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Las mujeres de la fresa Sombras y silencio sobre la situación de las mujeres trabajadoras de la fresa en Huelva

Las denuncias sobre explotación laboral y sexual de las mujeres migrantes que trabajan en la zona solo son respaldadas abiertamente por un sindicato minoritario.

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Trabajadores en un campo de fresas de Palos de la Frontera - EFE/ JULIÁN PÉREZ

El pasado viernes, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) denunciaba la explotación que están sufriendo las trabajadoras migrantes que recolectan las fresas en las plantaciones de Huelva. No lo hacía sólo por las condiciones laborales, que definió como “infrahumanas”, sino también por los abusos y la explotación sexual que, según alerta el sindicato, sufren estas trabajadoras. Por ello pidió a las administraciones y a la Fiscalía que tomen medidas para hacer frente esta situación. “No hay suficiente respuesta por parte de las entidades competentes, ni del Gobierno de España ni de Andalucía. Entendemos que tiene que haber un Instituto de la Mujer en condiciones que defienda a las compañeras, y que no sufran la explotación sexual y laboral que están sufriendo y que no se atreven a denunciar porque necesitan el dinero”, afirma el sindicato.

Se calcula que unas 18.000 mujeres marroquíes trabajan en la recolección de fresa y frutos rojos en los campos de Huelva esta temporada. Mujeres migrantes, contratadas en origen, que no hablan español y que, aparentemente, no acuden a pedir ayuda en caso de sufrir abusos ni a las administraciones públicas, ni a los grandes sindicatos, ni a las ONG que trabajan en la zona. Al menos es lo que se desprende de las distintas fuentes consultadas por este diario, que aseguran no conocer casos como los descritos por el SAT, ni tener constancia de que se produzcan.

La denuncia del SAT llega sólo unos días después de la difusión de un reportaje publicado originalmente en revista digital alemana y en BuzzFeed en distintos idiomas. En él, dos periodistas, una alemana y otra italiana, denuncian los continuos abusos sexuales e incluso violaciones que sufren las mujeres que recogen las fresas. Las periodistas, que afirman haberse entrevistado con decenas de mujeres recolectoras de fresas en los campos onubenses, afirman que los abusos sexuales son constantes y que hay varios casos de violación, aunque sólo uno de los que conocieron finalmente se denunció. Denuncian en su artículo la pasividad de instituciones y organizaciones ante este problema y el manto de silencio que desde diversas organizaciones y administraciones se tiende sobre las condiciones de estas mujeres, principalmente inmigrantes marroquíes, pero también del este de Europa.

Lo que no se ve no existe

Tal vez esta es una buena forma de definir el problema. Pero también podría ser: si no buscas, no encuentras. Ni los productores, ni las organizaciones que trabajan en la zona, ni las administraciones locales reconocen que exista un problema o al menos, afirman no conocer casos o tener datos que corroboren que existen abusos habituales. En Público hemos intentado recabar datos que arrojen indicios sobre este problema, pero ni la Consejería de Igualdad de la Junta de Andalucía, ni la de Justicia o Inmigración afirman conocer el alcance del problema ni tener datos o competencias. Tampoco el Instituto Andaluz de la Mujer en Huelva afirma tener datos estadísticos que corroboren este hecho y explican que no puede comentar sobre datos estadísticos ni si estos varían en los meses de temporada de la recolección. 

El Servicio de Salud de Huelva afirma que tampoco tiene ni recoge los datos sobre un posible incremento en el número de abortos, tal como denunció el reportaje de la revista alemana, o que disponga de cifras sobre el número de mujeres atendidas por posibles agresiones sexuales. "No sabemos de dónde han salido los datos, pero nosotros no los tenemos recogidos", afirma un portavoz. 

Otros, como la ONG Huelva Acoge, afirman no conocer ningún caso de mujeres abusadas o violadas entre las migrantes trabajadoras de las fresas. Su directora, Gladys Mesa, reconoce que su organización realiza visitas a las fincas, “cuando nos lo permiten los dueños de las plantaciones, para hablar con las mujeres sobre sus derechos sanitarios y "para explicarles que nos pueden contactar si tienen algún problema, que nos digan, que nos avisen", afirma Mesa. “Pero no hemos encontrado casos de abusos como los que se describen. Si los hubiéramos detectado les hubiéramos dicho que denuncien. Porque esto no es broma, es un hecho muy grave. No digo que no pueda haber algún caso, pero como lo han enfocado en el reportaje o lo denuncia el SAT, no lo vemos", añade.

“El tiempo en que estas mujeres están aquí es sólo de unos meses y es difícil que te den la confianza para contarte algo. Los que las traen son responsables y tendrán que tener protocolos. Las ONG no tenemos dinero para llegar más allá", añade Mesa, que afirma que le sorprendió el artículo y afirma que a la zona “vienen mucha prensa extranjera para hacer propaganda en contra de los productos de la zona y que no se consuman. Ya nos pasó otra vez con una televisión francesa".

Sin embargo, este periódico se puso en contacto con la periodistas que han desarrollado la información para Conectiv (un medio alternativo de periodismo de investigación alemán) y Buzzfeed. Relatan que se trata de una investigación que ha llevado dos años de trabajo en tres países distintos: Italia, Marruecos y España, y que para la elaboración de la historia en Huelva, estuvieron mes y medio recabando información y contactando con mujeres marroquíes que trabajaban en distintas plantaciones.

Ninguna de las personas contactadas confirma que existan protocolos para asegurar que estos posibles casos de abusos no se produzcan o que existan mecanismos efectivos para denunciar. Existe una unidad especializada de la Guardia Civil que se pasa por las fincas para asegurar que se cumplen las condiciones laborales y de trato, pero varios de los consultados afirman que es muy difícil que una mujer vaya a denunciar un abuso durante estas visitas. Las expertas en violencia de género que trabajan con población particularmente vulnerable recogen una serie de prácticas a la hora de abordar estos temas con las mujeres. Todas pasan por generar empatía y confianza en un ambiente seguro. 

“No nos consta esa situación generalizada. Un hecho puntual no se puede poner como general y no es cierto que miremos hacia otro lado”, afirma el secretario general del sindicato UGT-FICA en la zona, Luciano Gómez. Lo que sí reconocen los sindicatos, es la necesidad de revisar los convenios de estas trabajadoras, porque los sueldos que reciben son de los más bajos de toda Andalucía. 

También lo desmienten los productores y las organizaciones agrarias como ASAJA, UPA o Freshuelva, que junto con los sindicatos Comisiones Obreras y UGT han emitido un comunicado conjunto negando los hechos. De hecho, Freshuelva afirma que no hará declaraciones sobre el tema y remiten a su comunicado. En él afirman no tener "constancia de ninguna denuncia ni procedimiento judicial en curso de unos supuestos abusos sexuales en campos de fresas". En lugar de abrir una investigación, los firmantes advierten de que han puesto las informaciones aparecidas en los últimos días en manos de la Fiscalía, por si considera que son constitutivas de delitos".

Sin embargo, a pesar de estas afirmaciones de los sindicatos mayoritarios, Pastora Cordero Zorrilla, secretaria de Igualdad, Mujer y Empleo de la Federación de Industrias de CCOO, afirma en un artículo publicado en Trabajadora de marzo del año pasado, que las mujeres "viven durante meses en barracas colectivas, haciéndolas invisibles a ellas y a su trabajo, lo que facilita que se produzcan
hostigamientos, en ocasiones acoso moral y sexual e incluso abusos de poder
, convirtiendo un supuesto 'trabajo 'decente' en una trampa".

"Todo el mundo ha oído hablar sobre los abusos, pero nadie habla, la fresa es el fruto que mueve agrícolamente la provincia. Pero la realidad es que los abusos
abundan por los campos onubenses y las víctimas son las temporeras de la campaña de la fresa, que no denuncian por el miedo a ser despedidas", afirma Cordero.

Muchos resaltan que es difícil que instituciones, organismos y sindicatos en la zona hablen de este problema. Según algunas de las fuentes consultadas por Público, el conocido como 'Oro rojo' mueve más de 300 millones de euros al año y las huertas onubenses produce el 95% de las 300.000 toneladas que se recolectan al año.

Mujeres vulnerables

¿Por qué se contrata a mujeres? Según los empresarios de la fresa, porque son perfectas para este trabajo. “Genéricamente se adaptan mejor a estas labores que los hombres, tienen las manos más sensibles y la recolección es mejor. También por su anatomía las mujeres resisten más tiempo en la posición agachada que requiere el trabajo”, afirma José Manuel Romero, dueño de una de las fincas y exdirectivo de Freshuelva. Cuando consultamos con otras fuentes sobre este extremo —como sindicatos u ONG—, se limitan a afirmar que los productores las prefieren para este trabajo.

Se trata, según varias fuentes consultadas, de una población altamente vulnerable y empobrecida, proveniente principalmente de las zonas agrícolas de Marruecos donde no hay trabajo, y estas contrataciones pueden suponer su única fuente de ingresos durante todo el año. Son también, las peor pagadas en los campos andaluces. Según convenio, estas trabajadoras ganan por jornada de trabajo unos 38 euros netos por una jornada de entre seis y media o siete horas en los campos, en condiciones duras bajo los plásticos. Esto supone, según los sindicatos, unos diez euros menos que lo que cobran otros trabajadores agrícolas en Andalucía, y más si se lo compara con la recogida de la aceituna, donde, según el SAT, los sueldos mínimos están por encima de los 50 euros la jornada.

Las pocas personas que hablan abiertamente de la existencia de problemas de abusos o violaciones de esta población lo hacen en condición de anonimato. "No encontrarás ninguna respuesta sobre este tema por parte de instituciones públicas porque se está promoviendo la contratación en origen y no se van a manifestar", afirma una experta.

Otra afirma que "este tema no es nuevo, ni es la primera vez que sale a la luz". Ya un informe de la Universidad de Huelva titulado "Las mujeres migrantes, la trata de seres humanos confines de explotación sexual Huelva" indagaba sobre el tema. Está realizado junto con la organización Mujeres en zona de conflicto, que también ha denegado manifestarse sobre el tema en este momento.

"Lo que hay que tener en cuenta es que se trata campesinas, traídas a un país del que desconocen su idioma. Además viven dentro de una finca privada en la que trabajan y tienen su alojamiento, sin medios de transporte para moverse a la ciudad. Además les cuesta mucho hablar porque viven de la fresa o de los cítricos y esa es su única forma de ingresos para mantener a la familia que han dejado en Marruecos", comentan. 

Si bien los empresarios del sector manifiestan que las condiciones son claras o que las mujeres reciben información puntual en su propio idioma, algunos, como el sindicato minoritario SAT o la organización Asnuci, denuncian las duras condiciones que tienen que sufrir, la falta de materiales adecuados del que disponen las trabajadoras para realizar sus labores y los castigos que sufren, que van desde descontarles número de cajas para penalizar su trabajo, hasta amenazas de no dejarlas trabajar si se niegan a favores sexuales.