Publicado: 13.07.2016 13:54 |Actualizado: 15.07.2016 13:01
Cintillo 80 años inicio de la guerra civil española

Monárquicos, fascistas y conspiración

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Catedrático emérito de la UMC. En septiembre aparece su libro sobre algunas intrigas en la “corte” de Franco en los primeros años de la guerra mundial

El pasado uno de julio, en un artículo publicado en este medio bajo el título 1 de julio de 1936: Mussolini vende armas a los monárquicos españoles que se preparan para la Guerra Civil, el periodista Alejandro Torrús se hacía eco de los contratos que el inveterado conspirador monárquico y número tres de Renovación España, Pedro Sainz Rodríguez, firmó en Roma tal día de 1936 sobre el suministro de aviación con destino a los futuros sublevados. Como descubridor de los mencionados contratos, me siento obligado a hacer algunas consideraciones adicionales a lo escrito:

1º Los contratos pueden verse en Madrid. No hay que ir a Roma, París o Moscú. En un libro colectivo dirigido por el profesor Francisco Sánchez Pérez se publicaron en facsímil y, con sus anexos, en el original italiano y la correspondiente traducción.

2º No hay duda de su autenticidad, que se demuestra en las firmas, en su depositorio (el archivo del propio Sainz Rodríguez) y en su contextualización. Rellenan un hueco, el final, de las relaciones entre la Italia fascista y los conspiradores del 18 de julio, que han sido objeto de análisis desde la misma Guerra Civil.

3º Los lectores que quieran enterarse de los vericuetos previos de esas relaciones pueden acudir a los libros (disponibles todos en castellano) de los profesores Ismael Saz, Morten Heiberg, José Ángel Sánchez Asiaín y Eduardo González Calleja. Yo encontré su guinda final, como también documenté la financiación fascista de Falange en 1973.

4º Alguien ha dicho que se trataba de material obsoleto. No es cierto. Los aviones de bombardeo/transporte amén de cazas e hidroplanos eran de lo más avanzado que Italia producía en aquella época.




5º Otro amable lector ha despreciado la conversión en términos actuales de los precios que los italianos cargaron a los monárquicos. Quizá él tenga la piedra filosofal. Yo apliqué la actualización de liras a pesetas utilizando los tipos de cambio del momento y transformando las pesetas según las equivalencias establecidas por el profesor Sánchez Asiaín. No es la única forma posible pero, en mi modesta opinión, es la mejor.

6º Alguien se rió de los precios de los aviones de 1936. Es, simplemente, desconocer los precios del momento. Quizá como consecuencia de ignorar que el precio de los aviones actuales no tiene absolutamente nada que ver con el de los existentes en aquella época.

7º Sobre la fascistización de las derechas españolas de la época se ha escrito largo y tendido. A mí me gustaría haber visto la más mínima referencia de algún crítico a las obras en que se hubiera basado para despreciarla. Hay dos obras esenciales muy recientes: para el proceso intelectual el trabajo de Ferran Gallego es ineludible. Para el proceso político la monumental obra de González Calleja/Cobo Romero/Sánchez Pérez y Martínez Rus.

8º Sobre los contratos mismos, el lector curioso puede acudir a una reciente biografía de Juan March en la que se menciona uno pero sin que el autor parezca haber comprendido lo que tenía delante.

La inquina de Mussolini data de 1931. Heiberg analizó los “aforismi”, los pensamientos que su repentina proclamación produjo en el ánimo del Duce. Los conservó hasta su amargo final en 1945. No se hace esto con papeles que carecen de importancia subjetiva. Tal inquina se tradujo en el famoso acuerdo de marzo de 1934 (bajo un gobierno radical en España) en el que ya monárquicos, militares y carlistas dejaron ver que la conspiración, todavía poco operativa, se prometía de la ayuda fascista.

Presentar a los distinguidos directivos de Renovación Española (y a la cabeza de ellos al “proto-mártir”) no gustará a todo el mundo. Pero la evidencia empírica es la evidencia empírica. Los lectores calificarán, desde su subjetividad, prejuicios e ideologías, la actuación de aquellos próceres empeñados en salvar a España.

No todo se ha dicho sobre la conspiración y/o sobre Franco. Precisamente ahora un pequeño grupo de investigadores estamos enfrascados en identificar las coordenadas principales que alumbrarán una visión renovada de ambos. Iremos más allá de las gestiones de Mola y sus “muchachos” y pondremos el acento allí donde deben situarse las actuaciones más inconfesables, más ocultas, más repelentes. Como dice el recio refrán castellano, “ríe mejor quien ríe el último”.

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