Publicado: 02.11.2013 13:43 |Actualizado: 02.11.2013 13:43

El día que Carmelo Gómez no se quiso hacer una foto con el presidente

Según Aznar, su "inclinación personal" hacia las manifestaciones culturales le propiciaron "varias anécdotas que tienen algún valor testimonial"

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Además de recordar sus encuentros con Hugo Chávez, el fallecido presidente de Venezuela, José María Aznar repasa otros asuntos y rememora algunas anécdotas jugosas en sus memorias, entre ellas el día que el actor Carmelo Gómez se negó a hacerse una foto con él. 

Según Aznar, su "inclinación personal" hacia las manifestaciones culturales le propiciaron alguna anécdota, como la negativa a fotografiarse con él del actor Carmelo Gómez o del pintor Eduardo Arroyo, con quien asegura que después llegó a tener una relación muy cordial.

El ya expresidente recuerda así lo acontecido con el actor leonés: "Mi implicación personal con un mundo [el de la cultura], en general, no muy próximo a nuestras posiciones políticas me proporcionó varias anécdotas que tienen algún valor testimonial. En enero de 1997 ofrecí un almuerzo en la Moncloa al equipo de la película El perro del hortelano encabezado por su directora, Pilar Miró. Asistían también Enrique Cerezo, el productor, y los actores Ana Duato, Emma Suárez y Carmelo Gómez. Después del aperitivo y antes de pasar al comedor, había la costumbre de hacernos una foto que no se difundía nunca a los medios, sino que se enviaba a los invitados como recuerdo. Cuando nos íbamos a situar para la foto, me viene Pilar Miró, algo apurada, y me dice: 'Presidente, perdona, pero Carmelo Gómez no quiere hacerse una foto contigo'. Le dije a Pilar Miró que no se preocupara, porque ni él ni nadie tenía obligación de hacerse fotos en la Moncloa; era un recuerdo y nada más. Hubo foto para los demás, que sí quisieron, y la comida, con todos, fue interesante y entretenida".

Alude también a su gusto por la poesía y al comentario que, ante las dudas de que fuera cierta esa afición, le hizo el escritor Mario Vargas Llosa al entrar en su despacho en Moncloa y ver su biblioteca íntegramente dedicada a ella y con papeles amarillos marcando muchas páginas: "¡Ah..., entonces, era verdad!