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El 'despido amistoso' preocupa en Francia

Estas prácticas han costado 1.300 millones a las arcas públicas francesas en 2010

 

ANDRÉS PÉREZ

Nicolas Sarkozy promovió en 2008 la instauración de una nueva fórmula de "ruptura de contrato laboral", que, según él, debía ser "flexible". Pese al ímpetu ultraliberal que entonces portaba como estandarte, el dirigente francés tuvo que negociar con los sindicatos y al final lo que se creó por ley fue otra fórmula de despido indemnizado, más favorable a los asalariados que las anteriores. Tanto que Francia ha descubierto estos días el auge vertiginoso de estos "despidos amistosos", y su utilización como "prejubilación encubierta" tanto por empresas como por trabajadores veteranos.

Se ha convertido en la segunda causa de ruptura de contratos

Un total de 455.000 "rupturas amistosas de contrato", también llamados "rupturas convencionales" e incluso "despidos amistosos", se han firmado en Francia desde la instauración de la medida en agosto de 2008.

Según los últimos datos consolidados de la dirección de estadísticas laborales francesas (Dares), el "despido amistoso" es ya toda una estrella del derecho laboral. En el primer trimestre de 2010, estas "rupturas convencionales" de la relación laboral representaron el 11% del total de contratos finiquitados, por delante del "despido económico" (equivalente a despidos por ERE en España), que eran un 9% del total. Los despidos objetivos por causas individuales son el 21% del total. Hay que destacar que en Francia, la principal razón de la extinción del contrato laboral es la dimisión, que representa un 59% de los finiquitos.

Eso quiere decir que el "despido amistoso" se ha convertido ya en la segunda fórmula de despido preferida por los empresarios. En torno a un 26% de los despidos, son de este nuevo tipo "amistoso" y, parafraseando a Sarkozy, "moderno".

Conociendo a este país, el que las empresas lo utilicen tan ampliamente y que no haya conflictos sindicales sólo significa que a los empleados también les conviene.

Un proverbio francés dice que "el diablo se oculta en los detallitos"; una frase que se puede aplicar también a estas extinciones de contratos. Esos detallitos son, por un lado, que el asalariado despedido amistosamente firma un papel por el que renuncia a todo recurso en tribunales, como quería Sarkozy. Pero, a cambio, obtiene derecho pleno a su subsidio de desempleo, con la garantía de poder enlazar con los dispositivos públicos de prejubilación. Además, obtiene una indemnización de despido que es, forzosamente, por ley, como mínimo la que habría recibido por despido económico, y libre de impuestos.

El segundo diablillo de los detalles está en las estadísticas por edades. El "despido amistoso" es particularmente frecuente a partir de los 55 años de edad; uno de cada cinco nuevos quincuagenarios inscritos en las listas de desempleo llegan al subsidio de paro precisamente después de uno de esos despidos y en su mayoría procedentes de pymes.

Los sindicatos han disparado la alerta sobre este último punto, y ya lograron la celebración de una reunión con el Gobierno sobre este asunto. Es fácil deducir lo que está pasando: las pymes estarían utilizando masivamente el "despido amistoso" para llegar a acuerdos y evitar tribunales con los ejecutivos que quieren enviar a la prejubilación. Esto hace pesar sobre las prestaciones de desempleo lo que normalmente debería pesar sobre las empresas o sobre las cajas de pensiones y los sindicatos empiezan a señalar que no están de acuerdo.

Según el principal sindicato francés, la CGT, los subsidios de desempleo de los parados causados por el "despido amistoso" costaron 1.300 millones de euros en 2010.

 

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