Este artículo se publicó hace 18 años.
Cómo echar la culpa a un muerto

La primera jornada del juicio del caso Saqueo, que sienta desde ayer en el banquillo de la Audiencia Nacional a Juan Antonio Roca y a otras cinco personas acusadas del desvío de más de 36 millones de euros de las arcas del Ayuntamiento de Marbella entre 1991 y 1995, sirvió para vislumbrar cuáles van a ser los argumentos de las defensas: alegar ignorancia y echarle la culpa a un imputado ya fallecido.
Uno de ellos, Eduardo Gonzálvez, se esforzó ayer en minimizar su papel hasta presentarse como "el último de la fila", un simple dependiente de tienda de electrodomésticos que consiguió su puesto en las empresas de la trama gracias a que había adquirido ciertos conocimientos de contabilidad leyendo libros. Él era, recalcó, el encargado de anotar las facturas que le entregaban otros y que nunca cuestionaba. Cuando la fiscal Belén Suárez le acorrolaba con sus preguntas, Gonzálvez culpaba de todo a José Luis Jiménez, el gerente de las empresas municipales que falleció en 2005, al que aseguró tener miedo.
Gonzálvez sí reconoció haber ingresado importantes cantidades de dinero del erario municipal en la cuenta de otra de las acusadas, Purificación Notario, esposa precisamente de Jiménez, pero se justificó presentándose como un simple mandado. "Era un mero porteador", aseguró después de recalcar que le habían dicho que el objetivo del trasvase millonario era evitar que se perdiera "el dinero de los sueldos de los empleados" si se producía un embargo. La viuda también apuntó al muerto, al negar que ella hubiera abierto ninguna cuenta e insinuar que era cosa de su marido.
La misma estrategia siguió Manuel Jorge Castel, hombre de confianza del también fallecido Jesús Gil y a quien la Fiscalía considera la persona de la trama que "dio cobertura a la distracción de los fondos municipales". Castel se presentó como un simple asesor fiscal que ni sabía ni preguntaba de dónde venían las cifras que manejaban las empresas supuestamente utilizadas para vaciar las arcas del Ayuntamiento. Él, aseguró, se limitaba al "asesoramiento fiscal".
Falta de memoria
Castel se amparó en varias ocasiones en el tiempo transcurrido para "no recordar" los detalles de las anotaciones de su dietario, una de las principales pruebas de cargo contra él. Un dietario repletos de fechas, nombres y referencias a "saldo A y B", que él despachó asegurando que no se referían a una segunda contabilidad con dinero negro, sino simplemente a las abreviaturas de balance, banco y ayuntamiento.
Mientras tanto, el principal acusado de la trama, Juan Antonio Roca, tomaba notas y consultaba documentos que extraía de un maletín oscuro. Su nombre, por ahora, sólo se ha mencionado en un par de ocasiones y siempre de modo muy secundario.
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