Publicado: 29.07.2015 12:29 |Actualizado: 29.07.2015 12:29

Lluís Rabell: “El verdadero problema es el aislamiento de una pequeña nación ante el potencial de la Troika”

Catalunya Sí que es Pot pretende llevar a la presidencia de la Generalitat a un activista del movimiento vecinal, pero también a un militante internacionalista que entiende que Catalunya debe mirar a Grecia para ver hasta qué punto los poderosos dificultan que los pueblos pequeños ejerzan su soberanía

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Lluís Rabell, durante la entrevista./ M. F.

Lluís Rabell, durante la entrevista./ M. F.

BARCELONA.- Lluís Rabell es desde el pasado viernes el anunciado cabeza de lista de la candidatura Catalunya Sí que es Pot para las elecciones catalanas del 27 de septiembre. El hasta ahora presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) es un activista de larga trayectoria, habituado a hacer política desde la calle y que ahora da el paso a la batalla institucional.

Nacido en 1954 en el barrio del Raval de la capital catalana y bregado en la lucha antifranquista en su juventud, Rabell desgrana su pensamiento y su visión de la actual coyuntura en una larga entrevista con Público. Convencido de que algo “muy profundo” se está cociendo en la sociedad española y de que se está llegando al “final del régimen” del 78, Rabell ve los comicios del 27-S como un nuevo paso de un cambio que empezó a tomar cuerpo en las recientes elecciones municipales, con las victorias de Ada Colau en Barcelona y Manuela Carmena en Madrid.



Confiesa que la independencia de Catalunya no le da “ningún miedo” pero advierte de que “un pueblo pequeño, una pequeña nación, difícilmente podrá resistir a las presiones que la rodean” y añade que el caso griego ha mostrado que el “verdadero problema es el aislamiento de una pequeña nación ante el potencial de la Troika”. “Esto es perfectamente aplicable a Catalunya y explica hasta qué punto necesitamos proceder con mayorías sociales muy amplias, que busquen complicidades y apoyos en todas partes”, apunta para concluir que “sería ilusorio pensar que la Troika o los poderes fácticos serán más amables con una Catalunya que aspira a su soberanía que lo que lo han sido con Grecia”.

Catalunya Sí que es Pot tendrá una conclusión “mucho más abierta que al
inicio”

Más allá de su paso por formaciones comunistas, Rabell representa una militancia internacionalista forjada en episodios vividos fundamentalmente en Portugal, Francia y el Reino Unido. Pasó un año en el país luso después de la caída de la dictadura  salazarista, lo que le permite opinar que “quién ha tenido la ocasión de ver una verdadera revolución popular, queda marcado para toda la vida. Es un momento de exaltación y un momento en el que ves ponerse en acción y convertirse en auténticos sujetos de la historia a todos aquellos segmentos y sectores de la sociedad que han sido siempre, históricamente, menospreciados y que de repente toman la palabra y, en un raro momento de inspiración, parecen convertirse en auténticos gigantes que colocan a su alcance la posibilidad de hacerlo todo, de asaltar los cielos”.

Rabell vivió también en Francia durante gran parte de la década de los 80, lo que le dio la oportunidad de conocer “a sectores de lo que podríamos llamar la oposición democrática y socialista, progresista de Europa del Este”, como al Solidarnosc polaco. Su formación política, en el antiautoritarismo trotskista, le lleva a lamentar que la tendencia de izquierdas dentro de este sindicato —que llegó a agrupar a más de diez millones de trabajadores— perdiera su fuerza revolucionaria y transformadora y acabara acompañando un proceso de regresión social y económica “en vez de abrir un horizonte de un sistema autogestionado y socialista, con democracia y libertades”.

“No queremos una candidatura que sólo represente a la franja activa de los
movimientos sociales, necesitamos que se apoye en sectores más amplios”

Otra batalla internacional que lo marca fue el final de la huelga de los mineros británicos. “La [Margaret] Thatcher consiguió romper la columna vertebral del movimiento obrero británico en una batalla épica. Vivir aquello y ver lo que eran los piquetes clásicos era algo impresionante, difícil de imaginar ahora, pero aquella derrota del movimiento obrero británico lo fue también para todo el movimiento obrero europeo. A partir de aquel momento, las políticas neoliberales y de desregulación, las políticas que han ido socavando el estado del bienestar alzaron el vuelo en toda Europa y la idea de que no hay alternativa y de que hemos llegado al fin de la historia se empezó a instalar. Llegó a contaminar y dominar finalmente el pensamiento de la propia izquierda oficial europea, particularmente de la socialdemocracia, y precedió de alguna manera lo que marcó el fin de siglo y lo que estamos todavía viviendo, que es el hundimiento de los grandes proyectos de emancipación que han marcado a las generaciones del siglo XX”.

Lo importante, llegar a la soberanía

“Si Catalunya es independiente un día, seguramente sería el primer paso de un acuerdo o encaje con el resto de pueblos ibéricos cuando se dieran las condiciones para realizarse”, apunta Rabell. El candidato de Catalunya Sí que es Pot votó sí-sí —a favor de la independencia— en la consulta del 9 de noviembre porque se lo “pedía el cuerpo” y a pesar de no ser independentista asegura que la independencia no le da "ningún miedo”. “Para mí lo que hay que hacer no es tanto la independencia sino llegar a la soberanía, a la capacidad del pueblo de decidir qué hacer. La capacidad de decidir si en un momento dado quiere ser independiente, federarse o desfederarse”, apunta. En su opinión, ejercer las potencialidades nacionales de Catalunya puede tener distintos encajes: uno puede ser la independencia, pero al mismo tiempo, dados los vínculos históricos, culturales y de todo tipo con el resto de pueblos ibéricos, también se podría encontrar una solución en un encaje de soberanía compartida, federal o confederal, siempre que se diera en un pie de igualdad entre los pueblos”.

“Es el momento de configurar alternativas, de aprovechar y ampliar las grietas que abre esta crisis”

De cara al 27-S, Rabell subraya que su candidatura incluye a representantes de distintas sensibilidades en relación a la cuestión nacional y afirma que los comicios “no serán un debate entre independentistas y antiindependentistas, sino entre una propuesta que cabalga en la problemática nacional, como es la lista de Mas, y la que se sostiene sobre la izquierda social, que quiere dar respuesta a la emergencia social, pero también a la democrática y nacional”. Ahora bien, para dar salida a la reivindicación nacional ve necesarias dos cosas: “un proceso en el que haya mucha gente y mucha fuerza social para poder ejercer los derechos nacionales y, al mismo, que se pueda entender, suscitar y despertar simpatías y complicidades en muchas partes”.

“En nuestra lista habrá personas que la gente identificará como los que van a gobernar”

El cabeza de lista de Catalunya Sí que es Pot recuerda que “en los últimos años del franquismo, los movimientos sociales y de oposición catalanes eran populares, reconocidos y admirados en todo el Estado, y la reivindicación nacional catalana era conocida y aceptada como una propuesta democrática y de progreso para todos los pueblos. Ha llovido mucho y con la Transición se llegó hasta donde llegó. Debemos ser atrevidos y tenemos que empujar y hacer las cosas de tal manera que condicionemos las evoluciones políticas en todo el Estado. Pablo [Iglesias] y una generación de fuerzas políticas emergentes no dirían lo que dicen si no hubiera el movimiento que ha habido en Catalunya, que pide nuevas cotas de libertad. Este potencial y evolución de la sociedad catalana ya pesa en el discurso cuando hace unos años era impensable que alguien en Madrid dijera lo que él dice”.

Un “mar de fondo” que anuncia cambios “profundos”

Rabell se muestra convencido de que habrá cambios significativos: “Se está cociendo en la sociedad española, a todos los niveles e indican el final del régimen”. Insiste en que “las elecciones municipales han demostrado que algo muy profundo se mueve en las capas tectónicas de la sociedad y que ya veremos hasta dónde llega en las próximas elecciones generales esta oleada de fondo de cambio y de búsqueda de nuevas configuraciones”. En su opinión, ahora se está en la fase de “encontrar fórmulas que expresen esa voluntad de cambio de fondo y hacerla posible”. Mientras que, a un plazo un poco más largo, considera que la “perspectiva más razonable es una crisis muy profunda del régimen del 78". "Eso no quiere decir que ganemos, pero la batalla aún está abierta e irá más lejos que la inmediata contienda electoral”.

“No vemos estas elecciones como plebiscitarias, sino como constituyentes”

En un lenguaje muy parecido al de Podemos, Rabell plantea el 27-S y los comicios siguientes como una “ventana de oportunidad”. “Durante un período, esta crisis tendrá su desarrollo, tendrá momentos más agudos y es el momento justamente de configurar alternativas y de aprovechar y de ampliar las grietas que abre esta crisis. Pronto o tarde esta crisis se cerrará y se cerrará sobre la base de una nueva correlación de fuerzas, quizás más favorable a las clases populares o menos, si las oligarquías y clases dominantes llegan a recuperarse y a reconfigurar un régimen que les sea favorable”, añade.

Para que este cambio de régimen sea posible ve necesaria una “reactivación, un fortalecimiento y renovación del movimiento sindical”. "En este sentido, con la inclusión del diputado de ICV Joan Coscubiela —también exsecretario general de CCOO en Catalunya— en la lista electoral mandamos un mensaje a los trabajadores organizados y al sindicalismo en general. Seguramente los sindicatos deberán reinventarse. La precarización de amplios sectores de la clase trabajadora ha hecho difícil el trabajo de los sindicatos y la pérdida de capacidad negociadora les ha debilitado. Una de las políticas que seguro que están en el programa de Catalunya Sí que es Pot es la defensa del marco catalán de negociación”.

Una candidatura activista pero que irá más allá de los movimientos sociales


Rabell fue propuesto como cabeza de lista de Catalunya Sí que es pot —después de la negativa de otros candidatos— y apunta que lo que se le ha pedido es “estirar de la experiencia de un trabajo en otro ámbito, porque no es lo mismo el de una formación política que otra social, asociativa, como una federación, la vecinal de Barcelona”. En este sentido, una de las ventajas que le ha dado el activismo vecinal es “trabajar y actuar conjuntamente con diferentes sensibilidades, culturas que a la vez deben producir una política compartida, lo es un ejercicio muy saludable. En política hay que funcionar con grandes consensos, pero sabiendo gestionar también los desacuerdos”.

“Las elecciones municipales han demostrado que algo muy profundo se
mueve en la sociedad”

A pesar de que la configuración de Catalunya Sí que es Pot ha sido, de momento, a través de un pacto entre partidos —ICV, EUiA y Podem—, Rabell señala que “se quiere que tenga visibilidad como propuesta ciudadana, es decir, que tenga un componente ciudadano muy significado y significativo". "Por eso se pensó en mí, con este perfil. La nueva política que hay que hacer en tiempos de nuevas configuraciones inacabadas ha de sostenerse necesariamente sobre una aportación importante del activismo social y del movimiento ciudadano”.

Barcelona en Comú, la candidatura de Ada Colau, como referencia

Sin formar parte de ella, Rabell fue uno de los impulsores de Barcelona en Comú y en relación a ésta reconoce que “el ámbito de la ciudad, el local, permite y facilita mucho más que la presencia del activismo de calle sea patente y se pueda materializar de manera asamblearia y participativa”, pero añade que un factor decisivo para convencerle de que encabezara la propuesta, es “que este acuerdo entre fuerzas políticas permaneciera todavía abierto. "Y que se ha dado una parte importante de peso a lo que yo, como independiente de cada uno de estos actores políticos, pueda introducir y también proponer candidatos”. “El hecho de que los primeros trabajos o aproximaciones, como difícilmente podía ser de otra manera, hayan sido realizados por actores políticos no impide que la conclusión esté mucho más abierta que al inicio”.

“En las próximas elecciones veremos hasta dónde llega esta oleada de fondo de
cambio y de búsqueda de nuevas configuraciones”

Rabell plantea el 27-S “no como unas elecciones plebiscitarias, sino como constituyentes”, y afirma: “No queremos hacer sólo una candidatura que represente a los movimientos sociales y a la franja activa que ellos representan. Necesitamos una candidatura que se apoye en sectores sociales mucho más amplios. Que tenga una perspectiva y una representación ciudadana más amplia. Es decir, no queremos hacer llegar al Parlament un honesto y combativo grupo parlamentario de oposición, si no con una fuerza suficientemente arraigada y con un número de diputados y diputadas que jueguen un papel capital en la formación de mayorías parlamentarias, para poder hacer bascular mayorías. Eso se hace no sólo con un discurso y un proyecto sino con suficiente fuerza para poder ser determinantes. Cuando decimos ‘ganar’ significa que en primera instancia queremos llegar al gobierno de la Generalitat. La confección de la lista trasladará esa voluntad y los perfiles para que se entienda que no sólo queremos representar ampliamente, sino que llevaremos a personas que la gente podrá identificar como los que van a gobernar”.

Rabell entiende que Procés Constituent “ha dejado huella” y que su desmarque es más un ‘hasta pronto’ que  un ‘adiós’

De la confluencia inicialmente planteada, el sábado se desmarcó definitivamente Procés Constituent, pero Rabell considera que el movimiento “ha dejado su huella en este debate”. Sobre su ausencia, enumera el factor tiempo como clave en la decisión: “Estamos ante una convocatoria electoral que ejerce una presión terrible, que obliga a correr, a hacer las cosas que todos queremos hacer, obligatoriamente, a contrarreloj, y creo que verdaderamente no hemos tenido tiempo. (…) Ha faltado tiempo para ir arrinconando problemas, disipando dudas, y llegar a un acuerdo”. En todo caso, se muestra convencido de que se seguirán encontrando con los activistas de Procés Constituent y de que se trata “más de un ‘hasta pronto’ que de un ‘adiós’”.