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Aceite de palma Todo lo que hay que saber sobre el denostado aceite de palma

¿Por qué es tan malo? ¿Qué productos lo llevan? ¿Hay alternativas? El aceite de palma, presente en alimentos, productos de higiene y carburantes está en boca de todos por sus efectos nocivos sobre la salud y el medio ambiente.

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El aceite de palma se encuentra en una enorme cantidad de productos que consumimos a diario. AFP

El aceite de palma se encuentra en una enorme cantidad de productos que consumimos a diario. AFP

Está en boca de todos. Literalmente. En las patatas fritas que picas en el aperitivo, en la pizza congelada del fin de semana, en la crema de cacao que untas en la tostada, los cereales del desayuno, la chocolatina de después de comer. También en tu champú y en el combustible bio con el que llenas el depósito del coche. El aceite de palma se ha convertido en uno de los productos más usados por la industria de la alimentación y la cosmética de los últimos años. Y en uno de los más odiados por ecologistas y nutricionistas, que llevan años advirtiendo de las nefastas consecuencias de este producto de origen tropical. Te resumimos a continuación algunas de las cuestiones clave que conviene conocer sobre el aceite de palma y sus alternativas.

¿Qué es?

Es un aceite obtenido a partir del fruto de la palma africana, (Elaeis guineensis), que se cultiva en países tropicales, principalmente en Indonesia y Malasia, (donde se concentra el 85% de la producción mundial), pero también en otros como Brasil, Colombia, Camboya, Tailandia, México, Papúa Nueva Guinea o zonas de África occidental.

¿Para qué se usa?

Se utiliza principalmente para tres consumos: como biocarburante, para cosméticos y para la alimentación; aunque es sin duda en estos dos últimos sectores donde está más presente. Según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, el 61% del aceite de palma que se usó en Europa en 2012 se destinó a la industria alimentaria y cosmética.

Y no es fácil de esquivar, porque está en todas partes y en productos que todos consumimos a diario: se usa para cremas, chocolatinas, sopas, cereales, bollería industrial, pizzas congeladas, productos precocinados, gominolas, aperitivos y snacks envasados, velas, jabones, detergentes, productos de limpieza y un largo etcétera.

¿Por qué se utiliza tanto?

El aceite de palma se ha convertido en el aceite más usado del mundo, por encima del de soja o el de colza, principalmente debido a su bajo coste: en enero, la tonelada de aceite de palma se cotizaba en el mercado internacional a 726,49 dólares, mientras que el aceite de oliva lo hacía a 4.018,65 dólares.

Además, tiene unas características que lo hacen idóneo para las demandas de la industria. Sirve para mantener y almacenar coberturas porque se derrite a mayor temperatura que el chocolate, y es muy apropiado para productos untuosos, por la cantidad de grasas saturadas que contiene. También se enrancia más tarde que otros aceites, aguanta más frituras, sirve como sustituto barato de la mantequilla y como alternativa a la cera o a la parafina.

¿Por qué es malo para la salud?

En conversación con Público, Eduard Baladía, nutricionista del Centro de Análisis de Evidencia Científica de la Academia Española de Nutrición y Dietética, explica que de los dos únicos metaanálisis (compilación de estudios científicos) que hay sobre el tema, se puede concluir que el aceite de palma “aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares” porque produce un amento del colesterol LDL, el “malo”. Baladía señala también que cuando el aceite de palma es sustituido por otros monoinsaturados (aceite de oliva) y poliinsaturados (girasol, soja) el problema del colesterol se soluciona.

Además, una importante investigación del IRB de Barcelona publicada en la revista Nature comprobó por primera vez la vinculación que existe entre una dieta rica en en ácido palmítico, componente principal del aceite de palma, y las probabilidades de desarrollar una metástasis en pacientes con cáncer. En concreto, los investigadores trataron un tumor oral durante dos días con ácido palmítico y después lo inyectaron en ratones con una dieta normal. Si en condiciones normales un 50% de esos ratones hubiera desarrollado una metástasis, tras alimentarse con ácido palmítico el 100%, es decir, todos, desarrollaron una metástasis. 

"Hay que hacer más estudios para entender esta intrigante relación entre dieta y metástasis, sobre todo porque en las sociedades industrializadas estamos incrementando de forma alarmante el consumo de grasas saturadas y de azúcares”, adviertía Aznar Benitah, uno de los dos autores de la investigación.

¿Qué marcas y productos lo contienen?

Aunque no es fácil conocer con exactitud qué marcas son las que utilizan más aceite de palma o cuáles de sus productos lo llevan y en qué cantidad, el proyecto de investigación periodística Carro de Combate aporta una lista que incluye algunas de las firmas más importantes y que sí lo utilizan, entre ellas: Univeler, Nestlé, Kellogg’s, Burger King, McDonalds, Colgate y Starbucks.

Una investigación de Amnistía Internacional señala también a los gigantes AFAMSA, ADM, Procer & Gamble y Reckitt Benckiser.

Entre las marcas de cosméticos, Vichy, The Body Shop, L’Oreal y Lancôme han reconocido usar aceite de palma; y otras como Head and Shoulders, Pantene y Herbal Essences es probable que lo usen, aunque no se ha podido comprobar al cien por cien.

Trabajadores del las plantaciones de palma en Indonesia. AFP

Trabajadores del las plantaciones de palma en Indonesia. AFP

¿Cómo puedo saber si lo estoy consumiendo?

Antes, las empresas se cubrían las espaldas y la etiqueta indicaba, simplemente, “aceite vegetal”, pero desde finales de 2014 la normativa europea sobre etiquetado obliga a decir la materia prima de la que proviene dicho aceite. Aún así, cuidado, porque muchas veces el aceite de palma aparece camuflado bajo nombres de lo más diverso: aceite de palmiste, grasa vegetal (palma), grasa vegetal fraccionada e hidrogenada de palmiste, Sodium Palmitate, estearina de palma, palmoleina u Oleina de palma, manteca de palma o Elaeis guineensis (su nombre científico).

¿Qué efectos tiene para los derechos humanos y el medio ambiente?

Según datos de la ONU, el aceite de palma es la principal causa de la deforestación en Indonesia y Malasia y se calcula que aproximadamente el 70% de las plantaciones de palma en el primer país y el 50% en el segundo, están situadas en zonas que previamente eran bosque tropical. Su cultivo ha desplazado a comunidades autóctonas y ha puesto en riesgo la existencia de especies amenazadas como los elefantes, el orangután y los tigres de Sumatra.

Se ha demostrado también que la deforestación y el cambio en los usos de suelo derivados del aceite de palma terminan provocando una mayor cantidad de emisiones de CO2 a la atmósfera que otros carburantes como el petróleo.

Por último, una investigación de Amnistía Internacional destapó que la producción del aceite de palma estaba asociada a casos de explotación infantil y de violación de los derechos humanos en los países de origen.

¿Nadie controla estos abusos?

Tras los escándalos medioambientales que se destaparon con los cultivos de palma, en 2004 se creó la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible, un organismo que integra a empresas del sector y ONG y que, en teoría, debe velar por que se respeten los derechos laborales y de las comunidades indígenas, así como garantizar que no se ocupen zonas de elevado valor medioambiental, que no se amenace la biodiversidad del lugar y promover prácticas agrícolas más limpias.
Sin embargo, su buen funcionamiento siempre ha estado en entredicho. Ocho empresas denunciadas por Amnistía por sus abusos con el aceite de palma forman parte de esa Mesa Redonda y certifican sus productos como “sostenibles”.

¿Hay alternativas?

Podemos comprobar que lo que vayamos a consumir no contenga aceite de palma y haya sido fabricado con otros aceites vegetales, como el de girasol, por ejemplo. Pero, en cualquier caso, lo más recomendado por los expertos es basarse en una dieta de productos frescos, no procesados y cocinados en casa. “Hay que volver al mercado, al producto local”, asegura Baladía.