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Leyenda urbana

SEBASTIÀ ALZAMORA

La edición de este año (la sexta, ya) del barcelonés Festival In-Edit Beefeater de Cine Documental Musical tuvo un arranque de lujo con el estreno de Loquillo. Leyenda urbana, la magnífica película que el director Carles Prats ha realizado sobre la vida, obra y milagros del mítico rockero que no nació en los USA sino en el Clot (de Barcelona, también). Si últimamente los documentales sobre el rock viven una especie de época dorada en Hollywood –con películas de Scorsese, Jim Jarmusch, Jonathan Demme, Julien Temple y, ahora, Meter Bogdanovich–, aquí tenemos a Carles Prats con esta Leyenda urbana que, sin exagerar, puede mirarles a todos ellos a los ojos con la cabeza bien alta.

Prats (autor de otros documentales de primera, como Llámale Jess, sobre el gran Jess Franco, Sergio Leone. Cinema, cinema o Él. Buñuel visto por sus colaboradores, y que en su momento dirigió el primer videoclip de Loquillo y los Trogloditas, Barcelona ciudad) ha planteado el filme como un vehículo al servicio de su protagonista, como es lógico, pero no como una hagiografía: consigue que se vea a Loquillo relajado y a gusto, hasta el punto –difícil tratándose de quien se trata– que el personaje desaparezca para dejar hablar a la persona.

En todas sus intervenciones, José María Sanz, el Loco, transmite una confortable sensación de sinceridad y calidez, y no duda en abordar cuestiones o historias en las que no siempre queda bien parado, lo cual es muy de agradecer. Una serie de ilustres invitados (Andrés Calamaro, Jaime Urrutia, o Jaime Stinus, entre otros, entre los que no podía faltar Sabino Méndez) completan y amplían lo que termina siendo no sólo una biografía de Loquillo, sino el retrato grupal de toda una generación de músicos. (Las intervenciones de Calamaro, por cierto, son impagables).

Para los que ya empezamos a peinar canas –o calvas– pero hemos crecido al ritmo del garaje de las canciones de Loquillo y los Troglos y no podemos evitar que se nos vaya la pierna al oír los primeros compases de La mataré, o emocionarnos con Cadillac solitario, El rompeolas o Rock’n’roll Star, Leyenda urbana es una película indispensable, en la que tenemos ocasión de reírnos, de ponernos nostálgicos o de emocionarnos sinceramente. Si están ustedes hoy en Barcelona, todavía pueden verla en una sesión del In-Edit (cine Aribau Club, a las 20’15); si no, dentro de un mes más o menos Cameo la publicará en DVD, en presentación de lujo y con más de una hora de extras. En fin, no sé si se ha notado, pero yo al menos salí del cine entusiasmado. Uh-uh, uh-uh, uh-uh neenaaa, voy a ser una…

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