Publicado: 09.09.2015 23:34 |Actualizado: 10.09.2015 00:29

Las opulentas petromonarquías del Golfo se niegan a aceptar refugiados

- A pesar de compartir lengua y cultura con sus vecinos ricos del sur, aquellos que huyen de los horrores del Estado Islámico deben encarar un éxodo largo y tortuoso hacia Europa

- Las monarquías del Golfo no han rubricado la Convención del Refugiado de 1951 y temen que un gran número de inmigrantes árabes políticamente activos desestabilicen sus frágiles estructuras sociales 

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Refugiados llegan a la isla griega de Lesbos en una embarcación hinchable. REUTERS

Refugiados llegan a la isla griega de Lesbos en una embarcación hinchable. REUTERS

MADRID.- "Adivina cuántos refugiados sirios se han ofrecido a recoger Arabia Saudí y otros países del Golfo. Ninguno". Así de claro se expresaba Kenneth Roth, director de Human Right Watch (HRW), para denunciar la insólita situación que enfrentan las personas que escapan del campo de muerte y destrucción en el que la guerra civil siria y el auge del Estado Islámico han terminado por convertir a Oriente próximo.

Los refugiados no pueden dirigirse a los países del Golfo. En vez de ello, tienen que enfrentar un tortuoso éxodo hacia Europa, donde se encontrarán un mayor choque cultural, lenguas que no comprenden y Gobiernos reacios a sobrecargar unos estados del bienestar que han sufrido en menor o mayor medida los azotes de la crisis económica. "Los seis países del Golfo —Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait y Bahrein— han ofrecido cero plazas de reasentamiento a los refugiados sirios", revela el último informe de Amnistía Internacional. 

El estudio aclara que son Turquía, Líbano y Jordania los que están soportando la mayor afluencia de refugiados. En torno a 1,6 millones de ellos se han cobijado en Turquía, lo que equivale a más del 2% de su población. 618,615 han sido registrados en Jordania, donde ya representan casi el 10% de la población. Este porcentaje llega a su pico en el caso de Líbano, donde los refugiados sirios (1,1 millones) equivalen al 26% del resto de habitantes del pequeño país. 

Las petromonarquías del Golfo Pérsico, formadas en una élite rica que disfruta de los beneficios del oro negro apoyada en mano de obra barata compuesta por inmigrantes de origen asiático (indios, esrilanqueses, filipinos y paquistaníes, en su mayoría), se escudan en las "generosas donaciones" que hacen a ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Financian los campos de refugiados, afirman, aunque sus fronteras permanecen cerradas.



"Que los estados del Golfo den dinero y trabajos inseguros, no es suficiente", acusa Human Rights Watch

En los campos "no hay sitio para los refugiados sirios. Que los estados del Golfo den dinero y trabajos inseguros, no es suficiente", acusa en este caso Roth, de HRW. En estos campamentos improvisados no hay trabajo para los refugiados, ni los servicios básicos para sus familias.

Lo cierto es que ninguno de estos países se ha adherido a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de la ONU de 1951 y los inmigrantes no pueden escusarse en la situación de sus países de origen para entrar: deben conseguir un visado como todos los demás. Sin embargo, la propia Organización de Naciones Unidas insta estos días a sus Gobiernos a "olvidarse" de los tratados y hacer frente al drama humano desatado kilómetros al norte.

No está sola en sus reclamaciones: en las redes sociales se repiten los comentarios que piden a los estados del Golfo que tomen responsabilidades para con los refugiados, y el hashtag en árabe con este mensaje llegó a ser trending topic en Twitter. El analista y bloguero árabe Sooud al-Qassemi opina que las petromonarquías "temen la llegada de un gran número de árabes políticamente activos que puedan de alguna forma influir en unas sociedades tradicionalmente pasivas". 

Los países del Golfo no son los únicos que niegan su ayuda a los refugiados. Otras potencias económicas como Rusia, Japón, Singapur y Corea del Sur tampoco han ofrecido su auxilio a ninguno de ellos, señala Amnistía Internacional. Pero sí son la primera puerta cerrada que los empuja al Mediterráneo, o a recorrer miles de kilómetros hacia una Europa donde solo Alemania (que ha acogido al 82% del total de refugiados del total de la UE) parece tender una mano firme a aquellos que huyen del horror de la guerra.