Publicado: 17.09.2015 23:27 |Actualizado: 18.09.2015 09:47

¿Quién es Vangelis Meimarakis?

El líder conservador de Nueva Democracia se presenta como el único que puede garantizar la estabilidad económica de Grecia durante el mitin central de campaña de su partido. Político de la vieja escuela y absuelto de un caso de corrupción, Meimarakis representa todo lo que los griegos rechazaron cuando votaron a Alexis Tsipras. Las encuestas ahora colocan a la par a los dos dirigentes.

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El presidente del partido conservador Nueva Democracia, Vangelis Meimarakis, saluda a sus partidarios durante un acto preelectoral en Atenas,.- Alexandros Vlachos (EFE)

El presidente del partido conservador Nueva Democracia, Vangelis Meimarakis, saluda a sus partidarios durante un acto preelectoral en Atenas,.- Alexandros Vlachos (EFE)

ATENAS.- Cuando hace 26 años fue elegido diputado en el Parlamento griego por primera vez, Vangelis Meimarakis jamás pensó que el momento más importante de su carrera política llegaría en una situación tan crítica para su país. La misma austeridad que tumbó a su partido ahora le ha colocado como candidato con muchas posibilidades de convertirse en el nuevo Primer Ministro de Grecia, el séptimo desde 2009.

“Meimarakis no ha no ha ganado popularidad ni apoyo por sus propios méritos ni por presentar nuevas propuestas económicas. Él se ha convertido en un candidato competente debido a la pérdida de popularidad de Tsipras tras la capitulación del gobierno griego ante las demandas de los acreedores el pasado mes de julio”, explica Dimitris Rapidis, analista político y director del think-tank “Bridging Europe”.



Vangelis Meimarakis es un peso pesado dentro del conservadurismo griego. Él mismo fue uno de los fundadores de las juventudes de Nueva Democracia. Además, entre 2006 y 2009 tomó el control de la importante cartera del Ministerio de Defensa.

Sin embargo, Rapidis describe al político como un simple líder transitorio; y no es el único. No son pocos los periodistas y analistas políticos que lo daban por derrotado antes de las elecciones. Quizá en su partido también, pues desde que Antonis Samaras dimitió tras la abultada derrota del “Sí” en el referéndum de julio, Nueva Democracia todavía no ha celebrado un congreso para elegir al nuevo líder definitivo de la formación conservadora.

Pero estas elecciones anticipadas, (el adjetivo ‘anticipadas’ comienza a ser redundante para referirse a unas elecciones griegas) pueden cambiar esa percepción. Muchos griegos cada vez ven en el político de característico bigote a un firme Primer Ministro.

“Yo creo que es más honesto que Tsipras. Él no va prometiendo cosas imposibles”, dice Corina, una joven economista que trabaja en el sector privado. “Yo he de confesar que soy más liberal que él y el ala de Nueva Democracia que representa, pero en este momento es el hombre que debe liderar Grecia”.

“Para mí Meimarakis representa la política más pro-europea y realista que existe en nuestro país”, se arrancaba a decir un señor que sujetaba dos banderas justo cuando otros a su alrededor encendían unas bengalas.

Ante una plaza Omonia menos llena que en otras grandes citas, el candidato de Nueva Democracia insistía en la idea de que él es el más adecuado: “La pregunta este domingo es si Grecia quiere estabilidad o experimentos”, dijo sobre el escenario durante un largo discurso.

“No lo veo nada claro. No te puedes fiar de las encuestas electorales; con el referéndum se equivocaron por completo”

El resultado del próximo domingo continúa siendo una incógnita. Las últimas encuestas publicadas dan casi un empate total, algunas con Syriza por delante y otras con Nueva Democracia. Durante las últimas semanas los conservadores han ido recortando distancias, pero parece que se han atascado al igualar con el partido de Tsipras. A esta incertidumbre se une la poca confianza que hay en los sondeos griegos.

“No lo veo nada claro. No te puedes fiar de las encuestas electorales; con el referéndum se equivocaron por completo”, añade Corina, la economista partidaria de Meimarakis. Aun así, parece seguro que los que hasta día de hoy se declaran indecisos tendrán gran parte de culpa decantando la balanza hacia un lado u otro.

“Meimarakis no resulta nada convincente para los jóvenes. Él mismo apenas puede llegar a los votantes indecisos. Se siente más seguro con la audiencia tradicional de su partido. La mayor ventaja que tiene, y a la vez la mayor debilidad, es su discurso populista”, asegura el analista Rapidis.

Alexander, de 19 años, sí votará por él

“A mí Meimarakis sí me parece muy atractivo. Creo que hace falta mucho coraje para decir que las cosas son así, sin adornarlas con promesas que luego no se pueden cumplir”, explica el joven universitario de primer año.

Además, el veterano político no va a tirar la toalla tan pronto; ya ha sobrevivido a muertes políticas con anterioridad. En 2012, siendo portavoz parlamentario, tuvo que dimitir al verse salpicado por un escándalo de corrupción. Le acusaban de blanqueamiento de capitales. Él siempre negó haber cometido cualquier delito y, al poco tiempo, volvió a su puesto. Y no lo abandonaría hasta 2015.

“A mí Meimarakis sí me parece muy atractivo. Creo que hace falta mucho coraje para decir que las cosas son así, sin adornarlas con promesas que luego no se pueden cumplir”

La estrategia del conservador es abrir la puerta a todos los partidos para poder formar gobierno, lo que no se antoja sencillo viendo los resultados de las encuestas. To Potami y PASOK serían los socios más claros de Nueva Democracia, y con ellos podría bastar para formar un nuevo ejecutivo. Aun así, Meimarakis también ha tanteado la posibilidad de unir fuerzas con Syriza, lo que ha sido rechazado repetidas veces por Tispras.

El mitin central de Nueva Democracia representó el ambiente de cansancio con el que los griegos llegan a estas elecciones, elecciones cruciales, dicen algunos, como tantas otras. Incluso gente sosteniendo banderas helenas donde se celebraba el discurso aseguraban que ir a votar tres veces en un mismo año se “convierte en algo tedioso”. Aunque también se podía encontrar quien se había visto obligado a pesar de no comulgar con las ideas de Meimarakis. “Yo soy comunista, jamás votaría a este señor; él representa el capital”, confesaba una de las personas que se encontraban en la plaza vendiendo botellas de agua.