Público
Público

EEUU-Irán: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”

El pasado noviembre, a muchos les sorprendió que EEUU pospusiera firmar el acuerdo nuclear final con Irán: Barack Obama había preparado una jugada magistral en un complejísimo escenario:

- Anunció el restablecimiento de las relaciones con La Habana (ver: “Los 18 motivos del cambio de postura de EEUU hacia Cuba”), preparando a la opinión pública para el acontecimiento que se está gestando.

- Ante los iraníes quiso mostrar que aun teniendo a las dos cámaras en contra, pueden fiarse de su compromiso, ya que no dudará en usar sus poderes ejecutivos para firmar la paz con ellos.

- Pretende con eso sacar tiempo, no sólo para ver los resultados de las elecciones anticipadas en Israel —el principal oponente de todo acuerdo con Irán—, previstas para marzo del 2015, sino también influir en ellas, mientras reza para que Netanyahu salga debilitado y deje de determinar la agenda de EEUU en la región (ver: Israel: Aquí mando yo).

- También está a la expectativa del desenlace de la lucha por el poder en Arabia Saudí —otro aliado muy crítico con su acercamiento a Teherán—, que se libra ante el cuerpo del Rey Abdelah.

El lugar de Cuba en la política de EEUU no es el mismo que Irán: al contrario de las sanciones contra la isla, aplicadas sólo por Washington y sólo defendidas por Israel, en el embargo contra Irán también participan la Unión Europea y la ONU, incluidas China y Rusia, que nunca han mirado a la República Islámica como una aliada estratégica. Cuba ha sido víctima de la política interna de EEUU, mientras que Irán no sólo es considerado por ambos partidos una amenaza a su seguridad y sus intereses nacionales, sino que ha sido objeto de una campaña de odio por los lobbies árabe- israelíes, de gran peso en la política exterior de la Casa Blanca. Por su parte, a los gobiernos de Irán y Cuba les separan, principalmente, su ideología, el sistema político —una singular democracia socialista frente a una compleja teocracia nacional-islamista—, el poder regional, sus recursos naturales y la posición estratégica en sus respectivas regiones (Irán, además de vecino de Rusia, controla el Estrecho de Ormuz, por donde pasan a diario 17 millones de barriles de petróleo), y su capacidad en enfrentarse a un gigante como EEUU. Lo único que les unía eran años de sanciones y malas relaciones con Washington.

EEUU quiere recuperar a Irán

La cuestión nuclear iraní oculta las verdaderas preocupaciones de EEUU en este país que salió de su esfera en 1979, fecha desde la cual los propios americanos abandonaron el codiciado mercado de este país “sofisticado y de gran cultura y talento”, en palabras de Obama, a beneficio de sus rivales, llegando incluso a multar a las empresas estadounidenses por firmar contratos con Irán.

Ahora, quiere llenar el mercado iraní de sus productos, expulsar a China, el primer socio comercial de Irán, impedir que eleve su estatus de observador a miembro de pleno derecho en la Organización de Cooperación de Shanghái dirigida por Pekín y Moscú, o acercarse más a los BRICS. Justamente uno de los gestos de buena voluntad de Teherán hacia EEUU ha sido suspender la construcción del gaseoducto de “Paz” hacia la India —miembro de este grupo y también de los No Alineados—, para trazarlo hacia Omán.

Barreras a superar

El Gobierno de Barack Obama ha mantenido la política tradicional de su país de contener y debilitar a sus rivales y enemigos, entre ellos Irán. Tras someterle a unas duras sanciones económicas, lanzarle el primer ciberataque de la historia en 2010, enviándole el virus Stuxnet que destruyó parte del equipo de la planta nuclear de Natanz, y asesinar a varios de sus científicos, con la colaboración del Mossad, se enfrenta a los siguientes desafíos para que Teherán deje de ser un enemigo:

- Que Israel deje de presionarle para que exija a Irán la paralización que no minimizar su programa nuclear, mientras que nadie se atreve a hablar de las cerca de 250 cabezas nucleares israelíes, país en eternas guerras que ahora además va a construir una central atómica. Este pequeño país ha necesitado siempre compartir enemigos con EEUU (como el Egipto de Jamal Abdul Nasser, el Irak de Saddam Husein y luego Irán) para así recibir ayudas de toda índole. Sin esos “enemigos” presentados como amenaza para el planeta entero, la ultraderecha que gobierna Tel Aviv perdería la razón de ser.

- Contra los republicanos que intentarán arrebatarle la carta que los demócratas usarán en la campaña electoral del 2016, y que a él mismo le permitiría entrar en la historia por haber impedido un Irán nuclear sin recurrir a la guerra. Si los del Tea Party llegan a derrocar a Bashar al Assad, por ejemplo, habrán conseguido que Irán abandone las negociaciones. Otra cosa sería que Obama se adelantase y negociase el precio de la cabeza de Assad con Irán y Rusia.

- Irán no acepta bajar el enriquecimiento de uranio del 20% al 5%, y comprar sus necesidades a otro país, como Rusia, que es el principal proveedor de este producto en Europa. Además, pide la suspensión inmediata y total de las sanciones, nada más firmar el acuerdo, a las que EEUU se opone. Obama no quiere retirar la espada de Damocles colgada encima del cuello de Irán. En cambio, si colabora “podrá convertirse en un poder regional muy exitoso”.

Ya que ni las presiones externas ni las internas consiguen derrocar a la República Islámica y se ha optado por reconocerla oficialmente. Con un Irán aliado podrá compartir influencias en Irak, Siria, Líbano, Afganistán o Yemen con menor costo, y devolverle el papel del “Gendarme del Golfo Pérsico” que Irán ostentaba en la era del Sha. Es consciente de que Teherán prefiere la presencia (aunque reducida) de EEUU en Irak, antes de ver a los turcos, saudíes e israelíes por aquel país destrozado. ¿No fue Bush quien llevó al poder a los chiitas en Bagdad? Todo correcto si no fuera porque el viejo orden se ha desmoronado y ahora sólo hay desmadre. Nadie acata las órdenes de otro.

Por su parte, el Gobierno del presidente Rohani se ha puesto los siguientes deberes:

- Neutralizar al sector duro —compuesto por los militares y la burguesía compradora—, que menosprecia el poderío y las amenazas militares de EEUU. Que este sector, al que ya se enfrenta abiertamente, pida la salida de las tropas de la OTAN de las proximidades de Irán, aunque es una exigencia justa, no deja de ser maximalista, pidiendo lo imposible para mantener el conflicto. Cierto es que mientras Israel, Turquía o los árabes reclaman la presencia militar de EEUU para preservar su seguridad, Irán se siente amenazado al ver a miles de soldados intrusos instalados en decenas de bases militares sembradas por sus cuatro costados. Por lo que Teherán ha aumentado su profundidad estratégica en los países de la zona, elevando el presupuesto militar en un 40% para el 2015.

Iran 2

 

- Sin permitir que le comparen con Anwar Sadat, el hombre de "concesiones unilaterales" a EEUU e Israel, Rohani busca la firma rápida del acuerdo nuclear ahora que Arabia Saudí no para de bajar el precio del petróleo, con el fin de provocar en Irán una grave crisis que puede pasar de económica (que ha disparado el precio del pan en pocos días hasta un 30%) a política. El presidente de Irán sí que comete el grave error de pensar que el fin de las sanciones mejorará de forma automática la economía del país, que padece además de la “enfermedad holandesa”, profundos problemas estructurales, los males inherentes a un capitalismo neoliberal que desde la década de los 90 no ha parado de privatizar los sectores clave y ha descuidado la industria no petrolífera.

Manipulando los precios del petróleo Arabia Saudí espera provocar protestas ciudadanas y así debilitar a Teherán y forzarle a ceder más y más. Algo que ha ocurrido otras dos veces en las últimas décadas: en 1977, aumentó su producción de 8 millones de barriles a 11,9; hundiendo la economía iraní, propiciando el derrocamiento de un desesperado Sha un año después; la segunda en 2008, cuando elevó los precios del barril de 35 a 80 dólares y se produjo el estallido social de millones de personas en junio del 2009 contra el fraude electoral de Ahmadineyad, acusado por la población de haberse quedado con miles de millones de dólares de la renta del petróleo en vez de “llevarla a la mesa de los desfavorecidos” como había prometido. Sólo entre 2005 y 2013 Irán había recibido más renta del petróleo que durante todos el siglo XX. (Ver: Irán desmonta la agenda de Obama).

En un Irán solo y sin ningún apoyo internacional eficaz, el lema no es como Cuba “socialismo o muerte”, sino “¡No a la iraquización, libización o sirización de Irán!”.

¿Y la embajada de EEUU?

“Lo único invariable son los versículos del Corán”, han afirmado las autoridades del país. Por lo que la apertura de la embajada de EEUU sucederá en fases: ampliar las facultades de la Oficina de Intereses de EEUU en Irán dentro de la embajada suiza para expedir visados, para después trasladar el control de la sede diplomática al Gobierno Rohani, que permanece bajo el control de los Guardianes Islámicos desde 1980. Es difícil de imaginar izar la bandera de EEUU en Teherán durante la vida de Ayatolá Jameneí, aunque el acuerdo nuclear acelerará el proceso. Mientras, Obama debe conformarse con la embajada virtual, puesta en marcha desde el 2011. Los británicos ya han pintado la puerta de su embajada para su pronta apertura.

Antes se producirá el canje de presos: los cinco diplomáticos iraníes en las cárceles de EEUU en Irak, y por parte de Irán, la liberación de un marine de origen iraní, el periodista del Washington Post Jason Rezaiyan y el clérigo cristiano Said Abedini.

Sí habrá nuevas relaciones: las amenazas de guerra y la “diplomacia bajo la presión” a distensión ya han sido grandes pasos. Hay un nuevo equilibrio de fuerzas en perjuicio de los intereses de ambos gobiernos en la región: EEUU ha sido incapaz de conquistar Irak y Siria, e Irán ha perdido a ambos países. Las fuerzas belicistas en EEUU, Israel e Irán buscan guerra, aunque sea de baja intensidad, para así justificar el poder de la ultraderecha militarista. Washington y Teherán están condenados a desenredar su peligroso enfrentamiento, sí o sí.