habría que decir que si el contribuyente español está perdiendo no es porque el gobierno griego no pague, sino porque las instituciones europeas asumieron la deuda de los bancos privados.

Ya ha habido el primer impago al Fondo Monetario Internacional (FMI). A partir de aquí, ¿qué pasos puede seguir Grecia?

El primer paso es esperar a que el pueblo se pronuncie el domingo con un sí o con un no. Y si el pueblo se pronuncia mayoritariamente por un no, lo que corresponde es que las instituciones europeas acojan una postura democrática, que ya no seria sólo de Varufakis o de Tsipras sino que estaría legitimada por una consulta popular, y permitan abrir un camino de negociación más sensato. Si esto no es posible, Grecia debe buscar las alternativas al margen de esta tozudez. Por supuesto que hay vida después del euro. Y puede haber una vida incluso mejor que la que hay ahora después de cinco años de ajustes.

¿Tsipras afirma que no seria así, pero una victoria del no conllevaría la salida del euro de Grecia?

No lo doy por hecho e incluso pienso que la victoria del no reforzaría la no salida del euro de Grecia. Puede que algunos intereses, vinculados a la hegemonía alemana, intenten expulsar a Grecia del euro, pero esto mostraría con claridad que la agenda ya no está en el plano de la economía y la deuda, sino en el de la política y el poder. Y cada vez hay más voces, también en el FMI, que defienden la reestructuración de la deuda griega como necesaria y quieren su permanencia en el euro.

¿A corto plazo, qué medidas puede tomar el gobierno griego si se cortan sus vías de financiación?

Es innegable que si las instituciones europeas y el BCE frente a una vía distinta a la que pregonan niegan las líneas de liquidez para Grecia provocaran una crisis monetaria inmediata. Y si se da, Grecia no tiene otra opción que tomar en sus manos la política monetaria. Es difícil hacerlo, pero es posible y no tendría alternativa, porque significaría que tendría el control sobre la economía. Buscar financiación en otros actores, como los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica] seria una alternativa, pero no evitaría la necesidad imperativa que tendría el gobierno griego de recuperar su soberanía monetaria.

El propio establishment que advierte sobre las consecuencias de un impago que ya ha empezado, con el tiempo acabó elogiando la quita de la deuda ecuatoriana. ¿Puede pasar en Grecia?

En su libro El Minotauro Global, Varoufakis ya señalaba claramente en 2010 que existía una manera rápida y sencilla de resolver el problema de la crisis no sólo de Grecia sino también del resto de países del sur europeo, y es que el Banco Central Europeo (BCE) tome en sus manos la deuda de cada país. Esto impediría que la hegemonía alemana marque el ritmo del BCE y te chantajee todo el tiempo con la posibilidad de expulsarte del sistema. Una salida pragmática existe. En el caso ecuatoriano tomamos una salida pragmática y resulta lógico que haya movimientos en el mismo establishment que te amedrenta y finalmente acepta una salida que le permite ganar una fracción del capital. Es lo que puede suceder también en Grecia. El fin de la política de austeridad podría llevar a que incluso ganaran fracciones del capital que ahora están perdiendo con la línea dura de las instituciones europeas, que siguen únicamente la hegemonía alemana. Pero también es verdad que en Ecuador resolvimos temporalmente el problema de la deuda, pero no resolvimos la cuestión en su base y por eso los mercados nos elogiaron y ha vuelto a crecer posteriormente.