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Migración Luces y sombras de la cumbre sobre migración en Bruselas

Mayor control y más europeo de las fronteras, plataformas de desembarco y la reforma de Dublín han estado sobre la mesa de las negociaciones este domingo

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El primer ministro búlgaro y Merkel, este domingo en la cumbre. Geert Vanden Wijngaert

Los líderes de dieciséis Estados miembros de la Unión Europea se han reunido hoy en Bruselas con el objetivo de sentar las bases de una nueva política migratoria europea y el resultado deja más sombras que luces de cara al Consejo Europeo del próximo jueves en el que se sentarán los veintiocho.

Mayor control y más europeo de las fronteras

Si en algo coinciden los Estados miembros es en que la mejor forma de acabar con la presión migratoria hacia Europa es sencillamente frenar los flujos. Y eso pasa por fortalecer el control fronterizo, trabajar con países de origen y tránsito y europeizar las fronteras.

Fuentes europeas recuerdan que los Estados no han cumplido con sus obligaciones financieras respecto al fondo fiduciario de emergencia de la Unión Europea para África. Este fondo tiene precisamente como principal objetivo asistir a países de origen y tránsito en el control de los flujos migratorios y la ayuda al retorno y reintegración de las personas migrantes. En definitiva, Bruselas quiere seguir copiando el modelo turco con otros países de África.

Los países de la UE apuestan también por incrementar la seguridad en las fronteras, fortalecer el rol de Frontex y crear una Policía europea fronteriza. Los Estados miembros en primera línea de la frontera externa de la Unión Europea – España, Italia, Grecia, Malta, Chipre y Bulgaria- han reclamado durante años la europeización de las fronteras. La Comisión Europea ha recogido el guante. Está por ver cuáles serán sus competencias y de dónde saldrá la financiación para hacerla posible.

Plataformas, sí, pero, ¿cómo y dónde?

El debate de hoy, apuntan fuentes europeas, ha servido para aclarar el concepto de plataforma. Y, en principio, sobre la mesa hay dos tipos. Pero el apoyo de los Estados miembros a estas ideas varía.

Por un lado, Italia propone crear, en países de origen y tránsito, campos en los que las personas migrantes puedan presentar su demanda de asilo y comunicar su voluntad de ser trasladadas a Europa. De ser aceptadas, estas personas serían posteriormente trasladadas a territorio europeo. De lo contrario, la UE se encargaría del retorno.

La instauración de estos centros, claro, pasa necesariamente por acuerdos bilaterales con terceros países. La Comisión confirma los diálogos con algunos países del norte de África y apunta a la necesidad de los Estados miembros con mejores relaciones con los países en la zona –España y Francia en particular- de implicarse en la negociación. Fuentes europeas insisten en que, en caso de salir adelante, los campos se establecerían con el apoyo tanto de ACNUR como de la OIM.

Es la primera vez que la UE pone sobre la mesa vías seguras de llegada para evitar más muertes en el Mediterráneo sí, pero en la práctica supone la externalización completa de la gestión fronteriza. Y las condiciones de campos fuera del territorio europeo, por mucho que la UE insista en que respetarán los estándares internacionales, está por ver.

Por otro lado, Francia y España plantean la creación de plataformas de desembarco en suelo europeo para las personas rescatadas en el Mediterráneo. En estos centros, estas personas serían “clasificadas”. Es decir, se examinaría su situación legal, sanitaria y social, y en ellas, podrían presentar su demanda de asilo.

Pedro Sánchez habla de “centros controlados”; Emmanuel Macron de “cerrados”. En cualquier caso, no se aclara quién se encargaría de la gestión de los mismos, aunque la Comisión considera que ésta sería europea si se avanza en la europeización de las fronteras. La misma lógica se aplica a la gestión de las demandas de asilo. La EASO (Oficina Europea de Apoyo al Asilo) tiene un papel limitado en la actualidad. La Comisión Europea propone reforzarlo.

La reforma de Dublín

Ninguna de estas propuestas será suficiente para satisfacer a Italia si no hay una reforma del sistema de Dublín, que determina que es el país de llegada el que debe gestionar las demandas de asilo. Fuentes europeas apuestan por impulsarla en paralelo.

Fuentes europeas entienden que el establecimiento de las plataformas, del modo que sea, pasa por una reforma de este sistema, que establece el reparto de la acogida de personas con necesidad de protección internacional. Y para que funcione, la responsabilidad tiene que ser compartida. El problema es que la reforma de Dublín lleva meses estancada. El Parlamento Europeo aprobó una posición de negociación enormemente progresista y garantista, apoyada por seis de los ocho grupos políticos.

El Consejo ha sido incapaz de ponerse de acuerdo. En parte, porque los halcones del este se niegan del todo a hacer obligatorias las cuotas de acogida, se niegan a aceptar a refugiado alguno y, al no ser países de entrada, poco les importan la presión a la que están sometidos los países en primera línea. La reforma de Dublín necesita a todos los Estados miembros a bordo. Y conseguirlo es casi misión imposible.

¿Suficiente para desbloquear la situación en Italia y Alemania?

Giuseppe Conte ha salido de Bruselas “satisfecho” y cree que el debate va en la buena dirección. Sin embargo, el ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, sigue negando puerto a barcos de rescate en el Mediterráneo.

Angela Merkel, al no haber discusión alguna sobre los movimientos secundarios, ha salido de Bruselas con las manos vacías. Merkel vuelve a casa pendiente de cerrar aún un acuerdo el próximo jueves que ponga fin a la crisis de Gobierno con sus socios de la CSU.

La cumbre de hoy ha sido impulsada precisamente para dar respuesta a estas dos crisis políticas y, a pesar del acercamiento de posturas, no está claro que haya sido suficiente. Si la cumbre del próximo 28 y 29 de junio no concreta las propuestas puestas hoy encima de la mesa, y aunque lo hiciera, queda ver el recibimiento que tienen tanto en Roma como en Baviera. Y, sobre todo, si las propuestas convencen a los países ausentes hoy en Bruselas.