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Tres de cada diez jóvenes justifican la violencia machista

Expertos advierten de que la "socialización inconsciente" y el arraigo de ideas que son fruto de la sociedad patriarcal están en la base de las diferencia de género en los comportamientos y actitudes entre chicos y chicas.

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Una niña sostiene un cartel con motivo del Día Internacional de la mujer en una foto de archivo - EFE / JEFFREY ARGUEDAS

La igualdad efectiva entre hombres y mujeres sigue siendo la gran meta a alcanzar en la sociedad del siglo XXI.

A pesar de que las nuevas generaciones muestran notables e innegables avances en esta materia, según el estudio Jóvenes y género. El estado de la cuestión, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, las desigualdades en el ámbito laboral, el reparto de las tareas domésticas o cuidado de personas dependientes y la persistencia de estereotipos sexistas demuestran que la sociedad no es tan igualitaria como definen sus normas. La existencia de estas inequidades tiene su expresión más radical en los episodios de violencia de género y en el clima que los propicia.

En una época en la que viene siendo habitual recurrir a la herencia recibida para justificar las lacras del momento actual, la igualdad se convierte en una víctima de los comportamientos más tradicionales, que aún son considerados como normales por buena parte de la sociedad.

“La cultura social no cambia fácilmente de un momento a otro. Venimos de una sociedad muy desigual. Hay mucho de socialización que es muy inconsciente, son ideas muy arraigadas, de cientos de años con ese pensamiento, que es muy difícil quitar de dentro de nosotros mismos”, declara a Público la catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Inés Alberdi.

En ese sentido, la catedrática de Igualdad en la Universidad Rey Juan Carlos advierte de la dificultad que todavía sigue suponiendo el paso a la igualdad. “El problema de la socialización es que tienen que participar todos los agentes de la sociedad: la escuela, familia, instituciones y medios de comunicación. Formamos parte de una cultura que es patriarcal, que entiende que la mujer tiene otros roles, hábitos y funciones y eso está inscrito a fuego en nuestra cultura”, asegura, al tiempo que establece esos estereotipos como la raíz del problema. “Los mensajes que lanzamos son que el hombre tiene un rol y la mujer otro. Hasta que no acabemos con eso, no habremos llegado a una igualdad”, afirma.

El estudio, cuyo objetivo es analizar los comportamientos y las actitudes de los jóvenes con una perspectiva de género, advierte de que la justificación de determinadas conductas machistas, sexistas o violentas suponen un caldo de cultivo para la violencia de género, cuyas víctimas crecen de forma progresiva en edades desde los 18 hasta los 29 años.

En opinión de Marisol Rojas, psicóloga experta en violencia de género, el mayor problema actualmente es no reconocer que están siendo víctimas de un tipo de violencia. “Ahora mismo se está dando un machismo mucho más sutil, más difícil de detectar. En otras generaciones hemos vivido un machismo y una violencia más visible, que podía reconocerse como un maltrato. Hoy la forma de expresarse, gracias también a las nuevas tecnologías con las que se ejerce una forma de control, hace que las chicas no sean conscientes de que esto forma también parte de un maltrato”.

Nuño: "Se corre el riesgo de aceptar la sumisión como un patrón generalizado"

Así, es preocupante el hecho de que el 30% de los chicos estén de acuerdo en que si una mujer es agredida por su marido, algo habrá hecho ella para provocarlo. Asimismo, resulta chocante que las mujeres, aunque en un porcentaje mucho menor (11%), opinen de la misma manera. “Con este tipo de pensamientos se corre el riesgo de aceptar la sumisión como un patrón generalizado y normalizado tal y como ha pasado en épocas anteriores”, apunta Nuño.

De igual manera, un 25,5% de los chicos opina que si una mujer es maltratada por su compañero y no le abandona será porque no le disgusta del todo esa situación, frente al 16% de las chicas que también lo piensan.

Comportamientos violentos

Tampoco son nada desdeñables los porcentajes de chicos que confiesan haber practicado algunos comportamientos violentos o de chicas que afirman haberlos sufrido. Un 22,4% de ellas afirma que han intentado aislarlas de amistades, casi un 29% reconoce que las controlaban, decidiendo ellos hasta el más mínimo detalle, y un 25% asegura haber sido controlada a través del móvil. Ellos se muestran más cautos a la hora de confesar haber llevado a cabo estas prácticas, no llegando al 20% en ninguno de los casos.

“Las nuevas tecnologías, que facilitan los mecanismos de control, están haciendo que afloren comportamientos sobre el amor de pareja como algo posesivo. Eso supone el riesgo de meterse en relaciones conflictivas y abusivas sin darse cuenta de que lo son por el hecho de que se confunden como muestras de amor y pasión”, argumenta Ianire Estébanez, psicóloga experta en violencia de género en jóvenes.

"En nombre del amor se justifican muchas conductas que son violentas"

Para Rojas, “el control, la posesión y el aislamiento son los primeros signos de que estás dentro de una relación tóxica y dentro de una relación de maltrato”. La psicóloga no duda en tachar a estas conductas de violencia psicológica, la más difícil de detectar. “En nombre del amor se justifican muchas conductas que son violentas. Cuando estás implicada en una relación emocionalmente hay muchas cosas que no ves y es bastante peligroso salir de ella. Para tenerlo contento a él van dejando de ser ellas y su autoestima se ve afectada”, cuenta Rojas, quien tiene claro lo qué es un maltrato por mucha sutilidad que lo disfrace. “Cuando una persona ya no es libre, que ya no hace lo que quiere sino lo que la otra persona quiere, eso es violencia”, sentencia.

El patriarcado de principios del siglo XX basaba la relación entre hombres y mujeres en la dominación de ellos sobre ellas por la pura convicción moral de fuerza versus debilidad. Un siglo después, los jóvenes españoles siguen concibiendo la sensibilidad como rasgo distintivo de la mujer y la autoridad como la insignia del hombre. Un 33,5% de los jóvenes, por ejemplo, creen que los chicos no deben llorar.

Las cualidades masculinas más valoradas tienen que ver con el poder, la fuerza, la valentía o la firmeza. De hecho, casi un 34% de ellos y un 28% de ellas consideran que el hombre que parece agresivo es más atractivo. Por el contrario, las mujeres valoran más la sensibilidad, la capacidad de perdón y la generosidad.

Cualidades de la pareja ideal

Con esas convicciones, no resultan extrañas las diferencias entre las características que hombres y mujeres buscan en sus parejas ideales. La escala de valores, totalmente opuesta para unos y otras, ofrece rasgos tradicionales en cuanto presupone capacidades de mando y dirección en el hombre ideal y capacidades de sumisión y abnegación en la mujer preferida, además del atractivo físico. Mientras que para los jóvenes las cualidades fundamentales en su pareja ideal serían el atractivo físico (24,4%), la simpatía (21,9%) y la sinceridad (19,9%), para ellas la principal cualidad de su pareja debe ser la sinceridad (30%), seguida de la simpatía (19,4%) y la bondad (14,7%).

El 33% de los jóvenes españoles están de acuerdo con la afirmación “está bien que los chicos salgan con muchas chicas pero no al revés”

Tampoco han desaparecido los estereotipos sexistas tradicionales, advirtiéndose en formas diferentes de valorar la conducta de hombres y mujeres en las relaciones de pareja. A pesar de que los comportamientos se han liberalizado enormemente, no han desaparecido del todo ideas tradicionales que ven de manera distinta la libertad sexual masculina y la femenina. Así, el 33% de los chicos adolescentes y jóvenes españoles de 12 a 24 años están de acuerdo con la afirmación “está bien que los chicos salgan con muchas chicas pero no al revés”. Tan sólo un 9% de las chicas opina lo mismo.

“El modelo sexual que aún tenemos en las creencias es el del joven triunfador en el ligue y malote como ganador y esto no ocurre en el caso de las chicas, que son etiquetadas negativamente cuando no cumplen con el papel de romántica. La cultura romántica sigue vendiendo la idea de la pasión, la conflictividad y el reto a conseguir al más difícil como objetivo”, sostiene Estébanez.

Por ello, “visibilizar relaciones de respeto y amor sano, y hacerles protagonistas de películas, series y noticias, también es un reto importante para dejar de creernos cuentos tradicionales y seguir buscando amores de película en nuestras vidas, que nunca llegan como nos vendieron”, afirma.

Para Alberdi, esta es una idea claramente machista. “Parece una creencia más propia de la sociedad española de hace varias décadas que de la actual. Se sigue con la convicción de que mucha actividad sexual favorece al chico y desvaloriza a la chica. Asombra encontrarnos con una juventud que no está liberada de esas ideas tradicionales y desiguales”, confiesa.

La educación como el pilar de la igualdad

En ese sentido, la catedrática ve en la asignatura Educación para la ciudadanía una ocasión perdida. “Era una manera de educación social en democracia y en igualdad. Se podría haber trabajado con las generaciones más jóvenes. No hay un ámbito concreto de que haya que aprender los valores de la igualdad”, lamenta.

Una visión que es compartida por Rojas. “Lo principal es fomentar la igualdad a los niños y niñas. Es mucho más importante en la vida estar educados en igualdad que saber que dos y dos son cuatro", asegura.

Casi un 32% de los chicos considera que “un buen padre debe hacer saber al resto de su familia quién es el que manda”

Pero la educación no es suficiente cuando los estereotipos se reproducen constantemente en los anuncios, el cine, la televisión y las novelas. En ese aspecto, la familia debe “tener cuidado y desmontar todo eso”, alerta Rojas. “Es muy importante que el padre se implique en las tareas de cuidado de los niños y las niñas”, defiende. “Si los niños ven que sus padres también son cuidadores, que sus padres también hacen las tareas del hogar, van a verlo como algo natural. Los niños aprenden por imitación, si los roles en su casa están muy marcados es lo que van a reproducir en su edad adulta”.

Casi un 32% de los chicos sometidos a estudio considera que “un buen padre debe hacer saber al resto de su familia quién es el que manda”.

Diferencias laborales

La investigación también se centra en la cuestión laboral. Los resultados reflejan que el 42% de los hombres y un 47% de las mujeres de 15 a 29 años creen que tener hijos puede ser un freno para la vida laboral de las mujeres, mientras que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres creen que puede ser un obstáculo para la vida del hombre.

“No es que lo piensen, es que lo saben. Ellas simplemente toman nota de lo que sucede a su alrededor. Saben que las oportunidades laborales no son iguales para ellos que para ellas. De hecho, dan mucha importancia a los estudios y la formación porque son conscientes de que es un tema clave para ellas y su futuro. Es clave para todos, pero hay mayor conciencia entre las mujeres porque saben que ellas tienen que demostrar mucho más”, advierte Alberdi.

“Si el permiso de paternidad fuera el mismo para el padre que para la madre, no pasarían estas cosas. Si desde las instituciones públicas lanzan que el cuidado es cosa de la madre, ¿por qué no van a pensar los jóvenes lo mismo?, se pregunta Nuño.

En ese sentido, el estudio da cuenta de que las mujeres dejan el empleo o pasan a un trabajo de tiempo parcial por cuidar a algún familiar con mayor frecuencia que los hombres jóvenes. Un hecho que vuelve a situar a la mujer en el papel histórico de cuidadora que tuvo hasta la democracia.

En términos salariales, el hombre también se sigue imponiendo a la mujer. El estudio refleja que en 2012 las jóvenes ganaban de media 100 euros menos que ellos, siendo el salario medio masculino de 889 euros y de 786 euros el femenino, con similares niveles de preparación y de experiencia.

A juzgar por los resultados y a pesar los avances, en el camino hacia la igualdad la meta sigue estando aún demasido lejos.