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Barcelona Las Ramblas intentan volver a la normalidad

Tras el ataque de ayer, los comerciantes calculan daños, los medios invaden la calle y empiezan los primeros homenajes ciudadanos.

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Aspecto que presenta esta mañana del viernes las Ramblas de Barcelona tras el atentado. EFE/Quique Garcia

Nueve de cada diez personas que pasan por las Ramblas son turistas. También hoy, pero tristes, pendientes de sus teléfonos y rodeados de policía y medios de todo el mundo. Algunos de los puestos intentan reabrir pero la mayoría de tiendas y restaurantes aún no han levantado la persiana. Sobre el mosaico de Joan Miró ha comenzado a levantarse un altar con velas y un mensaje: "Catalunya, lugar de paz".

Alberto Castro tiene su kiosco al lado de plaza Catalunya. La furgoneta hirió a uno de sus trabajadores mientras otro intentó reanimar a una mujer que murió en sus manos. "Llevo 45 años en las Ramblas y he visto muchas cosas, pero nada como esto". Con lágrimas en los ojos lamenta el destrozo que este ataque supone para la ciudad. La furgoneta ser llevó por delante también sus 9 expositores "llenitos de género".

Pablo López Buñuel es recepcionista del hotel Internacional Cool Ramblas, en el número 78, justo delante del lugar donde la furgoneta paró. Estaba mirando la calle mientras tomaba un café en la primera planta del hotel cuando de repente vio "decenas de personas corriendo, sangre por todas partes y un padre con su bebé mirando el cuerpo de su mujer muerta en el suelo". No ha podido dormir y sigue trabajando desde ayer a las 11 de la mañana. "Cada vez que cojo un café vuelvo a ver la misma imagen en mi cabeza".

El kiosco de periódicos y souvenirs de las Ramblas a pocos metros del final del recorrido mortal de la furgoneta está intentando volver a la normalidad. Uno de los trabajadores del turno de mañana que no estaba presente ayer cuenta que sus compañeros se salvaron porque estaban dentro del kiosco. "Probablemente el recorrido terminó aquí porque se estampó contra nuestros mostradores".

Unos metros más arriba intenta abrir sus tres puestos de flores José Moya. Ayer vio la furgoneta pasar a toda velocidad: "vi gente volando y solo recuerdo a la guardia urbana corriendo detrás del vehículo porque no podían hacer otra cosa". Su hijo acababa de marcharse Rambla abajo para ir al médico. Tras segundos de pánico pudo localizarlo.

Al principio de la calle, Esteban estaba pidiendo dinero. "Decidí correr en la dirección contraria", relata. Las Ramblas están ahora llenas de periodistas de medios internacionales cubriendo la noticia. A las 12h habrá un minuto de silencio en plaza Catalunya.