Público
Público

El caso Moix La tormenta perfecta de fiscales que acabó con Moix

Maza entrega la cabeza de su fiscal jefe Anticorrupción, presionado por el Gobierno y por la rebelión surgida entre los propios fiscales.

Publicidad
Media: 4.80
Votos: 5
Comentarios:

El fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, reflejado en un cristal el pasado 30 de mayo. | JUANJO MARTÍN (EFE)

En 87 días Manuel Moix se ha convertido en el cortafuegos perfecto para un PP que se desangra lentamente por el caso Lezo, la nueva trama de corrupción que ha venido a sumarse a los casos Púnica y Gürtel. El ya ex Fiscal Jefe Anticorrupción ha acabado dimitiendo tras ver cómo sus hijas y su familia eran atacadas, pero sobre todo ha influido en su decisión la palpable soledad política que ha sufrido en las últimas horas, tras difundirse que poseía el 25% de una sociedad radicada en Panamá que posee el chalet heredado de sus padres. Las explicaciones poco convincentes que ofreció Moix sobre esta empresa fueron la puntilla.

Ha sido el Gobierno del PP el que más ha presionado al Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, para conseguir la cabeza de Moix. La presión ha llegado hasta el punto de obligar al ya dimitido fiscal jefe Anticorrupción a regresar el miércoles desde Palma de Mallorca —donde se encontraba en una visita oficial— para hacer frente a la crisis.

La dimisión de Moix hay que explicarla en el contexto de la guerra entre fiscales; una guerra en la que, como en una tormenta perfecta, se entrecruzan distintas batallas que han desembocado en la caída del Fiscal Jefe Anticorrupción, víctima del fuego amigo y del enemigo.

Para sus partidarios, la renuncia de Moix supone un serio contratiempo: "¿Así pagáis a los nuestros? A ver quién se hace cargo ahora. Moix llegó para poner orden y se lo han cepillado a la primera de cambio", se quejan.

 "¿Así pagáis a los nuestros? A ver quién se hace cargo ahora. Moix llegó para poner orden y se lo han cepillado a la primera de cambio", se quejan sus partidarios

Pero no es menos cierto que aquellos que días antes jaleaban a Moix, con un "dale fuerte" en su enfrentamiento con los fiscales rebeldes en Anticorrupción, son quienes en las últimas horas más le han abandonado, sostienen fuentes fiscales próximas a él.

El enfrentamiento, en cualquier caso, va a continuar. "Esta pelea de navajas no queda aquí. Han olido sangre y ahora unos irán a por Maza y los otros a por los rebeldes", asegura una fuente del sector de Moix.

Sus críticos, sin embargo, recuerdan que Moix entró como elefante en cacharrería en la Fiscalía Anticorrupción, lo que indujo a muchos de los funcionarios destinados allí a sospechar que su objetivo real era acabar con las investigaciones sobre corrupción que afectan al PP y a entidades financieras.

Seguro que lo sospechó José Grinda, el fiscal del caso del 3% al que Moix quiso destituir para que este caso de corrupción lo llevaran los fiscales de Barcelona. Rodeado de un equipo de fieles como Juan José Rosa, Grinda recorría toda España en los registros contra las grandes redes mafiosas y los casos de corrupción de campanillas.

Ataques contra el fiscal del 3%

Moix intentó instaurar un sistema de dirección piramidal de la Fiscalía Anticorrupción e intentó cortar las alas de Grinda y las de los demás fiscales rebeldes. Quiso hacer lo mismo con el fiscal principal del caso Lezo, Carlos Yáñez, a quien Moix quiso ordenar una limitación temporal de los registros al Canal de Isabel II. Moix también quiso poner coto a "abusos" que en su opinión comete la famosa Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en sus informes. Un ejemplo de ello es el informe que la UCO realizó en el marco del caso Lezo contra Cristina Cifuentes, actual presidenta de la Comunidad de Madrid.

Las maniobras de Moix causaron mucho malestar. El propio Carlos Yáñez acabó pidiendo por escrito la orden de limitar los registros en el caso Lezo, amparándose en el artículo 27 del estatuto Fiscal. Moix llevó la disputa a la Junta de Fiscales de Anticorrupción y perdió. Luego intentó que Yáñez dimitiera, sin éxito.

Moix también quiso poner coto a "abusos" que en su opinión comete la famosa Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en sus informes

Pero Moix no se paró ahí. Incluso recibió a un investigado por corrupción a espaldas de Grinda para recabar una denuncia contra él. Los fiscales Anticorrupción lo interpretaron como una deslealtad. Y se extendió el temor y la convicción entre los funcionarios de que había desembarcado para acabar con esta fiscalía especializada, dedican a investigar a organizaciones verdaderamente poderosas.
Un nuevo ataque contra Grinda llegó de la mano del exfiscal y abogado Ignacio Peláez, quien acabó con la carrera judicial de Baltasar Garzón, condenado por autorizar escuchas de este letrado mientras hablaba en los locutorios con su defendido de la trama Gürtel.

El pasado 19 de mayo, Peláez se dirigió a la Fiscalía para intentar reabrir dos causas abiertas contra Grinda por supuesta pederastia que habían sido archivadas. Una de ellas fue en Cangas del Morrazo (Pontevedra), donde se desarticuló una red de pederastas donde el fiscal Grinda apareció como usuario. La otra fue un tuit con pornografía infantil enviado a una niña, denunciado por su madre en Alcalá la Real (Jaén) y que también fue archivado.

"El fiscal anticorrupción José Grinda es un pederasta reincidente", acusó Peláez en 13 TV. El aludido dice estar desolado y explica a sus cercanos que alguien le metió en esa lista al hackear su ordenador. El primero en difundir este vidrioso asunto fue el famoso excomisario de las cloacas del Estado José Villarejo, en la época en la que el fiscal investigaba a grandes mafias rusas.

"Poner coto al estado policial"

En este duelo de navajas y filtraciones también participa la UCO. Hace dos meses y medio Manuel Moix presentó un proyecto al nuevo Fiscal General del Estado: "Poner coto al estado policial". En opinión de su entorno, Moix tiene razón porque es la policía y no los jueces y fiscales, quienes realmente investigan en España.

En el punto de mira de Moix está el propio jefe de la UCO, Manuel Sánchez Corbi, quien fue condenado por malos tratos e indultado en 1999 por el Gobierno de José María Aznar a propuesta de Margarita Mariscal de Gante, ministra de Justicia.

El Gobierno también comparte la convicción de que la UCO se ha convertido en un poder aparte, en especial tras la difusión del informe sobre las actividades de Cristina Cifuentes al adjudicar los servicios de cafetería y cocina del parlamento autónomo al empresario Arturo Fernández, del grupo Cantoblanco.

"Quieren cargarse Anticorrupción"

"Quieren cargarse a la Fiscalía Anticorrupción por lo bien que funciona", expresa un fiscal progresista que recuerda que en España "no es que haya crecido la corrupción; es que hay más casos judiciales de corrupción".

En España
"no es que de repente
haya crecido la corrupción; es que hay más casos judiciales de corrupción. Y eso es gracias a la Fiscalía Anticorrupción

"Al PP nunca le gustó la Fiscalía Anticorrupción", explican fuentes fiscales. Anticorrupción fue puesta en marcha con un anuncio de Felipe González cual carta sacada de las chistera ante un bronco debate parlamentario.

En estos años ha demostrado ser una fiscalía especializada y pionera que es puesta como ejemplo por el Grupo de Estados contra la Corrupción (Greco) del Consejo de Europa.

Ahí trabajan fiscales especializados en la lucha contra las grandes redes criminales y las mafias, que son asesorados por los llamados 'equipos de apoyo', compuestos por altos funcionarios del Estado de larga trayectoria procedentes de la Agencia Tributaria -para los  posibles delitos fiscales- y de la Intervención General del Estado para el análisis de los contratos públicos.

Moix nunca perteneció a las fiscalías de batalla, las dedicadas a la lucha contra el crimen organizado y que se atreven a las presiones, amenazas y trampas de organizaciones muy poderosas. Con la expresión de batalla, entre los fiscales se denominan a los compañeros dedicados a la lucha contra la droga, la corrupción o el terrorismo.

El fiscal ahora dimitido proviene de un cargo más bien burocrático -fiscal jefe de Madrid- que saltó a la fiscalía de lo Contencioso-Administrativo del Supremo.

Maza quería a alguien de fuera de Anticorrupción para sustituir a Salinas. Y optó por Moix en lugar de Alejandro Luzón, que es un fiscal conservador especializado en corrupcion. Luzón era la opción de Consuelo Madrigal, su antecesora no renovada por el Gobierno al discrepar sobre quién debía dirigir Anticorrupción o la Audiencia Nacional.

Esta batalla de navajas responde también a un pulso sobre el modelo de Fiscalía para España, ahora que se pretende que asuma la instrucción de las causas penales.

Por un lado se encuentra un modelo basado en una jefatura coordinada con un jefe, con fiscales responsables que reportan ante él y que él los respalda. Es el modelo de Salinas. Por el otro, una fiscalía piramidal, donde todos los pasos se consultan con el jefe, que es quien asume todo el mando. Es el modelo de Moix. Y el de Maza, no en vano desde su llegada todos los casos que afectan a aforados son dirigidos desde la Secretaría Técnica de la fiscalía general del Estado.

Los dos lados del péndulo

Para entender el trasfondo de lo que ocurre en la Fiscalía hay que remontarse también al año 2004, cuando Cándido Conde Pumpido fue nombrado Fiscal General del Estado. Entonces Conde Pumpido colocó en los puestos clave a fiscales de su confianza. Sus sucesores —Eduardo Torres Dulce y Consuelo Madrigal— mantuvieron en sus puestos a estos fiscales nombrados por Pumpido. Hasta que llegó José Manuel Maza a la Fiscalía General del Estado y decidió cambiarlo todo.

Como en un movimiento pendular, Maza optó por cambiar a algunos de estos fiscales clave. Así, cesó al fiscal jefe de la Audiencia Nacional Javier Zaragoza, para colocar en su lugar a su teniente fiscal, Jesús Alonso.

Maza nombró a Moix para el cargo de Fiscal Anticorrupción con el fin de cubrir el puesto de Antonio Salinas, quien se había jubilado y que había dejado que los fiscales de su área fueran más por libre. Salinas fue nombrado en 2003 y mantenido en el puesto por Conde Pumpido y sus sucesores, al igual que Moix al frente de la Fiscalía de Madrid. "En ninguno de los dos casos les sustituí por fiscales de mi confianza, porque consideré que hacían bien su trabajo", matiza Conde Pumpido.

Rajoy y su partido han conseguido –sin buscarlo— un parapeto perfecto: la dimisión de Moix ha servido para tapar el nuevo escándalo de corrupción surgido alrededor del PP

A José Manuel Maza lo nombró el ministro de Justicia, Rafael Catalá, a quien el líder de la trama, el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, le decía que Moix era el candidato ideal para Anticorrupción. En ese sentido, la actuación de Maza y de Catalá está bajo sospecha. 

Lezo, esa tormenta perfecta, también ha salpicado al secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, quien recibió al hermano de González en su despacho, tras lo cual los principales implicados en la trama dejaron de hablar de sus negocios y de citarse en el despacho de González, donde se había colocado un micrófono oculto por orden de la Audiencia Nacional.

Mariano Rajoy y su partido han conseguido –sin buscarlo— un parapeto perfecto: la dimisión de Moix ha servido para tapar el nuevo escándalo de corrupción surgido alrededor del PP. Por eso lo han dejado caer. Pero la guerra de fiscales no ha cesado con la dimisión de Moix: las navajas siguen en alto.