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PSOE Díaz y Sánchez separan a la militancia socialista por 2.000 metros y mucha inquina

Los dos candidatos agudizan la fractura del partido al convocar por separado a miles de afiliados a la misma hora y en la misma orilla del Guadalquivir, ambos erigiéndose como el verdadero PSOE

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Susana Díaz, con Alfonso Guerra, y Pedro Sánchez en sus respectivos mítines en Sevilla. EFE

Los nativos norteamericanos y los emigrantes irlandeses solían citarse en el muelle de Nueva York para matarse a golpes y cuchillazos a mediados del siglo XIX, cuando los Estados Unidos de América aún no eran una nación. Así aparece en el libro de Herbert Asbury Gangs of New York, que inspiró la película de Martin Scorsese. Los nativos defendían la verdadera esencia del americano, se resistían a ser colonizados y a mezclarse con los nuevos americanos, gente que venía de fuera, con otras costumbres y amenazaba con transformar su historia y su futuro.

En Sevilla también existe un muelle de Nueva York, está en la dársena izquierda del Guadalquivir. Las dos familias del PSOE -los socialistas nativos y los socialistas colonos- se han enfrentado este viernes no muy lejos de allí, en la misma orilla del río, con dos cierres de campaña simultáneos separados por unos pocos metros de distancia: los susanistas defienden la esencia del PSOE de siempre y batallan con furia contra los sanchistas para evitar que adulteren su historia pretendiendo ser otra cosa. Pretendiendo ser Podemos.

Susana Díaz y Pedro Sánchez han venido a medir sus ejércitos de militantes a Sevilla, el epicentro de las primarias socialistas, donde se disputan 10.000 votos y la victoria psicológica: ganar o perder entre los tuyos. La andaluza convocó a las 19.30 horas en el muelle de las Delicias, donde el PSOE cerró campaña en las últimas elecciones generales (aquí vimos, hace justo un año, el último abrazo fingido entre Sánchez y Díaz); el madrileño convocó a la misma hora 2.000 metros más abajo, en el muelle de la Sal, junto al puente que cruza a Triana, el barrio natal de la presidenta. ¿Quién convocó antes? ¿Quién contraprogramó? Ya poco importa. Alguien ha querido que el clímax de estas primarias a cara de perro estén cargadas de simbolismo y envueltas en cierta épica: duelo al sol en los muelles de Sevilla.

El PSOE está fracturado en dos mitades. La distancia que separa a una de la otra es insalvable, aunque hoy, a 48 horas de que se abran las urnas, esa distancia entre el PSOE clásico y el PSOE rebelde se puede recorrer en 15 minutos a pie, siguiendo el curso del río. Nunca han estado tan cerca y a la vez tan alejados el uno del otro.

Los dos candidatos a liderar el PSOE han escenificado hoy, mejor que nunca, lo que significan estas primarias: no se puede estar en los dos sitios a la vez. Un militante no se puede desdoblar, aunque muchos periodistas sí tuvieron que hacerlo, recorriendo arriba y abajo la distancia que separa el mitin de Sánchez del de Díaz. Carreras por el paseo fluvial, en bici, en moto, en taxi… Había ambiente electoral en ambos escenarios, había entusiasmo y multitud en ambos recintos, militante arriba, militante abajo.

El acto de Sánchez se dispuso en horizontal, con las sillas frente al escenario, ocupando gran parte de la margen del río; y el mitin de Díaz se dispuso en forma de anfiteatro, con el atril en medio y cuatro gradas rodeándolo. Los susanistas decían que eran 5.000; los sanchistas, 3.000. A saber. Ni siquiera la Policía quiso meterse en líos de números. “Muchos allí y muchos aquí”, decía un subinspector.

Ella con camisa blanca, él con camisa azul (se tuvo que quitar la chupa marrón de cuero). Díaz entró con el himno del PSOE, Sánchez usó una sinfonía wagneriana, heroica, tipo Gladiator. En ambos mítines se veían banderas rojas, logos socialistas, banderas andaluzas y alguna republicana (en el acto de Díaz también había banderas de todas las comunidades: Euskadi, Cataluña, Asturias, Extremadura…).

Los candidatos, con sus padres

El madrileño vino arropado por casi todos los diputados rebeldes del Congreso, los que votaron "no" a la investidura de Rajoy en contra del criterio del comité federal; la sevillana llegó rodeada de casi todos los miembros del Gobierno andaluz. Sánchez viajó a Sevilla con sus padres, y Díaz fue también con los suyos y llegó al mitin con su marido y su hijo. La telonera estrella de Pedro Sánchez fue la alcaldesa de Paris, Anne Hidalgo, y el que acompañó a Susana Díaz fue el exvicepresidente Alfonso Guerra, la verdadera fuente de inspiración de la andaluza. Guerra es muy querido en Sevilla, es una especie de leyenda del rock, sabe cómo hacer reír y saltar a los socialistas. Pero al final no intervino.

Los susanistas, que juegan en casa, tuvieron el gran, gran acierto de repartir sombreros de paja y gorras verdes. El 100% PSOE bajo un sol de 37 grados y ni un rincón de sombra. En los dos sitios había jóvenes y mayores, aunque el aforo de Pedro Sánchez era de una media de edad inferior. A la sevillana la siguen muchas personas mayores y al madrileño más chavales, pero esto es sólo una realidad a medias. La federación andaluza suma 49.405 afiliados y la edad media está en la horquilla de 55 a 60 años.

Díaz hablo de unidad y de fraternidad, lanzó arengas a voces, enérgica, como si el domingo se lo jugase todo. Mencionó el PSOE más de un centenar de veces: “¡Somos el PSOE, 138 años de historia. Somos el PSOE, somos el PSOE!”. Nunca mencionó a Pedro Sánchez, pero sí lanzó indirectas a aquellos que la han “insultado” durante la campaña. Reivindicó la cultura de partido, la historia de 138 años y los referentes como González, Zapatero o Guerra. También repitió hasta la saciedad la palabra “ganar”.

La presidenta andaluza tiene un discurso muy emocional y la gente le responde, sabe tensionar a la tropa y que se sientan parte de una familia grande. “No tenemos complejos. ¿Quién nos va a acomplejar a nosotros?”. “¡Nadieeee!”, respondía la multitud. “¡Rajoy está en el tiempo de descuento y lo sabe! Va a durar lo que nosotros tardemos en recuperarnos!”, decía. Tan duro con Rajoy como con Pablo Iglesias y Podemos, a los que acusa de “intimidar a los socialistas”. El rechazo visceral de Díaz al partido morado fue muy aplaudido por el público.
El discurso de Díaz coincidió con el de Anne Hidalgo. La alcaldesa de París agradeció a Sánchez que haya “abierto puertas y ventanas del PSOE”. “El trabajo para reinventar la socialdemocracia lo habéis empezado vosotros”, dijo. El exlíder socialista tomó el micrófono cuando, al fin, se puso el sol por detrás de los tejados de Triana. Fue recibido con júbilo.

Sánchez volvió a repetir su relato de héroe derribado por las élites, habló de los socialistas de arriba y los de abajo y conectó con el sentimiento de la gente que le sigue, muy enfadada con Susana Díaz. Ha ganado presencia y temple sobre un escenario. Incluso los susanistas lo reconocen, ellos que tanto se quejaban de que el madrileño “dormía a las vacas” en los mítines de las elecciones. Ahora Sánchez se parece algo a Díaz, dialoga con el público, ha enterrado los números y los argumentos sesudos para explotar la frase corta, directa, el mensaje emocional, la broma.

“Tengo más moral que el Alcoyano”, decía. También su público ha cambiado: antes le seguían más callados, ahora le gritan como a una estrella del rock. “¡Ave Fénix, Ave Fénix!”, le gritaba una señora enfervorecida. “¡Sí es sí, sí es sí!”, coreaba el público, y el madrileño les apretaba más: “¡Somos rojos, rojos del PSOE!”. Entre el público sanchista se percibe un hondo resentimiento contra Susana Díaz. Un sanchista: “Susana se cree que el PSOE es suyo, que Andalucía es suya, que puede hacer lo que le dé la gana”. Un susanista: “Pedro no tiene nada que perder, viene a cargarse el partido”.

“¿De qué iba esto?”

La presidenta andaluza se marchó media hora antes que el exlíder socialista. Lo último que se escuchó en el muelle de la Sal fue La Internacional. Queda un día antes de las votaciones, pero el acto doble de hoy cierra la contienda sin atisbo de que se vayan a cerrar las heridas después del 21 de mayo. Así han quedado las primarias. Esto no va de programas políticos ni de propuestas estrella ni de nación de naciones ni de umbral de pobreza ni de tasas de desempleo ni de precariedad laboral ni de hartazgo con la corrupción ni de indignación ciudadana. Ni siquiera va de refundar la izquierda o de hacer un by pass a la socialdemocracia europea.

Esto va de mentiras, posverdades, derrocamientos, perdedores natos, traidores de la izquierda, socialistas radicales o podemizados, socialistas derechizados, aparatos contra bases, barones contra militantes, el PSOE del 100% y el del 0%… Esto va de cómo ser un parado por coherencia en un país de 3,7 millones de parados incoherentes, de pactos secretos con los independentistas catalanes que nunca existieron, de acuerdos ocultos con Podemos, de naciones, plurinaciones, nación de naciones y naciones culturales… Esto va de “mafia”, “ratas”, “gusana", “hijaputa”, “fascistas”, “clientelismo andaluz”, “voto cautivo”, “compra de avales y voluntades”, de estar “con el culo en pompa a la derecha”, de “suicidio político”, de “llevar el partido al precipicio”…

Esto va de incompatibilidad para presidir la Junta y la secretaría general del PSOE, de Francia, Le Pen y Melenchon, de Reino Unido y Corbyn… Esto va de “Pedro, no mientas, cariño”; “Mi proyecto es tu proyecto, compañero Patxi"; “A ver Pedro, ¿tú sabes qué es una nación?”; “Copias mis ideas porque no tienes propias”; “Estamos aquí porque perdiste”; “Estamos aquí porque apoyaste la abstención a Rajoy”; “Tu problema no soy yo, eres tú”; “Tu programa es liberal y el mío es de izquierdas”; “El PSOE está malito” y la mejor de todas: “Yo quiero un partido unido y fuerte”.

La socialdemocracia está en crisis en toda Europa y el PSOE español está partido en dos, compitiendo consigo mismo en la orilla de un río sin puentes para reconciliar, a ver quién suma a más militantes bajo el sol, quién reúne a más socialistas en la casa de Susana Díaz, con Triana al fondo, a ver quien se queda con los restos de un naufragio de 84 diputados y una honda crisis de legitimidad, credibilidad y respeto social.

Ambos candidatos juran que ellos convocaron antes allí y que fue el otro quien les contraprogramó unos metros más abajo. Faltan horas para que los más de 187.000 militantes del PSOE acudan a votar y decidan el futuro de un partido, así que ya poco importa quién contraprogramó. Muchos socialistas temen el día después y consideran que estas primarias, desde el principio, no han sido otra cosa que una gran contraprogramación del PSOE contra sí mismo.