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Gabriel, el joven que perdió un testículo el 22-M: "No me arrepiento, seguiré yendo a las manifestaciones"

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Gabriel Ruiz se desplazó el pasado sábado hasta Madrid para participar en la manifestación del 22-M, las Marchas de la Dignidad, pero aunque han pasado ya cuatro días desde la protesta, no ha podido regresar a su pueblo, Aguilar de Capoo, en la provincia de Palencia. Actualmente se encuentra ingresado en el Hospital Gregorio Marañón, donde se recupera del impacto de una pelota de goma disparada por los antidisturbios durante la batalla campal que tuvo lugar tras la multitudinaria manifestación.

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No son extraños los casos en los que  un manifestante pierde un ojo a consecuencia de este material antidisturbios pero, en esta ocasión, Gabriel, ,de 23 años ha perdido el testículo izquierdo. Desde el hospital, el joven explica a Público, entre cansancio y humor, que se encuentra bien "de salud y de ánimo", mientras espera una ecografía para conocer el estado del testículo derecho, que también está afectado por la contusión del pelotazo, afirma el joven, que agradece la atención y el trato tanto del personal del Samur como el del hospital.

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"Yo no estaba donde comenzó todo", recuerda Gabriel, quien asegura que de repente se vio envuelto en una carga policial a la altura del Paseo de Recoletos. "Veía a padres corriendo con el carrito del niño, a gente de todas las edades huyendo de las cargas. No sé cómo comenzó todo pero yo no participé en los disturbios, simplemente me defendí de del ataque de la Policía", matiza.

"No vi que la pelota rebotase en el suelo, sino que me dio directamente" "Los bomberos ayudaron a parar la carga policial con el camión", explica. Fue entonces cuando la pelota le golpeó: "No vi que la pelota rebotase en el suelo [como indica el reglamento], sino que me dio directamente, salió lanzada desde un grupo de policías que avanzaba hacia los manifestante en Recoletos", critica. El dolor que sintió es difícil de describir, aunque finalmente, lo intenta de una forma muy gráfica: "Multiplica por un millón una patada ahí y te puedes hacer una idea de lo que duele".

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Sin embargo, Gabriel no perdió el conocimiento en ningún momento. "Me recogió un compañero de las marchas y me acercó hasta Cibeles, a una ambulancia. Después me llevaron a l puesto sanitario que se había desplegado en Atocha y, de allí, al Gregorio Marañón de urgencias por impacto de pelota de goma en los testículos. Me llevan a quirófano, me hicieron una ecografía  y vieron los daños. Entonces me llevan al quirófano para extirparme el testículo", enumera.

Un policía dispara una pelota de goma contra los manifestantes durante el 22-M. -JAIRO VARGAS

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"No me arrepiento de estar allí y volveré a manifestarme cuando me recupere" Pese a la lesión, este joven asegura que no dejará de ir a las manifestaciones. "No me arrepiento de estar allí y volveré a ir más en cuanto me recupere, aunque con más cuidado", afirma, consciente de la "mucha suerte" que ha tenido. Además, dice, emprenderá acciones legales cuando reciba el alta médica, ya que las pelotas de goma son una auténtica lotería capaz de matar a una persona. Eso quedó patente en Bilbao hace ahora dos años, cuando Íñigo Cabacas, de 28, caía fulminado por el impacto de este artefacto en la cabeza durante una partido de fútbol. "Es algo antihumano, una burrada, deberían ser ilegales y, además, no se utilizan correctamente porque son disuasorias. Tienen que apuntar al suelo para que reboten hacia arriba y no lanzarlas directamente sobre las personas, como en mi caso", critica Gabriel.

Él es un ejemplo más de los efectos que pueden producir las pelotas de goma,  un arma "imprevisible", según informes de la propia Policía, algo que ha llevado a la Generalitat de Catalunya -junto a casos como el de Ester Quintana, entre muchos otros, que perdió un ojo por un pelotazo en Barcelona durante la huelga general del 14-N de 2012- a prohibir su uso y sustituirlas por otra arma "más precisa", según los Mossos d'Escuadra. Al menos en su nombre: "lanzadoras de precisión".

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